La
palabra humillación está constantemente en boca de Pablo Iglesias, casi desde
la misma noche del 28 de abril cuando comunicó a los españoles que negociaría
con Pedro Sánchez un gobierno de coalición. Iglesias ha repetido hasta la
saciedad que la negativa del PSOE a aceptar el gobierno de coalición es una
humillación para sus millones de votantes. Pero ese mensaje de humillación de
Pablo Iglesias -por supuesto nada inocente- va dirigido a sus seguidores con el
fin de presentar en todo momento a Pedro Sánchez como el gran culpable y como
un político que desprecia a los votantes de Unidas Podemos. Cabe deducir que el
objetivo de Iglesias con esta estrategia es conservar su base de votantes -por
cierto bastante disminuida en los resultados electorales del 28 de abril- de
cara a una posible repetición de elecciones el 10 de noviembre. Hace unos días
el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, utilizaba su habitual ironía
para pedirle a Pablo Iglesias que no se sienta tan humillado por no tener
ministerios y que llegue a un acuerdo con el PSOE. En cualquier caso, este
proceso, pugna política o como le queramos llamar por conseguir el gobierno de
coalición tiene varios capítulos y es necesario detenerse en cada uno de ellos.
Errores
y estrategias en el mes de julio
Tras
dar Pablo Iglesias un paso al lado y renunciar a entrar en el gobierno,
condición exigida por Pedro Sánchez para aceptar el gobierno de coalición, el
PSOE propuso una fórmula para que miembros de Unidas Podemos entraran en el
gobierno. La negociación, si se puede llamar así, se produjo como todo el mundo
sabe en vivo y en directo en el propio debate de investidura del 23 y el 25 de
julio. Pablo Iglesias rechazó en ese momento la oferta de ministerios que le
hacía el PSOE porque consideraba que eran carteras meramente decorativas y con
escaso presupuesto. La negativa por parte de Pedro Sánchez a conceder a Unidas
Podemos las competencias en políticas activas de empleo que reclamó Iglesias en
pleno debate, llevó finalmente al fracaso de la votación de investidura. Pero
debe hacerse en este punto una consideración importante. La negativa de
Iglesias a aceptar la oferta de gobierno de coalición que le hacía en ese
momento el PSOE formaba parte de una estrategia. Conviene recordar que el 11 de
julio en declaraciones a Antena3, el líder de la formación morada decía que si
no se conseguía el gobierno de coalición en julio sería en septiembre, y lo
decía con una sorprendente seguridad. Hay por tanto motivos para pensar que el
objetivo de Iglesias era obligar al PSOE a concederle en septiembre mayores competencias
en el gobierno, aunque fuera en el último momento y con el fin de evitar la
repetición de elecciones.
¿Por
qué quiere Pablo Iglesias el gobierno de coalición?
En este
punto conviene explicar porqué mantiene Unidas Podemos como objetivo
irrenunciable el gobierno de coalición. Hay dos posibles motivos, uno sería “curarse
las heridas” del fracaso electoral del 28 de abril y ofrecer como “trofeo” a
sus votantes el gobierno de coalición. Pero el otro -sin duda más importante-
es que el objetivo último de Pablo Iglesias es liderar la izquierda española y
desalojar de esta franja política al PSOE. Para ello necesita la influencia
electoral que da estar en el gobierno y atribuirse desde el ejecutivo el éxito
de las políticas sociales que se puedan poner en marcha. Iglesias no quiere ser
una muleta política de Pedro Sánchez, sino medirse de igual a igual a pesar de
que sólo tenga la tercera parte de los escaños del PSOE. Lo vergonzoso de esta
estrategia de Pablo Iglesias es que esta anteponiendo sus intereses políticos
al interés general de todos los españoles. Le preocupa mas entrar en el ejecutivo
que contribuir a que se forme un gobierno de progreso del PSOE con un acuerdo programático
suscrito por ambos partidos. Y ello a pesar del riesgo de que finalmente se
repitan las elecciones y acaben gobernando los tres partidos de la derecha.
Los partidos de la derecha quieren que Podemos entre
en el gobierno
En los
últimos días se han oído voces procedentes de los partidos de la derecha
criticando que Pedro Sánchez quiera todo el poder y que no permita la entrada
en el gobierno de su “socio preferente”. Incluso Juan Luis Cebrián a través de un
artículo publicado en El País ha destacado la “coherencia” de Pablo Iglesias al
exigir el gobierno de coalición. Sorprende y resulta de verguenza que Cebrián
mantenga ahora esta posición cuando en 2016 el grupo Prisa, y en concreto El
País, participó en la conspiración para desalojar a Pedro Sánchez de la
Secretaría General del PSOE. En esos días el rotativo de Prisa dedicó a Pedro
Sánchez insultantes editoriales en los que se criticaba su acercamiento a
Podemos. Detrás de este sospechoso interés en que Unidas Podemos entre en el
gobierno está, sin duda, que se forme un gobierno inestable que abocaría a una repetición
de elecciones en 2020. En ese momento el Partido Popular y el conjunto de los
partidos de la derecha tendrían la posibilidad de gobernar aplicando en España
la fórmula utilizada con éxito en Andalucía y en la Comunidad de Madrid.
Así pues,
a Pablo Iglesias no le preocupan los intereses de los españoles, solo le
preocupa satisfacer su ambición de poder. Solo persigue ser el único y gran
líder de la izquierda, aunque el precio que haya que pagar sea correr el riesgo
de que gobierne de nuevo el PP. Así ocurrió en 2016 y así puede ocurrir de
nuevo ahora y los verdaderos humillados no serían los votantes de Unidas
Podemos sino los españoles y especialmente los sectores más desfavorecidos y
perjudicados por la crisis económica.