En la clásica metodología de evaluación de proyectos, los aspectos ambientales y sociales son normalmente soslayados por la microeconomía clásica, llevados a una abstracción que los omite de la ecuación y los deja fuera del cálculo y los asume como externalidades, cimentándose así una cadena de costos y precios que no da cuenta del valor real que tiene un proyecto.
Maximizar el retorno del proyecto, impulsa, además
de lo anterior, a optimizar tiempos y montos de amortización o recupero de la
inversión, lo que significa, principalmente en los modelos extractivistas,
administrando los recursos como fríos indicadores, irrespetando los ciclos
naturales de renovación de los recursos naturales y considerando el trabajo un insumo
por el que hay que pagar lo menos posible. La variable financiera juega en esta lógica un
rol determinante para la elegibilidad de un proyecto.
Un cambio conceptual del comercio internacional, en
la idea de nuevo trato para construir relaciones equitativas, que estructuren
intereses permanentes de largo plazo entre las partes intervinientes, es lograr
cambiar el paradigma neoliberal dominante hasta ahora, en donde el juego de precios
fijados en función de la oferta y demanda, conduce a relaciones de dominación
que perjudica a los dominados, generando inestabilidad estructural en ese
sistema injusto.
El cambio cultural para entender una economía a
escala humana, significa poder encarar los proyectos de suministro-abastecimiento
en base a parámetros que den cuenta de los proyectos en su completitud, incorporando
y asumiendo los pasivos ambientales y exigiendo la aplicación de criterios humanistas
en la retribución justa al aporte del trabajo, de la ciencia y tecnología, de la
gobernanza de una empresa, concibiendo proyectos integrales que busquen
relaciones estables de complementación, sobre nuevos paradigmas de relaciones
económicas internacionales.
Todo lo anterior, implica y exige una mirada ética
a la actividad productiva, logística y comercial, en un continuo en donde debe
ser erradicada la especulación, que busca siempre ganar el máximo en el menor
tiempo. Mirar el comercio internacional para salir del juego de ganador-perdedor
, necesariamente nos lleva a dimensionar los proyectos exportadores en un
estilo de cooperación integral con los diversos servicios que se debieran
conjugar para lograr una competitividad de nuevo cuño, donde las ventajas de un
proyecto estén dadas por un diseño integrativo que construye relaciones win-win
en cada eslabón de la cadena.
Los proyectos exportadores debieran ser promovidos
por el cumplimiento de nuevos parámetros, hoy invisibilizados, que exijan al
proyecto estar cimentado en relaciones de armonía en lo laboral, en lo
ambiental, en lo financiero, en lo tecnológico, en la colaboración con las
comunidades donde deba asentarse el proyecto. En términos concretos, estamos
hablando de una fórmula de costeo que incluya no sólo el dato de costo de mano
de obra en h/h estándar, sino la comprobación de relaciones laborales justas
que den estabilidad a un emprendimiento. Cambiar el concepto de “recurso humano”
tasado a “valores de mercado” debiera dar paso a una mirada antropocéntrica del
trabajo, como forma de desarrollo de las personas, lo que debiera abrir
espacios a alianzas estratégicas de largo plazo entre las empresas y sus
trabajadores, erradicando las malas prácticas que van optimizando utilidades
con el envilecimiento de los salarios. Se trata de incorporar el dumping
laboral como filtro de las relaciones económicas internacionales.
Erradicar el trabajo esclavo, el trabajo infantil, promoviendo
tratos justos, que combinen estabilidad, cogestión, productividad y beneficios
sociales, todo lo cual, como cambio cultural, pasaría a ser una forma de pensar
la proyección internacional del país, con un criterio de equidad, que sea
respaldado por negociaciones internacionales que abran espacios en este nuevo trato
y a los proyectos que porten sellos de armonía y equidad.
Similares criterios en la administración de la logística
asociada a los contratos de suministro internacional, permitirían traer a los
operadores de logística internacional a generar convenios con los sectores
perfilados al exterior, contrapesando la realidad de concentración actual de
los servicios en gigantescos conglomerados internacionales. El rol del Estado
en este cambio de paradigmas, significará articular acuerdos de cooperación que
vayan vinculando sistemas productivos colectivos, asociativos, comunitarios,
emprendedores de pequeño y mediano porte, en verdaderos nodos de desarrollo
interno y de internacionalización identificando como socios externos, proyectos
que se articulen con similares paradigmas.
Cuando se negocia en función integrativa y por
proyectos, el ensamble de roles e intereses tiene mucho de cooperativismo, de
autogestión y de auditorías establecidas a la gestión del proyecto. En términos
de construcción de modelos asociativos que se basen en reciprocidad, confianza
y rendición de cuentas, significa mirar las experiencias comunitarias de los pueblos
originarios, las raíces colaborativas de la agricultura campesina, de la
cogestión de espacios territoriales que se proyecten internacionalmente
buscando visiones similares, logrando una práctica de Comercio Justo, que es intrínsecamente
respetuoso y genera capacidad de construir valor en la colaboración y no en el
afán especulativo y de lucro individual.
En lo financiero, será necesario recuperar la banca
de fomento, reformar la legislación del mercado de capitales, para imprimirle
una orientación que incorpore los nuevos parámetros para la calificación de
riesgo de los proyectos, evaluándolos por su huella de carbono, su manifiesto
ambiental, por sus relaciones industriales de colaboración, por el estilo de
administración, por los controles y auditorías internas que estructuren su
administración. En términos financieros, la energía que se pueda proveer a los
proyectos la disponibilidad de liquidez, tendría el correlato de los sellos de
sustentabilidad que sumen competitividad para su marketing internacional.
Erradicar la usura, la concentración del crédito y de los fondos previsionales,
sumando cooperativismo financiero, podrá ir corriendo las fronteras a partir
del sistema de dominación financiera actual, hacia relaciones que se ha dado en
llamar internacionalmente como Banca Ética.
Comprender desde la educación estos nuevos
paradigmas, permitiría realizar una gigantesca reingeniería al sistema
educacional, imbuido del ideario individualista neoliberal. Caminar hacia una
nueva era y un nuevo escenario internacional, exige comenzar ya en la
postulación de nuevos valores al sistema educativo nacional.
Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente. Octubre, 3/2020.