Hay un tiempo para cada cosa.
Ciudadanía | 29/02/2016

Con un enunciado tan simple especulemos algo que puede marcar la diferencia entre el vivir sereno y el intranquilo temor de la espera, que nos marca la felicidad de la angustia existencial.

 

Es una mala costumbre el querer que cualquier resultado finalice en el tiempo que nosotros decidimos y con los resultados previstos o calculados. Y es malo también ignorar que hay algo en los acontecimientos cualquiera que sean, que están regidos por esa especie de ley que nos dice que “todo tiene su tiempo”. Nada sucede ni antes ni después y que al final concuerdan una infinidad de sucesos que hacen que el hecho esperado finalice lo más dispar a lo que nosotros calculábamos. Ya la biblia lo menciona “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.”

 

No quiero decir que con estos precedentes no debemos ocuparnos y tal vez preocuparnos para conseguir cualquier objetivo en nuestras actividades, cualquiera que ellas sean, jamás, porque eso nos llevaría al resultado negativo no buscado por nosotros. Lo que quiero señalar es que agotados todos los esfuerzos para la consecución feliz de cualquier evento, debemos aprender por nuestra salud mental y física a esperar el mejor resultado en su debido tiempo. No es fácil  pero yo les diré por propia experiencia, que en cuanto a resultados en gran numero los finales no solo no acabaron con los resultados esperados sino en un tiempo que jamás se previo.

 

Hoy estoy viviendo un tiempo de espera de un final de un acontecer  que cambiara mi vida tremendamente de resultar como yo espero, por sanidad escribo este sentir para reforzar el concepto de que todo tiene un tiempo y que “hay un tiempo para cada cosa” y a él me someteré.

 

 

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