Salven los emprendimientos
Economía | 20/07/2016

La falta de suficientes incentivos y apoyos para emprender un pequeño negocio es uno de los problemas importantes que tiene la economía mexicana. Recientemente, la Encuesta Nacional sobre Productividad y Competitividad 2015 reveló que el 42 por ciento de las micro, pequeñas y medianas empresas (MyPymes) muere antes de cumplir cinco años, debido fundamentalmente a la falta de financiamiento, el exceso de burocracia, la falta de capacitación y la competencia desleal que se da desde la informalidad. Los datos de la encuesta indican que en 2014 hubo más de 4 millones de micro, pequeñas y medianas empresas, de las cuales el 97.6 por ciento son microempresas y generan el 75.4 por ciento de los empleos.

En una economía que necesita generar empleos de calidad, sobre todo para atender a la economía familiar, las pequeñas empresas son fundamentales porque además de dar oportunidades laborales, permiten romper con la monotonía del mercado para llegar a una gran diversidad de sectores. Cuando es fácil emprender, lanzar un pequeño negocio y generar puestos de trabajo, entonces nos encontramos en un escenario dinámico en donde es posible crecer y mejorar. Pero, al contrario, cuando se limitan los emprendimientos y cuando no se favorecen a las pequeñas empresas, entonces estamos ante una economía poco flexible y muy complicada para generar oportunidades propias.

Emprender en los tiempos actuales es necesario pero difícil. Son varias las generaciones que han nacido y vivido siempre en crisis, por debajo de la línea de pobreza, en medio de precariedades y con un mundo laboral limitado. Y son precisamente ellos quienes más necesitan que se favorezca todo emprendimiento que facilite un empleo, una fuente de ingresos y una forma de vida. De ahí la necesidad de generar condiciones que permitan que una iniciativa se convierta en proyecto a largo plazo y no sólo en una aventura que terminará en la quiebra debido a las complicaciones financieras o burocráticas.

Una urgencia para dinamizar la pequeña economía es revisar las políticas de financiamiento y de apoyo a las microempresas: no puede ser que debido a la dureza de las reglas del sistema financiero se termine excluyendo al sector más importante en cuanto a generación de riqueza y empleo. Y hay que añadir que la burocracia tampoco apoya al imponer trabas y enredos que terminan por hacer que la gente opte por la informalidad a la hora de impulsar un negocio. Ni la burocracia ni las políticas fiscales deben ser verdugos de microempresarios, sino que deberían convertirse en incentivos y facilitar proyectos.

En la era del conocimiento y la innovación, impulsar proyectos propios es vital para renovar la economía. Por eso es necesario hacer una conjunción de esfuerzos: las universidades, el gobierno y el sector privado deben apostar por la formación de emprendedores y facilitar el camino para los proyectos, las microempresas y las iniciativas innovadoras. Si apoyan a los que emprenden, toda la economía lo agradecerá.

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