De los colores y la gente que vive sobre el lago Inle, en Myanmar
Cultura | 30/10/2013
Temporada de lluvia en el lago Inle
Lis Sánchez/ Lago Inle, Myanmar

Después de vivir dos años en Bangkok, una metrópolis que recuerda aquella ciudad del futuro de Blade Runner (la película Ridley Scott), donde sobrevive una cultura milenaria con  los rascacielos, un tren aéreo y unos centros comerciales que muchas veces le hacen sombra, pero es fácil rastrearla en los olores de la comida, el cilantro, el chile y en sus templos.

Así, después de luchar por respirar aire limpio, no es difícil sorprenderse con los colores del lago Inle, en Myanmar. Ya había leído que era un lugar único, pero aquella sensación de estar en medio de un lago, con una pequeña cordillera que lo rodea y además; escuchar al atardecer nada más que los grillos y -a través- de un megáfono un monje que reza durante tres horas seguidas desde un antiguo monasterio budista cercano, queda muy cuesta arriba describir tantos detalles y tantas sensaciones que tocan los nervios entre tanto silencio.

Lis Sánchez/ Lago Inle, Myanmar
Lis Sánchez/ Lago Inle, Myanmar

 

Unos 45 minutos duró el vuelo desde Mandalay hasta Heho, una vez allí un taxi nos llevó por una hora de carretera con poco más que curvas y mucho verde alrededor hasta el comienzo del lago Inle, donde inmediatamente al llegar se respira el olor peculiar de ese lago dulce, inmenso, a unos 800 metros sobre el nivel del mar, con una temperatura deliciosa en la temporada de lluvia, a pesar o gracias a la lluvia.

Lago Inle
Lis Sánchez/ Lago Inle

Dejamos tierra firme y con ella un nudo en la garganta, de felicidad pero también de cierta tristeza, porque habíamos conocido a un grupo de niños en el orfanato del hermano Felice en Nyaung Shew, les dejamos una maletita con cuadernos, lápices y colores que traíamos para ellos. Antes de salir, mi hermana y yo nos dedicamos a leer blogs de otros viajeros y ya habíamos leído sobre este lugar de acogida de niños sin padres o con uno de los padres, pero en extrema pobreza.

Niños del orfanato del hermano Felice
Lis Sánchez/ Niños del orfanato del hermano Felice

Antes de montarnos en la barquita que nos llevaría 45 minutos lago adentro a nuestro hotel, jugamos un rato, los vimos correr, gritar, comer y muy disciplinadamente seguir su rutina, la cual incluía un padre nuestro antes del almuerzo, porque claro el orfanato fue fundado por el hermano Felice, un franciscano italiano que llegó después de la segunda guerra mundial a este rincón del mundo.

Nos despedimos de los niños,  y nos quedamos con el email del orfanato, para quien quiera contactar con ellos y en una de las visitar llevar alguna ayuda (que de otra manera es imposible, porque el correo no llega o sí llega desaparece en el camino) pererhan01@gmail.com.

Niños del orfanato del hermano Felice
Lis Sánchez/ Niños del orfanato del hermano Felice

Seguimos la ruta, dejamos el pequeño pueblo Nyaung Swe y nos montamos en la lancha a conocer los pueblos del lago, donde conviven los pueblos Intha (hijos del lago, la mayoría de ellos), Shan, Taungyo, Pa-o, Danu, Kaya, Danaw y Bamar. Después de 40 minutos de camino, comenzamos a ver palafitos, unas casas de madera que parece que crecieran del lago mismo y más allá una pagoda inmensa, dorada.Todo esto allí, en medio del silencio de un lago inmenso. Esta imagen -recuerdo perfectamente- me secó la garganta.

Al cruzar con otras lanchas vimos varias mujeres Pa-o, un pueblo con sus turbantes de rojos y sus vestidos coloridos, muy difíciles de no mirar y sonreír con ellas, por la sorpresa y complicidad mutua de ser distintas, pero al final mujeres, madres y trabajadoras. En este lado del mundo, las mujeres siguen sin derechos y caminando bajo la sombra del machismo que sigue explotándolas, como nos pasó al ver a las mujeres del pueblo Kayan o Padaung, a quienes nos llevaron a ver como si se tratara del hombre elefante, de las siamesas del circo o algo por el estilo.

Mujer Pa O, en el mercado de Nan Pan
Lis Sánchez/ Mujer Pao y su bebé en lago Inle

Las mujeres jirafa son mundialmente conocidas por llevar más de 20 anillos de cobre en sus cuellos, que en caso de que se los remuevan sus cuellos pueden tener severas fracturas que pueden ocasionarle el no poder soportar su cabeza. Una tradición como muchas, como laablación del clítoris en Africa quizá, pero que en el caso de la de estas mujeres Padaung supone en estos tiempos ya no un símbolo cultural, de belleza o estatus dentro de la tribu sino un ingreso para sus familias, ya que son visitadas por turistas de todo el mundo que sólo vienen a hacerse una fotografía con ellas y dejar una propina.

Un día y medio nos alcanzó apenas para recorrer el monasterio y un par de pueblos más: Ywa Ma y Nan Pan, donde pudimos estar en el mercado de la semana. Cada 5 días se organiza la venta de frutas, hortalizas y artesanía. Es un evento social para los habitantes del lago, donde se puede ver como actúan como una cooperativa, como una comunidad que intercambia y convive en paz.

Lis Sánchez/ Lago Inle, Myanmar
Lis Sánchez/ Lago Inle, Myanmar

El lago Inle es un lugar muy visitado, pocos pasan por Myanmar sin ir allí, es uno de las primeras regiones abiertas para el mundo por la dictadura, pero aunque suene raro y no podría hablar de cifras, sigue siendo un lugar remoto. Aún hay lugares prohibidos por el Gobierno, sobre todo las zonas de las minas de las piedras preciosas y -claro- los lugares en conflicto.

Es complicado resumir tantas imágenes que nos avasallaron en esta visita, como en estos pueblos la artesanía es también un modo de vida, como tejen coloridas telas con la seda del tallo de la flor de loto o como siembran el tomate sobre el lago, como trabajan la plata y el oro; pero me quedaría corta si no digo que las personas y su amabilidad fueron la bienvenida más grata a este rincón del mundo.

Orfebre del lago Inle

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