A propósito del día de los enamorados... El Origen de San Valentín
Cultura | 14/02/2014

La fiesta de san Valentín es una celebración curiosa. Para comenzar, en los países protestantes, donde está más arraigada, ni siquiera se acostumbra festejar a los santos y San Valentín, canonizado en el siglo III de nuestra era, jamás hizo nada que justificara la recordación del aniversario de su sacrificio como “Día de los Enamorados”. En cambio, en algunas regiones de Italia y Alemania se le invoca en casos de ataques epilépticos.

Las Fiestas Lupercales.

            Vida y obras de San Valentín son bastante oscuras. Empero se sabe que fue Obispo de Interamna y que sufrió la persecución del emperador Claudio, quien lo inmoló en Roma el 14 de Febrero de 270 d.C. Yace en un panteón de la Vía Faminia, en el lugar actualmente conocido como Puerta del Pueblo, donde se eleva en su honor una iglesia.

            Para desentrañar la historia del “Dia del Amor” hay que remontarse a la mítica fundación de Roma por Rómulo y Remo, los gemelos que fueron amamantados por una loba que vivía en una cueva del monte Palatino, una de las siete colinas de Roma. Ya fundada la ciudad se estableció la costumbre de recordar el acontecimiento en las fiestas Lupercales o fiesta de la gruta de la loba.

            Lupercus era también el nombre de un fauno (divinidad de los bosques con cuerpo de hombre y patas de cabra) considerado protector de los rebaños contra los lobos y contra la esterilidad. Su celebración implicaba un rito de la fertilidad, común desde tiempos inmemorables entre los pueblos mediterráneos y consumados a mediados de febrero, cuando se manifiestan los primeros signos de la primavera.

            En los tiempos del esplendor romanos las fiestas Lupercales eran solemnes. Nobles jóvenes, seleccionados entre los más apuestos, acompañaban a los sacerdotes del culto de Lupercus a la cueva del monte Palatino. Allí, después de sacrificar en el altar perros y cabras, los sacerdotes rozaban con el cuchillo ensangrentado la frente de los mancebos, quienes se limpiaban posteriormente con migajón de pan mojado en leche. Después de un banquete en el que corría generosamente el vino, desollaban a los animales sacrificados y hacían con su piel látigos. Los jóvenes salían corriendo de la cueva para golpear con ellos a los transeúntes, honor, que nadie rechazaba, sobre todo las mujeres que deseaban dar a luz a un varón.

            A mediodía los efebos eran sorteados entre las doncellas de la ciudad. En una caja se colocaban papeles con los nombres de las bellas y la suerte decidía quien sería pareja de quien durante el año entero en desarrollo. El cristianismo asimiló, transformándolos, diversos ritos paganos y San Valentín, por celebrarse su fiesta a mediados de Febrero, parece haber cargado con el paquete.

            Otros dicen que la costumbre de las aves de buscar pareja precisamente a mediados de febrero originó la tradición; hay también quienes consideran que la palabra Valentín no es sino un pronunciación deformada de la voz normanda “galantín”, que significa “adorador de la mujer”. La expansión de Roma y las posteriores invasiones de los bárbaros provocaron que muchas costumbres romanas fueran adoptadas por los pueblos nórdicos. La fiesta de San Valentín dejó de ser exclusiva de los países del Mediterráneo y se volvió universal. Una de las primeras menciones que de ella se hacen en la literatura inglesa es la debida al poeta Chaucer (1340-1400), quien escribió en su libro “Parliament of Fowls”: “Porque era la fiesta, de San Valentín, cuando cada tonto, escoge su afin…”.

            Y en el Hamlet , de Shakespeare, Ofelia canta: “Mañana es la fiesta de San Valentín, al toque del alba vendré por aquí; iré a tu ventana, que soy doncellita para convertirme en tu Valentina

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