Es para analizar, poner un lindo diván, sumar profesionales de distintas ciencias, hacer sentar acostar al paciente y decirle, ¿qué le pasa, Racing?, ¿por qué tanta animosidad consigo mismo?
Racing, ése animal que se
autoflagela, que se infringe dolor por el dolor mismo, por una conducta
masoquista que parece enquistada a su propia raíz como institución. El disfrute
por el descenso de Independiente, en este marco de crisis absoluta, resulta
anecdótico, lo que debería ser placer por ver al otro en el destierro, vuelve
como boomerang en forma de padecimiento. No hay espacio a la tranquilidad, una
palabra sacada en liquid paper del diccionario, tachada con birome azul. La
salida de Ischia, bochornosa pero tan lógica pensando en el desquicio académico,
traído por Ayala en una patriada, quien luego renunció a su puesto de manager,
había dejado sin fuerzas internas de mantención al ex Boca, cuyo rol, supo en
las últimas horas antes de perder con Rafaela, colgaba de un hilito fino, tan
fino. Zubeldía, cuatro partidos. Ischia, cinco. Van diez fechas, así está este
Racing raquítico, despojado de sus ropas, desnudo en un invierno atroz que no
entiende de calendarios.
El combo Cogorno y Molina, una junta electoral, de las que tantas
veces observamos en el país, que a la primera de cambio mostró sus grietas.
Sonrisas, flashes, promesas de amor eterno, cuando la pelota en vez de ir a la
red pega en la línea y se va, puf, de golpe interrumpen los cortocircuitos. La
gente aprieta, el periodismo no da respiro y los dirigentes ni se tiran un
centro entre ellos, ni un dejo de conservación humana. Que Cogorno se volcó
exclusivamente a su gente, que Molina no quería ceder el poder, una situación
empalagosa de nafta y fuego, sólo mermada con resultados positivos que cuando
se acabaron, hizo combinar estos dos elementos. Ah, nos olvidábamos, un muerto
en la sede de Villa del Parque, en confusa situación tras una pelea, una causa
que presenta irregularidades por dónde se la observe. Elecciones en diciembre
del año próximo, el timón sólo para no caer en la anarquía, en tiempos donde
Racing vuelva a tomar la calculadora en sus manos, cayó en Víctor Blanco, el
tercero en la fórmula de Cogorno y Molina. Blanco, que aceptó a regañadientes
el puesto, hizo un llamado colectivo a la oposición y tenuemente trata de
articular el vendaval dejado por sus antiguos compañeros. Una tarea titánica,
con apremios a la vuelta de la esquina.
Vietto, Centurión, Fariña, De Paul, Zuculini, un combo de
futbolistas sobresalientes que Racing apenas tomó un sorbo para disfrutarlos.
No le dio ni para un fondo blanco, de golpe, que sacie la sed por un rato. Ni
eso. La debacle institucional, los lineamientos contradictorios, los egos, las
miserias dirigenciales, provocaron la erosión de una camada de futbolistas de
las inferiores que hace décadas no amanecía por Avellaneda. Se tiró a la
basura, sin razón, tan a lo Racing una estructura que le podría haber generado
un entramado positivo a mediano y largo plazo. Fariña, de Portugal a perderse
en el submundo de Arabia Saudita, Centurión, de un momento al otro al Genoa, el
resto no pudo levantar la cabeza de un pozo del que no parece llegar nunca a su
fin. Los grandes, a excepción de Saja no responden. Villar, Camoranesi, Ortiz,
Pelletieri, Regueiro, Hauche, Cahais y la lista sigue.
2 empates. 8 derrotas. Palo y palo el de