¿Dónde están los jubilados?
Ciudadanía | 02/03/2018
Todos los años escuchamos anuncios de aumentos en los montos de las pasividades, ajustes, quizá hasta los porcentajes de los activos que pasan a esa nueva categoría de vida o de los que ya lo son. Sin embargo, pocas veces miramos alrededor para ver, realmente, dónde están los jubilados.
Lo primero que vemos son colas en los cajeros, en las redes de cobro, las caminatas aceleradas de las caderas rumbo a comercios, supermercados, casas de crédito, almacenes de barrio, mutualistas y alguna comprita para los nietos. Ahí los vemos, despuntando cada mes. Después no los vemos más. ¿Dónde se meten? ¿Cómo están?
Es en ese momento cuando la agudeza (o la simple observación) nos revolea en la cara un tremendo (y silencioso) panorama.
Encontramos jubilados haciendo “changas”, armando muebles, dando clases particulares, limpiando una oficina (si los huesos dan), levantando un “galponcito” o podando ligustros, siendo garantes de algún crédito ajeno, alquilando una piecita que quedó libre en la casa familiar para apuntalar el puchero, yendo al médico y dejando una fortuna en remedios, pagando cuentas atrasadas y entrando a casas de crédito: a varias en un solo mes. Una importante cantidad de jubilados uruguayos de la franja básica tiene una deuda en préstamos que equivale a 5 veces su ingreso. 
No se necesita una consultora ni un censo para encontrar a los jubilados: con salir a la calle y preguntar, ya alcanza.
Los jubilados están trabajando y endeudados. ¿Nadie los ve? Están en la misma categoría social que un activo pero con el agravante de pertenecer a un mercado paralelo, que no puede aportar porque ya lo hizo (hay excepciones, claro), que debe dinero hipotecando su vida (fácilmente) hasta un año y medio para adelante, teniendo además la triste realidad de que “el futuro” a la hora de envejecer se convierte en “presente”.
La denominada “nueva política” parece que no los ha visto todavía. En plan de renovación absoluta, prometiendo excelsas etapas pero después de las urnas, la dirigencia tampoco se dio cuenta de dónde se meten los jubilados después del 10 de cada mes.
El Estado, sus políticas, les acerca la tecnología (que está perfecto) y algún que otro aumento pero… ¿vieron dónde y cómo están?
Tal vez uno tenga una concepción minimalista de la realidad pero es ingrato pensar que un jubilado primero fue “un activo y un voto”, luego “un pasivo y un voto” y mañana sólo será…”un voto menos”.
Duele ese razonamiento. Duele porque a todos, más acá o más allá, nos llegará la vejez y la pasividad, aunque la realidad laboral, cada día más, nos haga dudar de “dónde y cómo estaremos” cuando seamos (¿seremos?) jubilados.-

Comentarios

Esta columna aún no tiene comentarios.
BUSCAR
volver a vista clásica