Es una afección mental en la cual una persona presenta ceguera, parálisis u otros síntomas del sistema nervioso (neurológicos) que no se pueden explicar por medio de una valoración médica.
La gente que padece el trastorno de conversión no está inventando (simulando) los síntomas. Algunos médicos falsamente creen que el trastorno de conversión no es una afección real y pueden decirle a las personas que "todo el problema está en su cabeza". Sin embargo, esta afección es real, causa angustia y no se puede controlar a voluntad.
Síntomas
Los síntomas de un trastorno de conversión involucran la pérdida de una o más funciones corporales, como:
Ceguera Incapacidad para hablar Entumecimiento Parálisis
Los síntomas más comunes de este trastorno son:
Un síntoma debilitante que se inicia repentinamente.
Antecedentes de un problema psicológico que mejora después de que el síntoma aparece.
Falta de preocupación que generalmente ocurre con un síntoma grave.
En los últimos años, diversas técnicas de neuroimagen funcional se han usado para detectar las alteraciones neurológicas presentes en los trastornos conversivos, tratando de identificar los correlatos neurológicos específicos en este tipo de trastornos. La gran mayoría de estos estudios se han centrado en la parálisis conversiva o la ausencia de movimiento, y unos pocos en los déficits sensoriales.
El rol de la inhibición activa ha sido recientemente demostrado en algunos estudios de imágenes funcionales (Marshall 1997, Tiihonen 1995, Mailis-Gagnon 2003, Vuilleumier 2001, Spence 2000):
•En un estudio de flujo sanguíneo con tomografía de emisión de positrones en un caso de parálisis crónica y total de la pierna izquierda, los intentos del paciente de mover el miembro paralizado fallaron en activar la corteza motora primaria derecha, activándose en su lugar la corteza orbitofrontal derecha y el cíngulo anterior derecho (Marshall 1997). Se consideró que estas áreas activadas serían responsables de la inhibición de la corteza premotora derecha y sensorio-motora primaria, y de la Revista Memoriza.com 2010; 6:1-14 ISSN 0718-7203 7 parálisis resultante. Esta inhibición activa sólo se hizo manifiesta cuando el paciente intentaba concientemente mover la pierna afectada. No se observó asimetría de actividad entre las cortezas motoras estando el paciente en reposo.
•Un patrón similar de activación simultánea de áreas inhibitorias frontales derechas e inhibición de corteza somatosensorial derecha fue encontrado en un caso de parálisis y parestesias en hemicuerpo izquierdo, estudiado con SPECT durante estimulación eléctrica del nervio mediano izquierdo (Tiihonen 1995). Después de la recuperación neurológica, los patrones de perfusión se normalizaron.
•En un estudio de resonancia magnética funcional de pérdida de sensibilidad psicógena, la estimulación táctil y dolorosa desactivó o falló en activar las cortezas somatosensoriales primaria y secundaria y las redes subcorticales asociadas. Simultáneamente, y en forma similar al estudio de Marshall (1997), la corteza cingulada anterior fue activada, pero sólo durante estimulación sensorial no subjetivamente percibida. Entre otras observaciones, los hallazgos del estudio sugirieron un procesamiento cognitivo o atencional anormal durante los estímulos no percibidos (Tiihonen 1995).
•En un estudio de SPECT de déficit sensorio-motor unilateral agudo psicogénico, la vibración pasiva aplicada de forma bilateral produjo hipoactivación del tálamo, caudado y putamen contralateral al déficit, el que se resolvió con la recuperación neurológica. Este estudio no mostró regiones de actividad cortical significativamente asimétrica (Vuilleumier 2001). Los estudios de imágenes funcionales proveen una evidencia creciente que apoya el rol de la inhibición activa en la génesis de los déficits psicógenos. La formación de síntomas que depende de la inhibición activa explicaría por qué los déficits neurológicos son menos severos cuando el paciente es distraído y viceversa (Hurwitz 1989). Los hallazgos del examen neurológico también son consistentes con la hipótesis de inhibición cortical y subcortical controlada y moldeada por centros cerebrales de orden superior. Un déficit neurológico orgánico originado en la corteza debería producir un patrón de daño típico, como por ejemplo, la distribución piramidal de la paresia en un paciente que consulta por parálisis (Hurwitz 1989). Sin embargo, en el caso de los pacientes conversivos, las creencias fisiológica y anatómicamente erróneas mediadas por centros cerebrales de orden superior logran inhibir áreas corticales y subcorticales de modo que se crea un patrón neurológico incompatible con lesión orgánica.
Finalmente, el rol de las creencias en los síntomas y signos moldeados según las creencias del paciente, provee una explicación coherente y consistente para ciertas presentaciones neurológicas psicogénicas que incluyen síntomas positivos, como convulsiones psicógenas y trastornos del movimiento psicógenos (Miyasaki 2003). En el examen neurológico éstas serían reconocibles como tales al ser inconsistentes con los patrones orgánicos conocidos.
La evaluación minuciosa y exhaustiva del paciente es fundamental para identificar factores gatillantes y predisponentes al cuadro conversivo, así como para la correcta valoración de patologías orgánicas que puedan explicar la sintomatología. La identificación de estresores específicos como conflictos familiares, la sospecha de ganancia secundaria conciente y la historia de abuso sexual, físico o emocional son críticos en esta evaluación.