Siento no poder contestar a esta pregunta con precisión, pero
sí creo que pueden aportarse indicios y actuaciones del presidente del gobierno
tendentes a conseguir un objetivo muy claro.
La moción de censura ganada el pasado mes de junio por el
PSOE, ha dejado descolocado a Albert Rivera al dar al traste con sus intentos
de que se adelantaran las elecciones para aprovechar los excelentes datos que
reflejaban las encuestas electorales. Por otra parte el PP, con el flamante
liderazgo de Pablo Casado, intenta recuperarse de las secuelas de haber sido
desalojado de la Moncloa como consecuencia de los escándalos de corrupción que
afectaban al partido desde hace años.
Ambos partidos, además, se disputan la primacía en el espacio
político que tradicionalmente ha ocupado la derecha. Albert Rivera encabeza la
lucha contra el separatismo catalán participando incluso en la retirada de los
polémicos lazos amarillos. Pablo Casado, se desmarca de esas actuaciones del líder
naranja e incluso las tilda de provocación. Sin embargo tanto uno como otro
piden ya a Sánchez que aplique de nuevo en Cataluña el artículo 155. Pero el enfrentamiento
entre Ciudadanos y el PP se hace evidente en mas escenarios. El más reciente es
la decisión de Ciudadanos de romper el pacto de investidura con Susana Díaz, lo
que llevará a un adelanto electoral en esta comunidad autónoma. El presidente
del PP andaluz, Juanma Moreno, ha reprochado a Ciudadanos que argumente para
romper el pacto los incumplimientos en materia de regeneración, cuando ha sido
precisamente este partido el que ha limitado la investigación del escándalo de
los cursos de formación y no ha impedido el exceso de altos cargos en
Andalucía.
Este enfrentamiento entre Ciudadanos y el PP deja libre
buena parte del espacio político de centro que tradicionalmente decide el
resultado de las elecciones. En este sentido hay motivos para pensar que Pedro
Sánchez se está frotando las manos por las posibilidades electorales que le brinda
este enfrentamiento entre las dos formaciones conservadoras. Pero la línea
principal de su actuación política se mueve en su negociación con Podemos para
pactar los presupuestos. El apoyo de Pablo Iglesias para llevar adelante el
programa de políticas económicas y sociales, con las que se comprometió al llegar
a la Moncloa, es sin duda imprescindible para mantener la estabilidad del
gobierno, más allá de los 84 diputados socialistas. Aunque hay “piedras en el
camino”, sobre todo para obtener vía impuestos los ingresos necesarios para sufragar
el incremento del gasto en políticas sociales, parece que las negociaciones
avanzan y los dos líderes expresan su confianza en alcanzar el acuerdo. Si
finalmente las negociaciones llegan a buen puerto y el PSOE fortalece su gobierno
con el apoyo de Podemos, resulta evidente que el crecimiento electoral del PSOE,
que ya reflejan las encuestas se vería incrementado.
Pero debemos también poner sobre la mesa un escenario menos
optimista, y es que al final no se aprueben los presupuestos, tanto por la oposición
frontal de Ciudadanos y PP, como por la falta de apoyo por parte de los
partidos nacionalistas que ayudaron a Sánchez a ganar la moción de censura. De
ser así las cosas Pedro Sánchez se vería abocado a disolver las cámaras sin
conseguir su objetivo de agotar la legislatura. En esa situación el PSOE podría
manejar en la campaña electoral, el incuestionable argumento de que PP y
Ciudadanos no le han permitido gobernar y llevar adelante las políticas
sociales y de reversión de recortes que esperaban los sectores mas afectados
por la crisis económica. En el terreno de la especulación y siendo así las cosas
hay motivos para pensar que el electorado daría su apoyo en las urnas al PSOE y
Podemos para formar un gobierno fuerte que devuelva a los sectores más desfavorecidos
lo que la crisis económica y el gobierno del PP les negó.
En cualquier caso, la verdadera estrategia de Pedro Sánchez
solo él la sabe pero con seguridad tardaremos poco en conocerla todos los
españoles.