Es una de las
economías más grandes del mundo. El Reino Unido de Gran Bretaña, comprendido
por Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte, es uno de los estados más
desarrollados del mundo, con una larga tradición en cuanto a la innovación, el
comercio y la generación de oportunidades de negocios. Es una de las
principales economías europeas, pero no obstante se ha posicionado fuera de la
zona euro, confiando en su propia moneda, su posicionamiento en los mercados
internacionales y su solvencia interna.
El sistema
financiero británico es muy sólido. Genera mucha confianza a los inversionistas
para cualquier tipo de transacción. En este contexto, la Bolsa de Londres es la
segunda más importante del mundo y una de las más representativas por historia
y tradición. Este centro de operaciones de valores es una referencia obligada
cuando se habla de inversiones y transacciones, no sólo para los británicos
sino para las empresas internacionales que buscan posicionarse en un mundo
competitivo. Todo esto enmarcado en la confianza, la seguridad y la
credibilidad en las instituciones británicas.
La conformación
de la riqueza británica es un ejemplo de la tendencia mundial en materia de
producción de riqueza: la mayoría de la actividad se concentra en el sector de
servicios -que depende de alta calidad de formación de los recursos humanos-,
le sigue el sector manufacturero y en último lugar aparece la producción
primaria, con apenas el 1% del Producto Interno Bruto (PIB). De esta manera,
son los servicios, el comercio, la invención y todo lo que se produzca sobre la
base del conocimiento los que indican el rumbo de la generación de ingresos,
empleos y oportunidades. La bolsa de valores, las casas de cambio, las
compañías de seguro y las promotoras de inversiones son fundamentales para el
movimiento de capitales y para posicionar a Londres como un destino atractivo
para todo aquel que quiera invertir en el mercado de valores.
Algo llamativo
es que el Reino Unido, que produce petróleo, gas y energía nuclear, es
considerado como uno de los estados más contaminantes por el uso de
combustibles fósiles, pero ha iniciado un proceso rápido de disminución de la
dependencia de combustibles contaminantes y está apostando a las energías
renovables. Reino Unido es hoy uno de los líderes en el impulso de la
"revolución de la energía verde". De acuerdo a los datos presentados
por el primer ministro, David Cameron, entre abril de 2011 y febrero de 2012 se
habían invertido 4.700 millones de libras, en tanto se generaron 15.000 puestos
de trabajo en el sector de las energías renovables. Hay una fuerte promoción a
la inversión en diversas formas de producción de energía no contaminante, con
lo que están atrayendo el interés de empresas internacionales.
Sin embargo, los
británicos no escapan al malestar generalizado y contagioso de una Europa con
problemas de deudas y crecimiento. Por segundo trimestre consecutivo, la
economía británica se contrajo, de manera que ahora ya se encuentra en
recesión. Hace 40 años que esto no le sucedía al Reino Unido, por lo que ahora
deben tomar medidas anticrisis para minimizar los efectos negativos del
malestar europeo e intentar recuperar rápidamente la senda del crecimiento.
Sin dudas, los
modelos europeos tradicionales tienen mucho que enseñar. Hay factores que
siempre prevalecen y son fundamentales en cada transición económica, como la
confianza, la capacitación, la seguridad y la solvencia de las instituciones.
Esto implica que siempre hay cambios pero sobre la base de estructuras sólidas de
pensamiento y orden social.
La planificación
de las economías es algo que todavía no hemos terminado de asimilar los
latinoamericanos, que vemos giros radicales cada vez que hay un cambio de
administración en el poder. Nuestras economías latinoamericanas son muy
dependientes de factores externos, de coyunturas políticas y de ciclos
climáticos, pero en el fondo no tienen estabilidad ni dinamismo propio
suficientes para generar el desarrollo que tanto necesitamos. Nos falta
consolidar estrategias con visión de futuro, con una planificación económica
minuciosa y contar con los elementos que nos permitirán llegar a buen puerto:
confianza, orden, seguridad, capacitación y trabajo.