Vulgaridades
Literatura | 19/07/2025

VULGARIDADES


Vicente Adelantado Soriano


Al parecer, en toda democracia las gentes sencillas son propensas a sentirse atraídas por una vulgaridad que les parece familiar y estimulante1.

Jacqueline de Romilly, Alcibíades o los peligros de la ambición.


Un caluroso día de finales de julio mi querido vecino se quejaba, con todo el derecho del mundo, de las enormes vulgaridades que, día a día, nos ahogan a todos. Es imposible, decía, no tropezarse con cualquier tipo de chabacanería apenas uno, en la cama, abre los ojos y se incorpora para ir a la ducha. Tiene razón mi vecino: ordinarieces de todo tipo y pelaje nos cercan, asaltan e inundan; pero no por eso dejé de refutar no sus apreciaciones, sino la forma de enfrentarse a ellas.

-Mire -le dije- en esta vida, y no le voy a decir nada nuevo, todo tiene la importancia que queremos darle. Sí, tiene razón: la vulgaridad nos inunda, como otras muchas cosas. Lo mejor, como siempre, es aislarse, alejarse. Y, desde luego, no participar de semejantes necedades y faltas de educación.

-Eso último, querido amigo, sobra. Por supuesto yo no participo en nada de todo eso; pero me asombra la cantidad de sandeces y bulos que se extienden por todo el mundo. Con la trágica velocidad de un incendio impulsado por un fuerte viento… Cuando yo era joven, no, no me voy a poner melancólico, si una persona salía en la televisión, o la entrevistaban en un periódico o revista, era porque esa persona tenía un cierto prestigio bien ganado. Podía ser un buen escritor, un ilustre investigador, un médico… alguien importante, con una labor digna, destacable y provechosa para la humanidad. Ahora, por el contrario sólo los palurdos y los necios tienen cabida en esos medios.

-Ya -le repliqué en tanto él tomaba aliento y llenaba las copas de vino- desde luego ahora, por el contrario, periódicos y revistas, y no digamos nada de las diversas cadenas de televisión, están copadas por necios o por las más vulgares de las personas, hablo tanto de los entrevistados como los entrevistadores y de los absurdos programas compuestos por unos y otros.

-Y además, viendo a estos individuos se pregunta uno qué han hecho de bueno en esta vida para merecer aparecer como personas de cierto interés, cuando no son sino puros fantoches…

-Plantea mal el problema, querido amigo. No importa si han hecho o han dejado de hacer. Importa tenerlos ahí para crear distracción o una noticia sin importancia, vana, pero con toques de la misma… A veces los periódicos actúan como una lupa gigantesca: es indiferente el tamaño de la hormiga. Ya se encargarán ellos de convertirla en un dinosaurio si es preciso. Eso por no hablar de las llamadas redes sociales.

-No las conozco. No puedo hablar de ellas sino por referencias. Y sí, en lo otro tiene razón: en este país, ignoro si sucederá lo mismo en los otros, aunque lo temo, somos especialistas en crear falsas polémicas, o polémicas sin ningún fundamento. Ahora estamos debatiendo la estúpida necedad de si Valencia lleva acento abierto, cerrado, circunflejo o con bigote.

-En eso se equivoca. Absurdas polémicas como esa, creadas por políticos de tres al cuarto, tienen fundamento y fin: provocar ruido, desestabilizar opiniones y conducirlas a un vaciado total de significado. Solapar lo importante con lo banal. Desgastar las instituciones y llevar el agua a su molino. Piense quién provoca la mayoría de estas necias polémicas.

-Gente sin ningún programa ni fundamento, pero con ganas de llamar la atención. Unos, los políticos. Y otros capaces de hacer chistes bobos sobre cualquier cosa. Y gente pronta a denunciar a estos últimos porque se sienten heridos en sus creencias religiosas o de cualquier tipo. Cada vez hay más personas dispuestas a sentirse ofendidas por cualquier nimiedad.

-Cierto. Vamos a su terreno, al cine, ¿Ha visto usted la película La vida de Brian? Pregunta retórica. Esa película hoy en día, creo, no podría rodarse. ¿Y ve usted algo escandaloso en ella? Para mí plantea un problema, uno de tantos, muy importante: la imposibilidad de oír el Sermón de la Montaña, pronunciado al aire libre, así como los discursos de Cicerón o de quien fuera, lanzados en el foro ante una numerosa multitud. En una época sin micrófonos ni altavoces, con chistosos, nunca faltan, y murmullos de todo tipo, no creo que la gente se enterara mucho de cuanto se decía.

-Cada uno, está claro, se fija en las cosas de su interés -replicó.

-Sí, de acuerdo, pero no por eso me han pasado desapercibidas otras críticas de la película: la religiosa, la de los partidos políticos, reivindicaciones absurdas, etc. Pero yo en ningún momento me he sentido ofendido por nada de cuanto aparece en ella. Se habrá sentido ofendida esa señora que fue a Torre Pacheco, bandera de España en ristre con el Sagrado Corazón estampado en el centro, pidiendo la expulsión de los emigrantes. ¿Y no fue el dueño del Sagrado Corazón quien dijo aquello de “amaos los unos a los otros como yo os he amado”?

-Aquí el tema religioso sigue siendo piedra de toque. Y arma válida y arrojadiza para todas las batallas. Esa señora ha utilizado la religión como elemento diferenciador. No le interesa ni las prédicas de Cristo, ni las de Mahoma ni las de nadie. El Sagrado Corazón es España, y los demás son herejes y malas personas a quienes debemos machacar y expulsar de nuestra tierra… La religión, además, ha generado el mayor número de denuncias “por odio y ofensa a la religión católica”. Por parte de unos pretendidos cristianos. Son tan cristianos como yo torero. No he visto a ningún cristiano denunciar a esa señora de la bandera.

-Nada nuevo bajo el sol. La religión como pretexto para lograr cambios políticos o sociales... Da risa, cuando no grima, tanta y tan calurosa defensa de valores y creencias 

-Así voceras y voceados llenan las noticias de vulgaridades de todo tipo…

-Ellos, seguramente, aunque lo siguen, no tendrán ni idea de un ilustre antecedente suyo en estos tejemanejes, pues el hombre, por desgracia, ni cambia ni varía. Es inmutable. Y la misma técnica usada en tiempos antiguos, se utiliza hoy en día. Alcibíades, siglo V a.C., tenía un perro muy bello y famoso. Un día le cortó el rabo al susodicho perro. “¿Por qué has hecho esa barbaridad?” -le preguntaron un tanto asombrados. “Porque así -contestó- hablarán del perro de Alcibíades y no de Alcibíades”. Dejó el asunto muy claro. Meridiano.

-Sí, está claro. Yo también lo he pensado: estas vulgaridades y necedades no hacen sino solapar los verdaderos problemas, como el dichoso perro de Alcibíades. Y el día menos pensado nos estallarán. Aunque ya los tenemos ahí: guerras sin cuartel, asesinatos, triunfo de los necios y corruptos para ocupar los primeros puestos en las naciones, y la gente tan alegre, feliz y contenta. Y lucha sin cuartel contra el emigrante ¿Cómo pueden votar a semejantes energúmenos para ocupar la presidencia de un país?

-Porque quienes les votan, lo hemos dicho varias veces, son tan necios y corruptos como ellos. No lo olvide. Por otra parte, y se lo digo en serio, a mí me molesta, o me parece muy pobre, el que muchas burlas y sátiras vengan siempre por el lado de la religión y de las creencias. Eso encierra una falta de inteligencia atroz. Me molesta. Cada uno tiene derecho a practicar su religión, y a seguir sus inclinaciones sexuales… No hay porqué reírse de ellos o estigmatizarlos. Y menos perseguirlos o quemarlos. Pero, como le digo, todo este ruido esconde un verdadero problema: no formar a la gente, no educarla, y tapar las vergüenzas de muchos políticos y de muchas políticas, y de algunos religiosos.

-¿Y usted cree que una buena educación nos libraría de estos escándalos y de estas vulgaridades?

-No. No lo creo. Si viera las aulas de hoy en día… La gente cada vez es más maleducada. Y, como ya le he dicho en más de una ocasión, la educación es una muestra de solidaridad. Y de eso hay muy poco.

-Sí, bueno; pero si una persona se dedica a leer -me hizo un guiño- a Homero, Aristófanes, a los trágicos griegos, luego no podrá distraerse con estas necedades servidas por la televisión. Digo yo. Le molestarán, por el contrario.

-Los griegos, señor mío, fueron educados por Homero y por los trágicos, y no tenían ni periódicos ni televisión. Pero eso no impidió, ni de lejos, el triunfo de Alcibíades, con sus graciosos escándalos, y la malhadada expedición a Sicilia. Cavaron su propia tumba haciéndole caso. Y se fueron hacia ella tan alegres y contentos. Al son de la siringa, la flauta y el aulós. No les interesó hacer caso al general lleno de sentido común y de prudencia. La charanga y la música son encantadoras. Y con ella se fueron hacia su destrucción.

-Pues si la educación no sirve para nada…

-La educación, y usted lo sabe, no solo está en las aulas. Eche un vistazo a su alrededor, y dígame si tiene alguna esperanza. Y conste que ha sido usted quien ha comenzado a hablar de las vulgaridades.

-Sí, he sido yo. Confiaba en encontrar alguna solución junto con usted.

-Tal vez de aquí a unos cuatrocientos o quinientos siglos. No perdamos la esperanza.

-Para largo me lo fiais, querido vecino; pero no, no la perdamos. Gocemos de este buen vino mientras tanto.

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