Se ha escrito mucho, quizá demasiado, desde que Isabel Díaz Ayuso llegó a la presidencia de la Comunidad de Madrid, y especialmente desde que convirtió la pandemia en su arma político para atacar a Pedro Sánchez. De hecho, cuando me planteé escribir este artículo me cuestioné si era bueno seguir añadiendo ríos de tinta sobre este insólito “animal político”. Por una parte, pensaba que no era bueno, porque seguir hablando de Ayuso incrementa su protagonismo en la escena política madrileña y también en el ámbito de la política nacional. Pero por otro lado me pareció adecuado hacerlo para destacar sus maniobras, sus movimientos para conseguir el que sin duda es su gran objetivo, sustituir a Pablo Casado como líder del partido.
Ayuso
es consciente de que la pandemia del Covid-19 se acerca poco a poco a su fin y
de que ya le ha sacado todo el rédito político. Gracias a la pandemia ha
conseguido que su mensaje electoral de “libertad” haya cuajado entre miles de
jóvenes madrileños cansados ya de tantas restricciones y por supuesto en la
hostelería y todos los sectores empresariales vinculados a este área de
actividad. Esto, y hacer suyas las principales líneas ideológicas de la extrema
derecha, explican su rotundo éxito en las pasadas elecciones autonómicas del
4M. Ahora, liberada ya del “lastre” de Ciudadanos y con el apoyo de Vox, tiene
vía libre para dirigirse hacia próximos objetivos.
Telemadrid
El
primer paso que ha dado, y que además era una exigencia de Vox, ha sido aprobar
las primeras medidas legales para controlar Telemadrid. Vox realmente quería
cerrar la televisión pública madrileña, pero ella prefiere controlarla. Sin
duda lo hará, pero al hacerlo comete un error político del que no tardará en
ver las consecuencias. Telemadrid, tras la larga etapa de manipulación
informativa con Esperanza Aguirre primero y con Ignacio González después, y el
ERE que dejó en la calle a 861 trabajadores, ha logrado cotas de audiencia que
no tenía desde 2011. En estos últimos años el canal autonómico ha recuperado
dignidad y prestigio como medio de comunicación al servicio de los madrileños.
La etapa que ahora se inicia, en la que habrá una nueva dirección, conducirá de
nuevo a Telemadrid a la noche de los tiempos. Hay motivos para pensar que perderá
poco a poco la audiencia conseguida en los últimos años, y si esto ocurre la
eficacia política que tendrá Ayuso convirtiendo a Telemadrid en un medio de
comunicación a su servicio será escasa. Como se suele decir convencerá sólo a
los ya convencidos y por tanto no le aportará rédito electoral. Pero
evidentemente es potestad suya hacerlo y sin duda lo hará.
Pablo
Casado
El 4
de mayo Pablo Casado hizo suyo el éxito electoral de Ayuso. Es evidente que se
sintió satisfecho porque fue él quien la “fichó” y la propuso como candidata
del PP en las elecciones autonómicas de 2019. Además, el “viento electoral” de
las últimas encuestas parece que sopla a favor del PP. El “efecto Ayuso” está
yendo por tanto más allá de la Puerta del Sol y parece que ha llegado a Génova,
pero entre tanta alegría política Casado debería estar preocupado. Ayuso tiene
perfil propio y va por libre, y es sorprendente porque con grandes carencias
políticas y con una inteligencia cuestionable -sus meteduras de pata y sus
salidas de tono son frecuentes desde que saltó al “estrellato” político- ha
logrado sintonizar con la gente, o más bien que la gente sintonice con ella. Ha
conseguido además recuperar muchos votos del PP que se habían ido a Vox, cosa
que Pablo Casado no ha logrado, a pesar de competir con Abascal en sus críticas
a Pedro Sánchez en los momentos más duros de la pandemia. Como tampoco ha
ganado la batalla de acercarse al centro político, a pesar del rotundo discurso
con el que se desmarcó de Abascal, cuando este último presentó su Moción de
Censura contra Pedro Sánchez.
El 13
de junio, con motivo de la concentración de las tres derechas en la Plaza de
Colón para protestar por los indultos a los presos del procés, Ayuso, fuera de
programa, hizo una referencia al Rey Felipe VI que hizo saltar todas las
alarmas en Casado y los dirigentes del PP que le acompañaban en ese momento. La
frase de Ayuso, “¿van a hacer al Rey cómplice de estos indultos?”, no fue espontánea, fue
simple estrategia para atacar a Pedro Sánchez y acusarle de hacer cómplice de
los indultos al monarca. De esta forma conseguía además marcar agenda
informativa al convertirse en el centro de una nueva polémica. La mano de su
superasesor, Miguel Ángel Rodríguez, está detrás y conviene recordar que en su
día este personaje guio los pasos de Aznar hasta la Moncloa.
Debe tenerse en cuenta,
además, que con su enfrentamiento con Pedro Sánchez durante la pandemia se ha
llegado a decir que era ella la que ejercía la verdadera oposición al gobierno.
Ayuso ha hecho “sombra”, por tanto, al presidente del PP y no hay motivos para
pensar que esto vaya a cambiar en los dos años de legislatura que tiene por
delante la líder madrileña del PP.
El 4 de mayo Ayuso consiguió el
objetivo de sacar a Ciudadanos de la Asamblea de Madrid. Su próxima meta será
una mayoría absoluta en la que ya no necesite a Vox para gobernar y después…
muy probablemente “Génova” y por que no, la Moncloa. El Partido Popular es muy
libre de tener los dirigentes que quiera, pero alguno pueden convertirse en un
enemigo para la democracia a pesar de haber ganado unas elecciones con esa
libertad que tanto proclama. Atentos.