El inicio de Sesiones Ordinarias de Milei, entre el stand up y la impotencia
Economía | 03/03/2026

El inicio de Sesiones Ordinarias del presidente argentino podría definirse, según una parte significativa de la audiencia (sondeos en vivo estimaron entre 60% y 70%), con adjetivos como adolescente, vergonzoso, inmaduro, patético u ofensivo.


Para otro segmento (25% a 30%), en cambio, fue excelente, iluminado, certero y valiente; casi palabras que bajaron de “las fuerzas del cielo”.


Desde una mirada de periodismo pragmático y coherente, sabiendo quién iba a hablar, no se esperaba algo radicalmente distinto a lo que es Milei. Pero sí se podía esperar mayor conexión con la realidad.


No necesariamente con la realidad que lo perjudica reconocer, sino al menos con aquella que lo beneficia y con la que puede transformar hacia adelante.


Sin embargo, el Presidente decidió iniciar con una afirmación contundente: que había recibido la economía “peor que en 2001”. En tiempo real, el sitio Chequeado calificó esa afirmación como falsa.


¿Era necesario comenzar con una falsedad tan verificable?
¿Era necesario sostener ese tono cuando se esperaba un balance de gestión y una hoja de ruta? Y luego seguir con tantas falsedades más, no tiene tantos logros que debe mentir tanto y dejar tantos términos engañosos?


Desde las bancas, sectores del peronismo y la izquierda corrigieron lo que consideraban imprecisiones. La respuesta presidencial fue confrontativa. Más allá de reproducir insultos, la escena, vista desde afuera, proyecta una imagen institucional compleja.

En un país que necesita inversión, previsibilidad y estabilidad, el clima político no es un detalle menor.


El relato económico


El superávit fiscal fue presentado como el mayor logro. Sin embargo, el debate gira en torno a su sostenibilidad en un contexto de recesión y caída de la recaudación.


El Presidente sostuvo que la actividad crece alrededor del 4% anual. Economistas críticos argumentan que hubo factores extraordinarios —como el ingreso de divisas del agro y la intermediación financiera— que distorsionan la lectura estructural.


El propio discurso reconoció la asistencia del Fondo Monetario Internacional y del Tesoro estadounidense. Ese reconocimiento abre otro interrogante: ¿cuánto del modelo responde a fundamentos propios y cuánto a apoyo externo?


Reforma laboral y mercado de trabajo


La reforma laboral fue presentada como modernizadora. Sin embargo, críticos señalan que no contempla plenamente el trabajo en plataformas ni regula el impacto de la inteligencia artificial.

Además, se afirmó que “hace justicia” con trabajadores informales. La informalidad ronda el 40%. La pregunta central es si la ampliación de cobertura se logró ampliando derechos o reduciendo estándares.


La grieta como método


El discurso volvió a girar sobre el pasado kirchnerista, evocando la gestión de Cristina Fernández de Kirchner como contrapunto permanente.


Paradójicamente, el tono confrontativo recuerda al estilo de polarización que caracterizó etapas anteriores.


La grieta continúa siendo instrumento político. Y esa dinámica tiene consecuencias económicas: dolarización de carteras, volatilidad cambiaria y retracción inversora en años electorales.


El “yo o el abismo”, concepto que se consolidó en los años de Carlos Menem, reaparece como esquema discursivo.


El talón de Aquiles: la actividad


Más allá de la macroeconomía ordenada, el punto crítico es la actividad real.


Minería, gas, petróleo y agro pueden mostrar dinamismo. Pero la mayoría de la población no trabaja en esos sectores.


Si la inflación mensual ronda el 2,5% sostenido, mientras salarios registrados crecen por debajo y el costo de vida real avanza más rápido, la ecuación social se tensiona.

El problema no es únicamente fiscal. Es productivo.


La imagen hacia el exterior


La metáfora es sencilla: si un inversor asiste a una reunión y observa al dueño del proyecto enfrentado con socios, gerentes y empleados, difícilmente arriesgue capital.


En un país ocurre lo mismo.


Sin consensos básicos que trasciendan gobiernos, Argentina difícilmente atraerá inversión genuina y de largo plazo. A lo sumo, recibirá capital especulativo o extractivo, sensible al corto plazo.



Edición Yedith Cazarin Escritora

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