La enfermedad de Fabry es una rara
enfermedad con herencia recesiva ligada al cromosoma X (locus Xq 22.1). Resulta
de un déficit de actividad de la enzima lisosomal α-galactosidasa A, lo que da
lugar al depósito de glicoesfingolípidos (globotriaosilceramida o
ceramidatrihexósido) en los diferentes órganos de la economía. Como
consecuencia del depósito tisular masivo, muchos pacientes fallecen entre la
cuarta y la quinta décadas de la vida debido a complicaciones renales,
cardíacas o cerebrovasculares. En aquellos casos que llegan a la insuficiencia renal
terminal, la diálisis y el trasplante renal pueden prolongar la vida del
enfermo, pero no detienen la progresión de la enfermedad en otros órganos.
Mientras que en algunos receptores
de un trasplante renal se comunicaron mejorías clínicas, bioquímicas o ambas,
en otros pacientes no se pudieron constatar efectos bioquímicos. Aunque el trasplante
renal no representa una fuente de aporte
enzimático sistémico, que evite el
acúmulo de glicoesfingolípidos en los tejidos y la progresión de la enfermedad,
sí permite la excreción de grandes cantidades de ceramida y la disminución de
sus niveles circulantes. Por otra parte, aunque existe alguna evidencia de
recurrencia precoz del acúmulo de ceramida en el riñón trasplantado, en otros
casos no se encontraron depósitos apreciables después de varios años de
supervivencia del injerto.
Las nuevas terapias ofrecen la
esperanza de tratar la enfermedad de Fabry precozmente, dirigiéndose al defecto
metabólico subyacente, y previniendo o frenando las complicaciones a largo
plazo de la enfermedad. De todos los tratamientos emergentes sólo la terapia
sustitutiva enzimática ha alcanzado el estadio de ensayos clínicos. La
disponibilidad de estos nuevos tratamientos hace que el diagnóstico precoz
adquiera hoy nueva importancia. Las perspectivas que se abren con ello
cambiarán, sin duda, el abordaje de esta enfermedad desde el punto de vista de
los nefrólogos Pese a que los síntomas
de la enfermedad de
Fabry se manifiestan casi siempre en los hombres afectados, las
mujeres también pueden padecer alguno o todos. Quizá, los síntomas
de las mujeres no resulten tan graves y tiendan a manifestarse a edades más avanzadas
que las de los hombres.
Síntomas:
Dolor
Uno de los primeros síntomas,
que puede incluso aparecer en la infancia, es una sensación dolorosa de ardor
en las manos y en los pies, llamada acroparestesias.
El dolor puede resultar intenso y empeorar con el ejercicio, el estrés, las
enfermedades intercurrentes y los cambios de temperatura. Sin embargo, como el
dolor se asocia a tantas enfermedades, al principio puede diagnosticarse
erróneamente.
Estómago y
sistema gastrointestinal
Los primeros síntomas
de la enfermedad de
Fabry pueden consistir en retortijones abdominales, deposiciones
frecuentes después de comer, diarrea y náuseas.
Lesiones
cutáneas
Un signo
frecuente es una erupción eritematosa y no dolorosa, conocida como angioqueratoma,
que suele aparecer en la región comprendida entre el ombligo y las rodillas
pero también en cualquier otro lugar del cuerpo, como los labios, la lengua,
las manos y los dedos del pie. A veces afecta a una pequeña porción del cuerpo
o bien afecta a una superficie mayor (véanse los ejemplos que siguen).
Las personas con la
enfermedad de Fabry pueden también experimentar hipohidrosis o anhidrosis, que
es la disminución o falta completa de sudor. Así se explica la mayor
sensibilidad al calor y la dificultad para afrontar el ejercicio físico. En
cambio, otras personas sudan en exceso (hiperhidrosis).
Ojos
La capa superficial del
ojo (córnea) puede parecer anómala cuando un óptico o un oculista (oftalmólogo)
la explora con un equipo especial. Este aspecto, conocido como córnea
verticillata, no afecta a la visión pero puede empeorar con el tiempo. Se da en
el 75% de los pacientes de Fabry y puede constituir un indicador fidedigno de
esta enfermedad.
Oídos
La enfermedad de Fabry
puede alterar la audición y algunos pacientes notan un zumbido en los oídos que
se conoce como acúfenos. La mayoría de los pacientes sufre cierta pérdida de
audición en algún momento, bien de manera progresiva, bien de manera brusca.
Riñones
El depósito creciente de
Gb3 puede ocasionar problemas en los riñones y más del 80% de las personas con
enfermedad de Fabry experimenta cierta reducción de la función renal.5 En
ocasiones, se elimina una cantidad anormal de proteínas en la orina
(proteinuria). Los hombres con la enfermedad de Fabry sufren problemas
frecuentes de riñón pero las mujeres no suelen padecer trastornos graves. Los
problemas renales graves causan, a veces, una insuficiencia renal que precisa
diálisis o trasplante.
Corazón
Las anomalías cardíacas
consisten en cambios en el tamaño del corazón (aumento de tamaño del ventrículo
izquierdo), latidos cardíacos irregulares e incompetencia de las válvulas
cardíacas. Estos problemas acentúan el riesgo de complicaciones cardíacas
futuras.
Cerebro
y sistema nervioso
El exceso de Gb3 puede
alterar el flujo sanguíneo normal cerebral, generando mareos y, en algunos casos,
ictus (infarto cerebral).