“…hijo de amor, de una noche de invierno, tu
condición de abandonado te construyó con argamasa agreste….”( Pablo
Neruda – Canto a Bernardo O´Higgins).
El abandono y la pobreza en
la infancia es una realidad histórica en Chile hoy sobre las dos decimas
porcentuales nos marcan un preocupante escenario que nos sitúa cuesta arriba
para construir el futuro de los niños dentro de objetivos sostenibles acordados
por los estados de la ONU.
Nuestro país, aun con todos
los esfuerzos de cada gobierno, no ha tenido la mejor nota y por debajo de lo
esperado en fin de la pobreza, hambre cero, salud y educación de calidad para
los niños. A discrepancia de los objetivos de aseguramiento de producción y
consumo sustentable ocupamos el lugar 26, sin embargo en aseguramiento de salud
y bienestar descendemos a los últimos lugares bajando el promedio. No olvidemos
que la UNICEF se basa en la pobreza relativa para medirla, en los indicadores
internos se mide la pobreza absoluta, por ello, la encuesta CASEN el porcentaje
de niños en situación de pobreza es preocupante, ya que son bastante altos.
Como Presidente Ejecutivo de
la única Institución creada por Ley para la promoción de valores cívicos en la
Educación de Chile hago un llamado urgente con ocasión de un pronto reinicio
del segundo semestre del año escolar se realicen todos los esfuerzos necesarios
para garantizar a todos los niños y adolecentes del país puedan ejercer su
derecho a la educación en un ambiente protector que tienda por sobre todo a
otorgar herramientas a los niños para la superación de la pobreza.
Debemos recordar que la
educación además de ser un derecho fundamental es reconocido por la Convención
sobre los derechos del niño como un derecho que contribuye a la materialización
de otros derechos fundamentales.
Cabe mencionar que el
derecho del niño a la Educación es un ejercicio que el Estado de Chile debe
velar para que se ejerza progresivamente y en condiciones de igualdad de
oportunidades a este derecho y deberá en particular adoptar las medidas para
fomentar la asistencia regular a las escuelas y reducir las tasas de deserción
escolar.
Una herramienta para que
nuestros niños sobrevivan y prosperen implica reducir los factores
socioeconómicos asociados a la salud y educación, incrementando el acceso a los
servicios de salud y calidad de la atención médica; como también el acceso a
las escuelas y calidad en la educación.
Los índices de pobreza son preocupantes, los
grados de violencia intrafamiliar y extrafamiliar no han cambiado y los niveles
de exclusión se mantienen en los últimos 20 años. Actualmente cercano a un
millón de niños y adolecentes experimenta algún tipo de pobreza, lo cual equivale
a que uno de cada cuatro niños es pobre en Chile, esto es, en la primera
infancia, siendo niños menores de 5 años el sector más vulnerable de la
población.
Por ejemplo, el acceso a la Educación parvularia
es preocupante en nuestro país ya que 7
de cada 10 niños no están matriculados en jardines infantiles, siendo la
educación parvularia una posibilidad de aprendizajes sociales, culturales,
emocionales e intelectuales que sirven de base en la posterior educación
básica, media y superior del niño.
Se hace necesario desde lo público un sistema
de monitoreo de derecho del niño que proporcione datos específicos y precisos
que permita hacer un análisis pormenorizado sobre la infancia en Chile, en
especial considerando el porcentaje cercano al 30% de niños y adolecentes que
viven en la pobreza.
Todos los actores sociales debemos contribuir
en la construcción de conocimientos, habilidades y capacidades en los niños que
estimulen orienten de manera positiva, proactiva y responsable hacia un camino
solido y sistemático para la disminución de la pobreza en un contexto de avance
hacia el futuro de lo económico, político, social, institucional y cultural de
nuestra República.