Almagro, cita ineludible con el teatro clásico internacional
Cultura | 23/07/2018
En esta 41 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico, acogió el estreno de La Dama Duenda, una comedia de enredo perteneciente al género de capa y espada tuvo sus luces y sus sombras.
Esta obra cómica en verso de Calderón de la Barca ambientada en Madrid refleja a través del humor, la parodia y la búsqueda de la identidad y el conflicto entre la propia personalidad o la mejor forma de mantener las apariencias.
El estreno de la representación de esta ingenioso texto teatral ha esta marcado por luces y sombras, siendo estas últimas las responsables de no conseguir enganchar a un público que llenó el aforo del Hospital de San Juan, escenario donde se representó esta obra teatral.
La principal sombra ha sido la deficiente calidad del sonido pese a la instalación de varios micrófonos a lo largo de todo el escenario. Si a esto se le une la mala dicción y proyección de la voz de varios de los actores el resultado es nefasto haciendo que el público pierda gran parte del texto y sobre todo los matices del mismo. Como excepción, sólo Álvaro de Juan y Cecilia Solaguren, ambos intrepretando el papel de criados de los dos protagonistas consiguieron estar a la altura.
El exceso histriónico, de Marta Poveda encarnando a la protagonista de la obra, Doña Ángela hizo poco creíble su personaje, una pena cuando este estaba lleno de ricos matices que no fueron aprovechados por la actriz. Al mismo tiempo, intentando disimular con escaso éxito un olvido puntual del texto.
El contrapunto del personaje de la protagonista, Don Manuel, interpretado por Rafa Castejón, tuvo momentos muy fríos que al igual que su partenaire no hicieron que su personaje resultase cuando menos aceptable.
La excepción a todo el elenco fueron las actuaciones de tanto el criado del protagonista como la criada de la misma, con una perfecta dicción y un equilibrio magistral a lo largo de todo el desarrollo de dicha representación teatral.
Al mismo tiempo, la selección de los diferentes fragmentos musicales así como la escenografía y el vestuario han sido impecables.
En definitiva, un texto teatral en verso ingenioso, divertido y cargado de matices muy desaprovechado que no consiguió enganchar con el numeroso público asistente pese a los forzados saludos que provocaban los actores con las continuas salidas sin solución de continuidad para forzar un aplausos escasos de entusiasmo