Tras el terremoto político
ocurrido ayer en Andalucía se han producido numerosos análisis sobre el motivo
de esta convulsión que ha provocado la aparición en el parlamento andaluz de un partido como Vox, y la sangría de votos que ha tenido el PSOE. Seguramente
cada una de estas reflexiones tengan parte o toda la razón. Vamos a hacer un
recorrido por estos posibles análisis para entender el resultado que arrojaron ayer las urnas en Andalucía.
Una primera explicación,
por ejemplo, del fracaso de Susana Díaz tiene varios orígenes, veamos. Susana
Díaz y el sector del PSOE al que se siente más próxima, permitió en su día la
investidura de Rajoy. La presidenta andaluza participó e incluso impulsó la conspiración
interna del PSOE para desalojar a Pedro Sánchez de la secretaría general. Algunos
piensan que los socialistas andaluces, próximos a Pedro Sánchez, pueden haber
abandonado a Susana en estas elecciones. Sobre todo, porque ha impuesto sus
candidatos en municipios donde se apoyaba a Pedro Sánchez. Hay otro factor
vinculado al gobierno socialista andaluz que es la corrupción. Susana Díaz ha
pasado de puntillas por este tema, especialmente en los debates electorales,
pero evidentemente la insistencia del PP y Ciudadanos en el escándalo de los
ERES y el uso de dinero público para pagar servicios de prostitución ha dado
resultados. Por completar este apartado
dedicado a Susana Díaz como origen de este fracaso electoral del socialismo
andaluz, hay que reconocer -muchos lo han dicho- que en el último debate electoral
Díaz le hizo un favor enorme a Vox al nombrarlos tantas veces para conseguir que
los candidatos de Ciudadanos y PP se posicionaran sobre posibles pactos postelectorales con Vox. Ese ruido mediático puede, sin duda, haber beneficiado a este partido de extrema derecha.
Busquemos otras
explicaciones a la decisión de voto de los andaluces, en esta ocasión fuera de
Andalucía, en concreto en Cataluña. Como decía esta misma mañana en las páginas
de El Confidencial el consultor político, Ignacio Varela, “la política española
está infectada hasta el tuétano por el problema catalán”. Esta afirmación es
una verdad incuestionable, en torno al conflicto catalán se han vertido desde
el referéndum ilegal del 1 de octubre numerosos mensajes que han calado hondo
en muchos españoles y por supuesto también en los andaluces que han visto a los
partidos de izquierda como aliados del independentismo catalán. Numerosos
balcones de viviendas andaluzas se han llenado de banderas de España manifestando
de esta forma su temor a que “España se rompa”. Sin duda en un sector han influido
estos mensajes y los ha llevado a entregar su voto tanto a Ciudadanos como a
Vox, por ver en ellos de una forma ciega a los verdaderos defensores de la “unidad
de la patria”.
Hay otro factor que,
resulta triste decirlo pero que, a estas alturas de nuestra democracia, puede
haber influido en un sector del electorado. Frente a los avisos “indirectos” de
Susana Díaz del riesgo de que la derecha se junte y gobierne en Andalucía -algo
que finalmente puede ocurrir- han surgido los mensajes de las tres derechas,
Ciudadanos, PP y Vox, de airear el “fantasma del comunismo” al hablar del riesgo
de un gobierno “social-comunista” en Andalucía. El electorado en general, y por
supuesto también el de Andalucía, si su nivel de formación política es bajo
puede ser fácilmente influenciable por mensajes como los que han lanzado en
esta campaña la derecha y la extrema derecha.
Seguramente ninguno de
estos factores ha influido de forma independiente en la decisión de voto de los
andaluces. Hay motivos para pensar que ha sido la suma de todos ellos la
explicación del terremoto político que se produjo ayer en Andalucía.
Después de estas reflexiones, y a pesar del resultado de las elecciones andaluzas, creo que hay motivos para el optimismo. Lo ocurrido en Andalucía es un aviso o una especie de “vacuna” para lo que pueda ocurrir en las próximas elecciones generales. Pronto se sabrá lo que significa que en el Parlamento de Andalucía haya 12 diputados de Vox, de ello se encargarán los partidos constitucionalistas y hay motivos para pensar que cuando lo que esté en juego sea el gobierno de España, los españoles reflexionarán y evitarán el desastre.