Milei, comitiva, hotel de lujo, Adorni y su esposa en Nueva York.
La prensa crítica, la anuente, la oficialista, los partidarios e incluso los llamados ensobrados —cada uno con distintos argumentos—, algunos salvando en parte a Milei y a su hermana y otros culpándolos directamente, terminaron destrozando al Jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
Más de 1,5 millones de menciones en redes, según consultoras. De ellas, 9 de cada 10 negativas.
Un análisis con inteligencia artificial fue más allá: más del 50% de las críticas provienen de votantes o partidarios libertarios.
No vamos a detenernos en detalles que medios y redes ya expusieron de sobra.
Pero que la esposa de Adorni vuele en el avión presidencial —aunque no sume costo directo—, se aloje en el mismo hotel de la comitiva presidencial y comparta actividades y servicios de alto costo y lujo, mientras al menos el 70% de la sociedad atraviesa serias dificultades económicas, es algo que inevitablemente genera indignación.
La morosidad de las familias pasó de 2,9% a más del 9%, y muchas entidades financieras ya consideran esos créditos incobrables.
Hoy la escasa oferta laboral publicada ofrece salarios entre 600.000 y 1 millón de pesos, mientras que la propia pirámide social del INDEC indica que una familia es considerada pobre con ingresos inferiores a 1,2 millones.
Más allá de cualquier interpretación política, el hecho —además de parecer un acto de casta— resulta obsceno desde un punto de vista ético.
Hoy también se volvió viral otra historia.
Maestras de primaria notaban que muchos chicos llegaban nerviosos y agresivos durante la primera hora de clase. Pero luego del desayuno escolar su actitud cambiaba.
Una de ellas logró hablar con una niña que lloraba en el baño.
La niña dijo algo simple y devastador:
“No comí nada desde la merienda del colegio ayer.”
La escuela cambió entonces su estrategia: el desayuno ahora se da apenas los niños llegan.
Un solo desayuno en el hotel de lujo de Nueva York donde se alojó la comitiva presidencial —por ejemplo el desayuno de la esposa de Adorni— probablemente le costó al Estado argentino lo mismo que el desayuno de todos los niños de una escuela pública.
Milei siempre dijo que la justicia social es una basura y una forma de corrupción de la política.
Pero que alguien sostenga esa idea no convierte en aceptable ni moral una injusticia social tan obscena.
Y criticaban a la casta política.
Más allá del caso puntual de Adorni, el lujo del viaje y la presencia de su esposa, empiezan a aparecer cada vez más episodios similares: vuelos privados, viajes de lujo, compras en el exterior.
Incluso una ex compañera libertaria —antes periodista económica y hoy diputada— lo acusó públicamente de que:
“Antes de ser funcionario no tenía ni para pagar un café y ahora compra en Prada en Nueva York.”
Pero más allá de la anécdota personal, hay una cuestión institucional mucho más importante.
Su cargo.
Adorni es Jefe de Gabinete de Ministros.
¿Cuál es la función de un Jefe de Gabinete?
Según la Constitución Nacional:
Coordinación del gabinete Organiza y convoca reuniones para garantizar coherencia entre los ministerios.
Administración general Asiste al presidente en la conducción política y administrativa del país.
Rendición de cuentas ante el Congreso Presenta informes mensuales sobre la marcha del gobierno.
Facultades administrativas Dicta reglamentos y actos administrativos delegados por el presidente.
Relaciones institucionales Coordina la relación del Poder Ejecutivo con el Congreso y las provincias.
Entonces surge la pregunta inevitable:
¿Qué hacía el Jefe de Gabinete argentino pasando un verano argentino en Nueva York?
¿Cuántos diputados, senadores, gobernadores o ministros —salvo el de Economía— estaban allí?
El Congreso argentino sigue estando en Argentina.
Si su función es esencialmente interna, ¿qué función institucional cumplía en el exterior?
Fue de adorno Adorni?
¿Y su esposa?
¿O fue —como se animaron a justificar algunos periodistas— para sostenerlo emocionalmente ante la presión del cargo?
Un Jefe de Gabinete que debe gestionar la administración del país… ¿puede “deslomarse”, como dijo el propio Adorni en una entrevista, en una casi primavera neoyorquina?
Que Carlos Pagni exponga al poder no sorprende demasiado. Lo hizo con todos los gobiernos y suele tener buena información.
Pero que el resto de LN+, una señal que muchas veces defendió lo indefendible de Milei (y antes de Macri), ahora se transforme en fuego amigo, revela que detrás de esta historia hay también movimientos políticos.
¿Impulso del macrismo?
¿Una forma de debilitar al candidato de Milei para la Ciudad de Buenos Aires, el último bastión del PRO de cara a 2027?
Confirmarlo hoy es imposible.
Pero la política siempre termina contándolo sola.
Mientras tanto, el presidente —experto en crecimiento económico “con o sin dinero”— no logró crecimiento genuino ni con dinero ni sin él.
Ni con los dólares de Vaca Muerta, ni con la minería, ni con el agro, ni con el FMI, ni con el Tesoro de Estados Unidos, ni con las cerealeras que adelantaron divisas.
Se vendieron algunos indicadores alentadores, sí.
Pero gran parte de ese “crecimiento” corresponde al sector corporativo o a la intermediación financiera, favorecida por las desregulaciones de Federico Sturzenegger, lo cual poco tiene que ver con crecimiento productivo real.
La realidad es otra.
Más allá de empresas emblemáticas como FATE o Verónica, durante la era Milei cerraron más de 22.000 empresas.
Eso equivale a:
* 30 empresas por día
* más de una por hora
Y a más de 300 nuevos desocupados diarios en el sector formal.
En total, 270.000 empleos registrados perdidos en poco más de dos años.
Milei probablemente dirá que no se cuentan los nuevos empleos.
Pero muchos de ellos se reducen a pedalear haciendo entregas o manejar para plataformas, sin derechos laborales y durante más de 10 horas al día.
El modelo ya explotó tres veces por falta de dólares, y en todas fue sostenido con miles de millones que no provinieron de intercambio comercial genuino, sino de deuda.
El riesgo país sigue siendo el principal obstáculo para colocar deuda soberana, aunque Luis “Toto” Caputo insista en que lo logrará.
La caída de la actividad interna también desalienta inversiones.
No importa cuántas regulaciones se eliminen o cuántas reformas laborales se promuevan: sin demanda no hay inversión.
Tampoco es sostenible bajar la inflación:
* derrumbando el poder adquisitivo
* pisando salarios
* atrasando el dólar
* sosteniendo tasas altísimas.
*
Lo único que baja precios de forma real es la competencia, y para eso se necesita inversión productiva, fortalecer pymes y obligar a las grandes corporaciones a competir.
Tampoco funcionó el intento de reactivar la economía vía crédito.
Con tasas en pesos que duplican o triplican la inflación:
* se encarece el costo financiero
* se trasladan esos costos a precios
* se vuelve inviable invertir.
*
En ese contexto, rinde más especular con dinero que producir bienes o servicios.
En medio de este escenario apareció otra novedad.
Caputo anunció la incorporación de un nuevo asesor económico: el economista uruguayo Ernesto Talvi.
Talvi se define como “liberal progresista”, fue senador y canciller en Uruguay y estudió en la escuela de negocios de Chicago.
A diferencia del chileno José Luis Daza, actual viceministro y alineado con la lógica financiera del equipo económico, Talvi sostiene algo muy distinto:
Con déficit cero, dólar controlado, inflación baja y tasas altas no se generan inversiones, empleo ni crecimiento sostenible.
Música para los oídos de los críticos del modelo.
Y exactamente lo contrario de lo que sostiene Milei.
¿Por qué lo traen?
Una explicación posible: no saben cómo reactivar la economía real.
Talvi combina experiencia técnica con una visión que reconoce el rol de políticas públicas e incentivos estatales, algo que Milei suele rechazar.
Quizá este economista formado en la educación pública uruguaya logre impulsar un modelo más productivo y sustentable, algo que ni los traders del equipo económico ni el propio Milei —más teórico que gestor— han logrado hasta ahora.
Curiosamente, la incorporación de Talvi coincidió con el viaje de la comitiva a Nueva York.
Si Adorni hubiese permanecido en el país —y siendo quien debería conocer la situación de cada ministerio y provincia— podría haber aportado información clave para diseñar medidas económicas.
Alguna medida.
La que sea.
Una que saque a la Argentina de esta trayectoria de estancamiento y caída, en la que cada vez más empresas cierran y cada vez más empleos se pierden.
Pero no.
Adorni se fue a deslomar a Nueva York.
Y llevó a su esposa para sostenerlo.
Un final de invierno, casi primavera, en Nueva York.
"...Si te quieres divertir con encanto y con primor, solo tienes que vivir un verano en Nueva York "