En la política chilena se ha tocado fondo. La ciudadanía abre sus
propios cauces de expresión y aparece la urgencia de construir un nuevo pacto
social, que ponga fin a un sistema concentrador de la riqueza y depredador de
las personas y de la naturaleza. Hay una impronta ciudadana y una resistencia
del sistema por mantener el statu quo. La siguiente reflexión cívica se enmarca
en el diálogo y el debate de ideas.
Establecer consensos mínimos para un nuevo trato. Un Estado
que recupera sus atribuciones, que pueda invertir y gestionar, asociarse con
privados en un marco de transparencia y fiscalización pública.
Un Estado que fiscalice de verdad; un Estado que procura un
desarrollo armónico, que no es igual a crecimiento anárquico y en libertinaje.
Un Estado con honestidad, que tenga un sistema de mérito,
sin plantas paralelas a contrata, con efectiva coordinación horizontal, sin
feudos ni cuoteos, con gestión moderna,
descentralizada y con regiones con facultades de gestión directa de sus
proyectos.
Si se elimina la camisa de fuerza del Estado Subsidiario, el
Estado se podrá hacer responsable de asegurar salud pública, previsión social y
educación en un eje público de calidad, sin perjuicio de que existan los
seguros, las clínicas, colegios y universidades privadas.
Un sistema judicial que no sea "garantista" con
los delincuentes y sí protector con las víctimas; Municipios que tengan control
ciudadano con rendiciones de cuentas cada dos años, auditadas por la
Contraloría General de la República.
Regiones que puedan articular proyectos de inversión
extranjera en forma directa, generando alianzas estratégicas, procurando
sustentabilidad y racionalidad en la asignación del recurso territorial.
Que no sean los poderes fácticos los que deciden, como
ahora, los destinos de las comunidades locales, con tráficos de influencias e
irrespeto a lo local y regional.
Cambiar la actitud de los políticos y sus máquinas con
facilitación al surgimiento de nuevos movimientos políticos que puedan diversificar
y hacer más pluralista la visión de país.
La República ha estado desde el 11 de septiembre de 1973
sojuzgada a un orden de cuño imperial, donde las élites gobernantes - lo ha
comprobado la mayoría de los chilenos - han sido meros y obsecuentes servidores
del sistema, sin tocar ni remotamente las bases del sistema neoliberal,
reduciendo al Estado a su mínima expresión o corrompiendo su esencia.
Conversar de estos temas es un deber cívico que se debe
ejercer como derecho inalienable. Pero conversar es escuchar y respetar la
opinión diferente.
Generar un consenso democrático mínimo, factible, que de
gobernabilidad requerirá abandonar mesianismos, dogmas, fanatismos ideológicos,
intereses personales o de grupos.
Es una emergencia cívica crucial, pues es como caminar por
delgado desfiladero en medio de turbulencias y cada paso cuenta, cada gesto,
cada compromiso personal, barrial, gremial, sectorial, local, todos son
eslabones para poder cruzar sin caer en los riesgos de ingobernabilidad o
vacíos de poder que quieran aprovechar poderes amenazantes que pueden estar
dentro o fuera de nuestras fronteras.
Es el desafío de la
segunda independencia, que quiera Dios podamos alcanzar a vivir como
generación.
Hernán
Narbona Véliz, Periodismo Independiente, @hnarbona en Twitter. periodismo.probidad@gmail.com 28 de Agosto de 2016.