Si y es
natural que se preocupen ya que definitivamente los tiempos cambiaron, estamos
en el siglo XXI. Antes cientos y miles de
injusticias sucedieron en la triste de nosotros los humanos, pero los que las
cometieron quedaban anónimos al momento de sus abusos, robos y maldades, no había
lo que yo llamaría “la globalización de las comunicaciones” y en un vulgar
ejemplo lo ilustro, si hoy día un mandatario se resbala y cae al suelo en público,
por decir lo menos malo, en menos de 5
minutos decenas de millones de todo el mundo se están enterando y comentando………“globalización”
que en otro sentido se convierte en un
relativo freno a los desmanes de los “discutibles” que nos están gobernado. Por
eso la importancia de la libre expresión en los medios y escritos, es
fundamental.
Y comento
esto por lo último que estamos viendo en nuestra sufrida América. No estoy
contando a Cuba ya que después de más de 50 años de ultrajar a su pueblo,
a los Castro y camarilla poco les
importa que se comunique algo de ellos.
Ya tienen piel de cocodrilo y los
Chavistas maduros de Venezuela van por el mismo camino. Lo mismo pasa con el sandinista
de Nicaragua y tal vez un poco menos con el risueño Rafael en Ecuador.
Quedan Perú,
Chile, Uruguay (el menos), Paraguay, Argentina, Bolivia, Colombia, Brasil y el
resto de países centroamericanos incluyendo México. No quiero volver a
contarles lo que ya Uds. conocen y que
sucede ahora con la ex presidenta de Argentina, con la presidenta del
Brasil y su “socio” Lula, los papeles de Panamá y cientos de otros “destapes”
que nos llegan por los medios.
Y es que
eso es bueno porque de alguna forma, se empieza a convertir dependiendo del tipo de piel, en un freno
para disminuir los abusos y desmanes de cualquiera con mucho o algo de poder y que
esta “globalización en la comunicaciones” lo repito, ayude y tal vez cause algo
de “desvelo” y preocupación a ese casi batallón de “elegidos” servidores
públicos que tenemos en América y que de servidores no tienen nada. Algunos de ellos con una pasión por
perennizarse en el poder, salvo las honrosas y pocas excepciones que siempre
existen.