Cuando vine a Suecia tenía la imagen predeterminada de un país
socialdemócrata, justo, rico en recursos naturales y humanos, ecológico,
equitativo y generoso. A lo largo de los casi seis años que llevo en este país
mi visión idealizada se ha ido transformando hasta llegar a una concepción más
realista y actual. Algunas ideas que tenía sobre él permanecen intactas, como
la creencia en este paisaje, en su naturaleza y recursos, y en la honestidad y
rectitud de su gente. Otras ideas predeterminadas, como las de igualdad y
justicia, se han ido diluyendo con la experiencia.
Mi primera imagen de Suecia es la de vagabundos y emigrantes buscando latas
y botellas de plástico en las papeleras o en los parques. En mi completo
desconocimiento del país, supuse que eran limpiadores contratados por el
ayuntamiento para mantener limpias las ciudades. Hasta que alguien me dijo que
era un medio de subsistencia para muchas personas sin recursos.
Existen máquinas de reciclaje en los supermercados donde la gente lleva
latas de refrescos o cervezas y botellas de plástico. Por cada lata la máquina
te da una corona, por cada botella grande, dos. Una vez has terminado de depositar
la mercancía que llevas, la máquina te da un vale con la cantidad de dinero que
has conseguido. Para muchos vagabundos y emigrantes es la única manera de
conseguir comida a lo largo del día. Una vez en el supermercado canjearán el
vale por los productos básicos de subsistencia. En invierno muchos vagabundos
se refugian en esa sala de reciclaje escapando del frío y de la soledad
nórdica, que es, por así decirlo, otro tipo de soledad más terrorífica si cabe.
Según cifras del National Board of Health and Welfare (Socialstyrelsen o
autoridad de Servicios Sociales y Servicio de Salud público sueco), el número
de vagabundos o personas excluídas del mercado regular de vivienda en Suecia en
el año 2011 era de 34.000 personas. 4 500 personas se enfrentaban a problemas
de emergencia a corto plazo como desahucios o desalojos inminentes. 280
personas vivían en la calle. El resto estaba bajo la tutela municipal u otro
tipo de ayuda en soluciones habitacionales temporales. 400 niños y adolescentes
menores de 18 años se encontraban en riesgo de acabar en la calle.
Actualmente el principal problema para acceder a una vivienda es la falta
de trabajo y por consiguiente, la falta de ingresos. Un porcentaje pequeño de
esos vagabundos tenían problemas de abuso de sustancias o sufrían problemas
mentales, contradiciendo el hecho de que la mayoría de los sin techo lo son por
problemas asociados a dependencia de sustancias o falta de cuidado
psiquiátrico. El 34% de todos esas personas que sufrían la falta de techo eran
inmigrantes, un tercio de ellos de origen europeo.La crisis en Europa está
empujando a muchos jóvenes a emigrar a la desesperada, sin contar con que el
mercado de trabajo en los países nórdicos es altamente especializado y de
difícil acceso si no se habla alguna lengua escandinava.
Así que
la próxima vez que visiten Suecia o cualquier otro país nórdico de vacaciones
fíjense que las calles están limpias no sólo por la labor de limpieza municipal
o el civismo de la gente, sino también por la labor silenciosa de esos vagabundos
cuya recogida de latas les garantiza la subsistencia diaria. Incluso puede que
alguno de los que vieran buscando en las papeleras podría ser un compatriota.