El decaimiento del Estado Nación
Ciudadanía | 25/02/2017
Se vive un deterioro creciente del Estado Nación, principalmente por un orden internacional que ha atado de manos la soberanía para permitir en la desregulación que el Estado no genere empresas, no asegure derechos de la población, abra puertas, no fiscalice, sea mano blanda con los evasores, pero duro represor de quienes sean contestatarios, opositores, antisistema.
En este decaimiento del Estado como máxima expresión de organización social, como entidad que debe velar por la integridad territorial, por la historia y símbolos patrios, por el lenguaje, la seguridad, la salud, la protección social, los equilibrios macroeconómicos, el interés fiscal, el castigo a la evasión de impuestos, a la usura, la corrupción, ese Estado que asegura un orden social, hoy hace agua.
Ninguneado por las multinacionales que derrocan o amenazan con ejércitos privados mercenarios en defensa de su ocupación planetaria, el Estado está encogido, sin autoestima, porque no ha habido un liderazgo de un Estadista que guíe al país a un progreso armónico, impulsando una infraestructura que proteja al país de invasiones, catástrofes naturales.El Estado que se extraña es el que deja espacios para la iniciativa privada, el que conjuga con ética pública la inversión privada asociada a lo público, pero pensando en el país, en el largo plazo.
La debilidad del Estado puede llevar a que desaparezcamos, a que nos ocupen, nos particionen o nos compren. Lo terrible es que habría muchos vendepatrias dispuestos a negociar. La perspectiva no es fatalista ni conspirativa, estamos manejados por élites que sirven a intereses foráneos, sintiéndose pertenecientes a ese orden exclusivo de lo supranacional, y cuando ocupan cargos con autoridad, se sirven de ello para el nepotismo, el enriquecimiento ilícito, la impunidad y la colusión con quienes debían fiscalizar.
Hoy conversábamos de la débil convicción patriótica que sufrimos como sociedad y esto es dramático porque perdemos identidad, autoestima, proyectos colectivos, sueños de país. los organismos públicos son manoseados por el populismo clientelista, que genera burocracias para pagos de favores o mantiene plantas paralelas en desmedro de la carrera funcionaria y la probidad.
La democracia es cada día más feble porque la institucionalidad se ha deslegitimado.Y no se escucha ni en la política,la cátedra, el Congreso o la prensa, un debate serio sobre estos temas de fondo. Vamos siendo arriados con anteojeras y cabizbajos hacia un destino que otros determinan. La libertad es una utopía pendiente.
Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz, 23/02/2017. @hnarbona en Twitter.
Una mirada libre a nuestro entorno