Entre frenos y necesidades
Economía | 04/08/2016

Los datos preliminares indican que la economía mexicana se está desacelerando: en el segundo trimestre del año se produjo una contracción estimada en 0.3 por ciento frente al trimestre anterior, de acuerdo a las cifras parciales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). La situación se debe a una disminución de la actividad en el sector industrial así como al estancamiento en el sector de servicios. De esta manera, la tendencia de las previsiones de los analistas y los organismos nacionales e internacionales se confirma a la baja, con un recorte en las expectativas de crecimiento. Nos encontramos ante una economía que se está frenando y que no muestra señales de poder evitarlo. 

No es casualidad que todos los años pase lo mismo: que se estimen cifras favorables para el crecimiento pero que luego se vayan recortando por diferentes motivos, hasta llegar a un cierre de año con un repunte mediocre. Deberíamos plantearnos qué es lo que está fallando para que siempre sea así: o nos equivocamos en los pronósticos optimistas a principios de año o nos equivocamos por el camino para terminar minimizando todo lo bueno que pudimos haber logrado. Lo cierto es que volveremos a cerrar un año perdido, con un incremento de precios que supera a la generación de riqueza, y con un repunte que no alcanzará para atender necesidades urgentes en los sectores más empobrecidos. 

Más allá de una desaceleración repetida, deberíamos reflexionar sobre los frenos que impiden un crecimiento importante y no sólo repartir culpas entre factores coyunturales sobre los cuales no tenemos control, como la situación de Estados Unidos, las remesas o la fluctuación del dólar. La falta de competitividad, la baja productividad, la precariedad educativa y la falta de innovación que todos los años se reflejan en estudios de organismos internacionales representan verdaderos contrapesos para cualquier estrategia de crecimiento sostenido. Y si no solucionan problemas estructurales, no debe sorprendernos que ante cualquier eventualidad se frene la economía y no haya variaciones favorables en los niveles de pobreza o empleos. 

La economía mexicana es de naturaleza lenta, pesada y con pocos reflejos. Con una fuerza laboral que ha sido descuidada en su formación y castigada con los salarios bajos del mercado, lo que ha llevado a tener un país que trabaja más horas que la mayoría pero que no puede obtener los mismos resultados productivos ni los mismos ingresos. Cuesta emprender, cuesta innovar y cuesta sobrevivir en medio de un sistema de privilegios que favorece a los más que tienen y no a los que más saben o pueden. En un entorno injusto y desigual, la mayoría de los frenos son internos, al servicio de intereses particulares y de la corrupción que se roba las oportunidades de mucha gente. 

Para levantar el vuelo, primero hay que quitar los frenos. Hay que atacar la corrupción y apostar por una formación que favorezca empleos de calidad. Lo primero que necesitamos es corregirnos desde dentro.  

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