“Envidia: polilla del talento”
Envidia e inferioridad
El Diccionario de la Real
Academia dice de la envidia que es "la tristeza o pesar del bien
ajeno", pero esta definición parece algo pálida si consideramos las
múltiples manifestaciones de este fenómeno psicológico. Para empezar, señalemos
que de la tristeza del bien ajeno a la alegría por el mal ajeno sólo hay un
paso, y a esta última también la categorizaríamos como envidia.
Melanie Klein (1988)
define la envidia como
el sentimiento de enojo que se tiene cuando otra persona posee y disfruta algo
deseable, siendo el impulso envidioso el de quitárselo o echárselo a perder.
Kant (Kant,
citado en Borg, 1988) se refirió a la envidia cuando una persona ve con dolor
el bien de los demás, aún cuando éste no acarre ningún daño para el bien propio
Hay muchas formas de envidia y
los sentimientos de inferioridad constituyen su piedra angular. La envidia no
puede ser entendida en todo su espectro sin considerar las sensaciones de
precariedad narcisista y las vicisitudes de las pulsiones agresivas en la infancia,
dentro del seno familiar. En efecto, las diversas modalidades de envidia no son
sino un eco de los sentimientos de inferioridad y rivalidad sufridos por el
niño en su desarrollo psicológico, con padres, hermanos y otras figuras
significativas.
La envidia instaurada en el
carácter del adulto es, por lo general, una reacción ante las experiencias de
pequeñez y desvalimiento de la infancia. Esto da cuenta de su universalidad y
su frecuente irracionalidad. En cada persona, la intensidad de la envidia estará
en función de sus sensaciones reprimidas de insignificancia. Las
manifestaciones de la envidia generalmente nos dirán más de los sentimientos de
inseguridad del envidioso que de la personalidad del envidiado.
¿Porque envidiamos?
Porque al
compararnos socialmente con otros surgen nuestras deficiencias o carencias,
pues siempre hay alguien mejor que nosotros. Así, socialmente la
llamada “envidia de la buena”, sería lo mismo que la “envidia de la mala”, pues
en esencia se trata de una conducta negativa.
Según Parrot
(1991) durante un episodio de envidia se presentan las siguientes
características:
1. Deseo por lo
que la otra persona tiene, deseo frustrado,
2. Inferioridad:
tristeza de las propias carencias o de la inferioridad en relación con la
persona envidiada; angustia por el estatus propio; desesperación ante la
posibilidad de no tener lo que la persona envidiada tiene,
3. Resentimiento
enfocado sobre el agente: resentimiento hacia una persona o un grupo
específico; desagrado por su superioridad; enojo y odio hacia los que se
suponen responsables;
4. Resentimiento
global ante la injusticia de las circunstancias o el destino;
5. Culpa por
sentir mala voluntad hacia el envidiado; creer que sentir rencores es
incorrecto, y
6. Admiración,
emulación del envidiado o identificación con el envidiado
La envidia es maladaptativa
porque estropea y, en ocasiones, anula completamente el placer de la
admiración, el gozo de la amistad, la utilidad del compañerismo y la
solidaridad, el júbilo por los logros de otros, la contemplación de la belleza,
de la habilidad, del ingenio y, también a veces, el simple deseo de emular al
mejor.
Sin embargo, la envidia es en sí
una defensa; a saber, una defensa contra la percepción de la propia
inferioridad: se odia a otro para no sentir odio contra uno mismo. Astuta y
algo cínicamente, Unamuno dijo que en nuestra tierra de envidia proverbial,
bien podría existir un precepto que rezase, "Odia a tu prójimo como a ti
mismo". Así pues, por una parte, tenemos la mortificación narcisista
inherente a la sensación de inferioridad; por otra, el odio a los semejantes,
que es censurable para el Superyó. Aquí no hay deleite. En palabras de Antonio
Machado, el envidioso "Guarda su presa y llora lo que el otro alcanza; /
Ni pasa su infortunio ni goza su riqueza". Por consiguiente, el penoso
sentimiento de la envidia ha de ser objeto, a su vez, de otra defensa
psicológica. Una de ellas es la proyección. Por medio de ésta, el sujeto logra
convencerse de que el sentimiento envidioso le es ajeno y de que él es el
envidiado; pero, ¡ay!, entonces temerá que los males que le deseó al prójimo se
vuelvan a modo de bumerán contra él. A propósito de este mecanismo, Sigmund
Freud (1919) hizo la siguiente reflexión: "Quien posee algo precioso, pero
perecedero, teme la envidia ajena, proyectando a los demás la misma envidia que
habría sentido en lugar del prójimo”. No significa esto que a veces no se
tengan razones realistas para temer las consecuencias de la envidia del
prójimo; lo que significa es que, frecuentemente, ésta se debe a razones
idiosincrásicas y, por lo general, inconscientes.
1.- Reconoce que tienes envidia
“Grande es aquel que para brillar no necesita
apagar la luz de los demás”
La envidia brota de forma
espontánea y natural. No trates de reprimir o negar este sentimiento. Acéptalo
y trabaja para transformarlo en algo positivo. La envidia es un sentimiento que
cuesta reconocérnoslo a nosotros mismos: pocas cosas nos hieren tanto como que
nos digan “tú lo que tienes es envidia”. A
menudo y sin darnos cuenta, la envidia que sentimos se expresa
indirectamente a través de críticas constantes hacia las personas que poseen
algo que ambicionamos o deseando que estas personas fracasen.Dice un proverbio
japonés que cuando todos estaban elogiando la cola del pavo real, el resto de
pájaros exclamaron “pero miren sus patas”. El envidioso arruina el placer ajeno
y siempre pone un “pero” ante los halagos ajenos.
2.- Analiza el origen de tu
sentimiento
“¿Por qué siento codicia por lo
que posee otra persona? ¿Qué es lo me creado una ambición tan desmedida?”
A menudo haber crecido en un
ambiente en el que se inculca la competitividad o se exige un alto rendimiento
personal genera más probabilidades de desarrollar una personalidad envidiosa.
Piensa que el origen de la
envidia está dentro de ti mismo, no culpes a los demás de los sentimientos que
tú tienes. Ten presente que eres tú quien creas tus propias emociones.
3.- Madura tu personalidad
“La envidia es una declaración de
inferioridad”, Napoleón Bonaparte
Una persona segura de sí misma, que
ha madurado, no siente envidia. Las personas con baja autoestima o inseguras
siempre están comparándose con los demás. Creen que no reúnen las suficientes
cualidades y se sienten inferiores. Las personas con problemas de autoestima
suelen mirar hacia fuera y no hacia dentro
Asimismo, las personalidades
narcisistas o egocéntricas, con ansias por destacar o ser el centro de atención
se sienten amenazadas por los éxitos y la felicidad de los demás. Sumidas en la
envidia, viven en continua competencia contra todo el mundo que tienen a su
alrededor.
De manera similar, las
personalidades muy perfeccionistas son también muy proclives a desarrollar
sentimientos de envidia. Los perfeccionistas sienten que no están a la altura
de sus propias expectativas o que no cumplen aquellos cánones impuestos por la
sociedad. Así pues, ante esto ,les invade una terrible sensación de fracaso que
les genera una tremenda ansiedad y les lleva a envidiar a los demás.
4.- No te compares con nadie
“La envidia es la gran adversaria
de los afortunados”, Jorge Luis Borges
Recuerda que siempre habrá gente
que tenga más cosas que tú, pero también menos. Unas personas destacarán por
una cualidades y otras llamarán la atención por otras virtudes. El envidioso es
un insatisfecho que secretamente siente mucho rencor contra las personas que
tienen algo que él desea, pero que cree que no puede, o a veces ni siquiera
intenta, alcanzar.
Un grado de ambición siempre es
aconsejable para superarse a uno mismo en la vida, pero nunca debe
fundamentarse en la comparación con los demás. La otra persona no es
forzosamente más lista o mejor profesional, sino que simplemente ha aprovechado
mejor sus oportunidades. Usa tu envidia de manera positiva como fuente de
motivación para lograr tus objetivos. Es mejor admirar que envidiar.
5.- Valora lo que tienes
“Después de escalar una montaña
muy alta, descubrimos que hay otras muchas montañas por escalar”
Piensa lo que tú tienes y
recuerda que siempre habrá cosas que te falten. Mira a tu alrededor y dentro de
ti. Recuerda a las personas que te quieren, fíjate en el paisaje que te rodea o
en tu salud… da gracias por lo que tienes de bueno en tu vida.
Quien sufre de envidia siempre
está insatisfecho consigo mismo y con lo que tiene. La persona envidiosa no
disfruta de sus propios logros porque está demasiado ocupada codiciando lo
siguiente que desea alcanzar.
6.- Ponte en el lugar del otro
“Cuando alguien juzgue tu camino,
préstale tus zapatos”
Piensa que no tienes pleno
conocimiento de la vida de la persona a la que envidias. A lo mejor tu jefe
tiene un excelente puesto de trabajo, pero puede que se sienta muy solo en su
vida personal. Puede ser que tu amiga esté dotada de una gran belleza pero a lo
mejor carece de tu inteligencia.
7.- Confía en ti mismo sin
subestimarte ni sobrevalorarte
“La confianza en uno mismo es el
primer secreto del éxito”
Tú no tienes que competir con
nadie ni demostrarle nada a nadie, sino que debes tratar de conseguir la mejor
versión de ti mismo.
8.- Establece tus propias metas
en función de tus posibilidades
“La envidia es el homenaje que la
mediocridad le rinde al talento”, Jackson Brown
Las referencias para guiar las
metas que una personas desea alcanzar deben ser siempre las propias
posibilidades personales y nunca lo que otros hayan conseguido. El afán de
superación puede servir para dirigir a la persona a lograr sus sueños, pero
primero uno debe conocerse bien a sí mismo para distinguir cuáles son sus
verdaderos deseos. Ten en cuenta que aunque veas muy feliz a tu hermano en una
casa en el campo llena de niños y sientas envidia, puede que eso no sea lo que
a ti te conviene o en el fondo desees.
9.- No te victimices
“Si actúas como una víctima, es
probable que seas tratado como tal”, Paulo Coelho
Ten en cuenta que la envidia
genera victimismo. En vez de responsabilizarnos de lo que tenemos en nuestra
vida, nos quejamos de lo que tienen los demás y tendemos a culparles por los
males que padecemos.
Esta tendencia además tiende a
deformar la realidad viendo todo lo que nos rodea exageradamente negativo, así
creemos la botella está “medio vacía” en lugar de “medio llena”.
Por eso, debes establecer tus
propios objetivos y metas enfocando en ellos tu energía evitando caer en la
espiral de rencor. Acepta tu vida tal como es, puedes cambiar en ella lo que no
te guste, pero sin compararte a través de la envidia. Además piensa que tú no
pierdes nada porque al otro le vayan magníficamente las cosas.
10.- Busca el lado positivo de
las cosas
“La persona más feliz no es la
que más tiene, sino aquella que aprovecha mejor lo que tiene”
Procura mirar la vida con
optimismo. Estos significa “ver lo bueno antes que lo malo”. En vez de tener
pensamientos tales como “mi vida es un desastre, nada me sale bien”, es muy
útil decirse a uno mismo frases motivadores tales como “todo va a salir bien,
debo esforzarme y tener confianza” o buscar el lado positivo ante los fracasos:
“la próxima vez lo haré mejor, voy a salir adelante”.
Por eso, vive el presente de la
mejor manera posible tratando de no angustiarte u obsesionarte con el futuro.
Es importante ser responsable o previsor, pero también lo es disfrutar de los
pequeños logros, de lo que ya conseguiste y de las personas que te quieren.
11.- Evita criticar a los demás
“Lo que criticas en otros, está
en ti. Lo que no está en ti, no lo ves”, Alejandro Jodorowski
El alimento de la envidia es la
crítica. Los comentarios destructivos generan infelicidad en nuestro interior
alimentando la ira y el rencor hacia el prójimo. De hecho, la mayoría de las
críticas no son constructivas. Para disolver el sentimiento de envidia,
deberíamos reconocer los méritos logrados por los demás y sus virtudes. Por
ejemplo, no pensar “saca las mejores notas de la clase porque es un asqueroso
empollón”, sino “saca las mejores calificaciones porque es una persona muy
trabajadora” y un paso más allá sería poder animarnos a nosotros mismos: “Yo
también puedo mejorar mis notas si trabajo más”.
12.- Aléjate de personas
envidiosas
“El que habla de los defectos de
los demás, con los demás habla de los tuyos”, Denis Diderot
Si a tu alrededor hay personas
que sólo presumen de sus logros para hacerte sentir mal o que continuamente
critican y desprestigian a los demás, aléjate de ellos porque no te aportarán
una relación de amistad sana. Mañana puedes ser tú su objeto de envidia,
imagina lo que dirán de ti a los demás o lo que harán para desprestigiarte.
13.- Evita la tentación de fisgar
en la vida de los demás en las redes sociales
“Nadie que confía en sí mismo,
envidia la virtud del otro”, Marco Tulio Cicerón
Con las redes sociales nos vemos
atraídos a “cotillear” en la vida de los demás, a ver cómo disfrutan de sus
vacaciones, la ropa que visten o cómo pasan su tiempo libre. Según los
expertos, una de cada tres personas se siente mal e insatisfecha con su propia
vida tras visitar los perfiles de otras personas en la red porque no puede
evitar compararse con los otros.
Relativiza la información que
estás recibiendo: la gente sólo suele compartir momentos de disfrute personal y
no cuando tiene problemas. Trata de no idealizar la vida de los demás, recuerda
que sólo estás recibiendo una información parcial sobre ellos y, a menudo, es
la imagen que quieren proyectar y que puede ser bastante distante de la
realidad.
14.- Busca ayuda profesional si
la envidia te supera
“El silencio del envidioso está
lleno de ruidos”, Khalil Gibran
Haber sentido envidia en algún
momento es normal (“tú tienes eso y yo
también quisiera tenerlo”), pero una obsesión hacia algo o alguien puede
convertirse en un grave problema (“tú tienes eso, te detesto por ello y quiero
que dejes de tenerlo para que sea mío”). Tal y como se puede observar, la
segunda frase genera un sentimiento de envidia bastante más insano que la
primera.
De hecho, bastantes depresiones,
infelicidades o ansiedades tienen origen en sentimientos de envidia.