Muchos de nosotros crecimos escuchando la frase: “Dios te ve” y sí, la
verdad, era suficiente para tener un rígido control sobre los niños que éramos,
inocentes y bien intencionados.
Si Dios realmente nos hubiera estado viendo, habría sabido que muchas veces
la conducta fue mejor de lo esperado y otras, no muchas, nada correcta. Lo
cierto, es que crecimos los de mi generación y anteriores, es decir, los
nacidos a mediados del siglo pasado, supervisados por unos padres que vigilaban
nuestro actuar y luego, a veces, le dejaban a Dios la tarea.
De pronto, esa religiosidad se perdió y la gente, no tuvo límites ni
visores que supervisaran su actuación y empezó a hacer y deshacer a su antojo.
Carentes por completo de parámetros válidos que les permitieran decidir
si su conducta era buena o mala, pues desconocen lo que significa una y otra
expresión, los mexicanos buscaron la forma más rápida de hacer fortuna, la
manera más fácil de alcanzar sus metas y sobre todo, encontraron cómo hacerle
para no hacer lo que les correspondía.
Ahí, en una sociedad que busca cómo quitarle a los demás lo que han
ganado con esfuerzo, en una sociedad cuyo mejor valor es el dinero y que sólo
busca bienes materiales, olvidándose de cultivar el intelecto y los valores
morales, ahí estamos inmersos.
México como país ha perdido el rumbo pues no tiene líderes que le
señalen con el ejemplo lo que es correcto y lo que no.
Y de pronto, la tecnología nos alcanza y ahora, surte efectos de Dios.
En todas partes existen cámaras, los tuiteros y facebookeros están a la
orden del día informando de cuanto delito o abuso advierten y, por supuesto,
los registros de las empresas que graban en video quién entra, quién sale y
quién pasa, de pronto han sido capaces de encontrar carros robados, localizar
homicidas, tener la imagen de los ladrones y por supuesto, saber quiénes
intervinieron en el ataque al Casino en Monterrey.
Esa tecnología, esa capacidad del Gran Hermano planteada en 1949 por
George Orwell en su obra 1984, tiempo futuro muy lejano que por cierto ya quedó
muy atrás, ahora existe y es una realidad.
Los chips que regulan y controlan la vida, las cámaras que todo lo
observan, la capacidad de que el mundo se haya reducido a sólo una aldea global
merced a la capacidad de las comunicaciones de acercar todo y llevarlo en
tiempo real al más recóndito lugar del planeta, existen de verdad y no son ya
una obra de ciencia ficción.
Tal vez Dios nos vea. Tal vez no. Pero el hombre ha alcanzado la
capacidad de tener un control casi absoluto de lo que sucede aún en la
intimidad de las alcobas.
En esa línea va el saber humano y pobre de aquél que pretenda ignorarlo.
Sobre todo, los políticos, que si antes estaban en una cajita de cristal, ahora
están expuestos y a expensas de la opinión pública las veinticuatro horas del
día. Así ha sido como los han logrado sorprender batallando con las ligas,
chamaqueados o con quesos.
México debe salir adelante y necesita saber que la sociedad lo ve, lo
está vigilando y espera que las cosas se hagan bien. Ahora sí, habrán de tomar
clases, aprender a hacer su trabajo bien y principalmente, entender que nuestra
patria ya no puede darse el lujo de tener funcionarios que, pensando que nadie
sabe lo que hacen, pretendan hincharse los bolsillos a manos llenas.
Me gustaría conocer su
opinión.
Vale la pena.
José Manuel Gómez Porchini.
Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com
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