Famoso
por su estado de bienestar moderno y próspero, por sus niveles de confianza y
por la alta calidad de vida de sus habitantes, Dinamarca es uno de esos países
que llaman la atención por sus logros sociales. Siguiendo el modelo escandinavo
de protecciones sociales, garantiza el acceso de la sociedad a los sistemas
educativos y de salud como parte del compromiso que tiene el Estado con los
ciudadanos que aportan su riqueza para el funcionamiento del país.
Contrariamente
a la división territorial en 407 islas, los daneses están unidos en la búsqueda
de resultados que les permitan mejorar sus condiciones de vida. Poseen los niveles
de confianza más elevados del mundo, su sistema de transparencia política
garantiza claridad en las cuentas públicas, la educación es gratuita y
competitiva, al igual que los sistemas de salud, que son eficientes y sin costo
para los ciudadanos. Los resultados de una sociedad organizada y planificada se
notan cuando los informes internacionales ubican a Dinamarca como uno de los
países con menor corrupción a nivel mundial, en tanto sus trabajadores tienen
los mejores salarios del planeta.
La
economía danesa se basa en la competitividad que resulta de la educación de los
ciudadanos y no sólo es sólida sino que apunta a la innovación con miras a
sacarle provecho a la globalización. Con un mercado laboral flexible, que
promueve la contratación profesional rápida, con mano de obra competitiva y un
contexto de estado de bienestar, las tasas de desempleo son muy bajas. A esto
debemos sumarle un clima de negocios ideal para la radicación de inversiones,
seguridad y mucha confianza para los emprendimientos.
Junto
con países como Noruega y Suecia, Dinamarca comparte una política de pagar
impuestos en porcentajes elevados, en la seguridad de que ello redundará en
beneficio de todos. Un hecho curioso fue el que se produjo hace cinco años,
cuando el gobierno danés anunció un recorte de impuestos: los ciudadanos
reaccionaron con protestas y huelgas, pues para ellos una reducción de los
impuestos equivalía a desatender las inversiones necesarias en educación, salud
y en el estado de bienestar. Como hay transparencia y eficiencia en el gasto
público, cada porcentaje de impuesto termina siendo un aporte fundamental para
el mantenimiento del bienestar de la sociedad.
Sin
embargo, pese a gozar de una economía sólida y de una elevada calidad de vida,
los daneses son conscientes de que necesitan renovarse y reinventarse para
mantener los beneficios obtenidos. Aunque aparecen periódicamente en los
mejores lugares del ranking mundial de competitividad, saben que si no mejoran
su sistema educativo terminarán perdiendo capacidad para competir en un mundo
globalizado, lo que se reflejará en malos indicadores para la economía.
La
necesidad de posicionarse en el concierto de la competencia de las naciones
llevó a los daneses a crear un Consejo de la Globalización, mediante el cual
buscan soluciones anticipadas a muchos aspectos centrales de la vida: mejorar
la educación, la investigación científica y la tecnología; lograr un
crecimiento económico sostenido, mantener la cohesión social y tender a la
igualdad en cuanto a ingresos y oportunidades.
En
América Latina tenemos mucho que aprender de los daneses: desde transparentar
el gasto público y hacer eficiente la inversión educativa, hasta recuperar la
confianza como elemento central del funcionamiento de la economía. Nos falta aprender
a adelantarnos a los tiempos y anticipar las necesidades. Y esto solo lo
podremos lograr en la medida en que valoremos a los que saben y comencemos a
planificar el país que queremos. Menos informalidad, más confianza y más
inversión con miras al futuro: con un camino planificado podemos seguir el
ejemplo danés y buscar la cosecha de resultados que hoy parecen demasiado
lejanos.