La oportunidad del primer gobierno de derecha en cuanto a ser opción de futuro, le exigiría a Sebastián Piñera y la Alianza, escuchando la voz de las calles, dar un gran golpe de timón, que les significaría “quemar lo que han adorado y adorar lo que han quemado”.
En la institucionalidad de la economía
y del comercio mundial, representada fundamentalmente por
El
orden neoliberal en sus límites
Se ha vivido una fuerte pugna entre el
dogmatismo neoliberal y las posiciones antiglobalización. Mientras los sectores
dominantes de la economía mundial han postulado una desregulación máxima, que
dejaría en manos de operadores privados del mercado casi todas las actividades
humanas, ocupándose el Estado sólo del ejercicio de la fuerza, justicia y,
subsidiariamente, actividades de carácter social para sectores marginados del
mercado; los sectores sociales, intelectuales y productivos medianos y pequeños
postulan la defensa medioambiental y tratos laborales justos.
La presencia de un mundo corporativo
integrado por multinacionales que tienen un peso político superior al de los
Estados, se ha hecho sentir en las negociaciones económicas internacionales, en
las cuales han hecho manifiesto su interés por liberalizar todos los ámbitos de
las economías, pero manteniendo en los países centrales pesadas estructuras
protectoras.
Es así que ha surgido como una mega
tendencia la reforma a la economía de mercado, al mercado de capitales global
que no tiene controles. Abandonada desde los noventa la utopía de la economía
centralmente planificada del comunismo ortodoxo, reaparece con fuerza y con un
realismo político peculiar, la alternativa de un sistema de mercado, pero
dirigido por un Estado Responsable en vez de Subsidiario, que regule
debidamente y fiscalice de manera efectiva, resistiendo las presiones de los
agentes económicos privados transnacionalizados.
La
alternativa de una Economía Humana
Sin que se haya emitido una
declaración de principios desde los indignados, subyace en su demanda de
cambios el rechazo al materialismo neoliberal. Encontramos así a crecientes
sectores políticos y sociales que se manifiestan partidarios de una economía
humana, con una propuesta de relaciones económicas que sin ser rupturista con
la concepción de mercado, subordina la propiedad privada a valores de mayor
apreciación, como la seguridad, la equidad, los derechos humanos básicos, la
calidad de vida y el respeto al medio ambiente.
Es decir, sin caer en nostalgias de utopías
estatizadoras, sostiene esta visión que el mercado es un instrumento necesario
para la racional asignación de los recursos. Sin embargo, la diferencia
cualitativa está en que pese a aceptar las bases de una economía de mercado, establece
claramente la necesidad de restablecer una adecuada regulación, evitar la
concentración de la riqueza, realizando una fiscalización efectiva y generando
nuevas formas de participación en los mercados, dándole poder a la ciudadanía
para proteger sus intereses, morigerando así los poderes económicos que priman
en los mercados y que han provocado la concentración monopólica u oligopólica.
Además, se apela a la fiscalización
honesta y eficaz de un Estado probo, moderno, transparente, que se fortalece en
calidad de gestión, lo cual sumado a la participación social, abre
posibilidades reales para romper las asimetrías crecientes que ofrece el
panorama mundial. Es allí donde la
economía humana se conjuga en una nueva utopía política democrática que
defiende la probidad y la ética pública y privada, en una visión que coloca en el centro al ser humano
y potencia la asociatividad, la cooperación y la distribución del ingreso en la
economía.
En Chile se ha vivido la implantación
de un sistema neoliberal ortodoxo, que se impuso con el respaldo inicial de un
régimen dictatorial, extendiéndose hasta la fecha a través de las negociaciones
de la transición política. La Constitución de 1980 buscó consolidar el sistema
con amarres en materias claves, cuyas reformas se han dificultado, además, por
la falta de convicción de las fuerzas gobernantes para idear alternativas al
régimen económico heredado.
Esta debilidad profundizó en los veinte
años de gobiernos de la Concertación, las inequidades. Es innegable que el
crecimiento logrado es exitoso al trasluz de los criterios liberales, pues ha
hecho más poderosos a los mayores grupos económicos, propiciando su
internacionalización. Sin embargo, al trasluz de la economía humana se aprecia
una creciente desigualdad, marginalidad de sectores que van conformando una
bomba de tiempo para el sistema, cuestión que ya ha alertado a algunos empresarios
lúcidos de la derecha económica chilena que han planteado la necesidad de pagar
más impuestos.
El divorcio entre los
políticos y la sociedad civil es una tendencia que también debe corregirse,
pues el Estado y la sociedad civil deben ser aliados para poder realizar los
cambios que demanda el sistema imperante.
Es
necesario traer a los representantes populares al debate de fondo, que permita sacar
el conflicto de las calles y la indignación visceral, para aunar criterios que permitan levantar un
proyecto de sociedad que conlleve un modelo de economía humana, que respete al
hombre y la naturaleza.
Periodismo Independiente, 24 de octubre
de 2011.