El ocaso del experimento Milei: entre la ficción liberal y la realidad de la derecha de siempre
Economía | 07/10/2025


El modelo económico de Javier Milei entró en una fase terminal. Su modelo político, si alguna vez existió, transita un aislamiento creciente. Y su imagen, confianza pública y aceptación social están en caída libre.

Resulta difícil imaginar un final ordenado para su gobierno, incluso uno que llegue en tiempos y formas constitucionales.

Muchos de los problemas que lo llevaron a este punto fueron errores propios. Y detrás de varios de esos errores —sobre todo los ligados a Justicia e Inteligencia— aparece una sombra inconfundible: la de Mauricio Macri.

Milei y su hermana intentaron humillarlo, pero el “Ángel Exterminador”, como lo llama Jorge Asís, no perdona afrentas.


Del discurso liberal al ajuste sin rumbo

Milei construyó su relato económico sobre dos pilares: déficit cero y baja inflación sin emisión. En teoría, la receta sonaba coherente. En la práctica, fue un mecanismo brutal de licuación de ingresos, ahorros y jubilaciones.

El salto del dólar oficial —de 360 a casi 880 pesos apenas asumió— pulverizó el valor de todo lo nominado en moneda local (jubilaciones, pensiones, discapacidad, salud, educación y obras públicas). Luego vino la liberación de precios de servicios, la inflación desatada y las tarifas por las nubes.

El resultado: un colchón recaudatorio momentáneo que se agotó rápido. Y un ajuste feroz sobre los sectores más vulnerables, mientras se garantizaban beneficios y alivio impositivo al sector financiero y los grandes grupos económicos.


Un modelo sin dólares, sin pesos y sin motor

El Milei economista abandonó al Milei liberal. Defendió un peso “fuerte” con un dólar bajo y un Banco Central vacío. Pisó el tipo de cambio como ancla inflacionaria y sumado a la tasa de interés alta, enfrió la economía hasta la parálisis. 

La inflación bajó, sí, pero por recesión y pobreza, no por mérito macroeconómico.

En Argentina, donde la economía es bimonetaria, un dólar barato expulsa divisas y un dólar caro las atrae. Milei eligió el primero, y así se quedó sin dólares.

Tampoco hay pesos: la tasa de interés alta inmoviliza el crédito y el consumo. Sin dólares ni pesos circulando, no hay motor que encienda la actividad.


El final anunciado de una farsa

Ni las cosechas récord, ni el blanqueo, ni el FMI alcanzaron para sostener un modelo que desde el comienzo por herencia recibida, fue insostenible. Milei repitió el manual de siempre de la derecha: ajuste, endeudamiento y beneficios concentrados.

Solo que esta vez, el ejecutor fue un personaje que no disimuló el daño, sino que lo celebró con crueldad.

El gobierno se acerca al límite de su experimento.

Lo que venga después —ya sea una corrección brusca del tipo de cambio o un colapso político— será el desenlace lógico de un modelo improvisado, inconsistente y profundamente desigual.

                   




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