Ahora que reaparece el periodismo, el que informa tarde y poco, pero informa.
Cuando han pasado 40 años, desde que en una mañana cualquiera de trabajo, con
un bombardeo, recursos, pilotos y aviones del estado, se destruyera un palacio
presidencial sorprendido e indefenso frente al fuego casero.
Es dable preguntarse
más allá de lo leal o lo ético, no será como mucho cuando los norteamericanos
reaccionan coléricos a la sola quema de su bandera por otro norteamericano en
su propio suelo.
Se necesitan 17 años de dictadura, solo para inyectar en la mente de generaciones escolares, la sola idea que este más que un ataque valeroso, fue una traición tan sucia y cobarde como inolvidable.
Uniformes entrevistas
anacrónicas, con la moderación aberrante que sitúa al violador en el mismo
nivel que la víctima ultrajada. Nos dan una buena idea de la característica
inmoralidad con la que se mueven los que exigen manifestación pacífica para
expresar el descontento del otro, pero bombardeo y tortura cuando este no es otro que su
propio descontento.
EL degollamiento, entonces se compara con la ruptura de un semáforo y a todo el mundo esto le parece razonable. En rigor todo este dilema artificial solo sirve de combustible para aquellos que nunca tuvieron intención de acabar con los comunistas, sino, de recuperar lo que por 146 años le había pertenecido a sus familias, con poco o sin ningún contrapeso.
El 11 de Septiembre, para la independencia de la patria, no tiene mucha diferencia con todas las otras asonadas del pasado, con la única diferencia que en el 1973 el ejército, como ocurre a cualquier guerra civil, no estuvo dividido en ambos lados, ni pudo ocultar el financiamiento y el apoyo logístico que le dieron los norteamericanos.
Nada de este cacareo majadero e irresponsable, tiene algo de republicano, ni mucho menos de patriótico . Es solo un ardid para postergar la revisión al verdadero golpe, el financiero. Nada me cuesta suponer que en el narcisismo y el fundamentalismo observador del profesor Jaime Guzmán, la idea de saquear estudiantes y acumular fortunas desnacionalizando también el amor por la cultura, no tenía espacio por mezquina y asfixiante.
Que si fue culpa del torturado su cobarde e innecesario suplicio, o si el desabastecimiento provoco el llamado a las fuerzas armadas financiadas con los impuestos de civiles para degollar, desterrar o desaparecer detenidos indefensos. Eso ahora no es, con el perdón de sus familiares y amigos, lo más importante. Hoy lo importante es rendir honor a sus memorias haciéndonos cargo de sus ideales, de sus aspiraciones de justicia e igualdad. De sus esperanzas por una nación de todos. Por sus sueños de crecimiento parejo, y hasta de sus errores.
La dictadura como
cualquier otra palabra, no tiene mayor, ni mucho menos un solo significado. Se
dan de tiempo en tiempo y en cualquier lugar. Esta, la nuestra, probablemente
no será la última, habrán otras distintas y como aquí en otros lados. Pero nosotros no pasamos, estamos pasando
una dictadura. Estamos pagando impuestos en forma mal distribuida. Pagando caro
por servicios malos y productos en mal estado. Entregando cheques fiscales a
una manga de administradores de AFP y de Clínicas privadas en desmedro de los
servicios públicos, esos que tanto amara el presidente Alessandri. Estamos
acumulando un endeudamiento cuya magnitud es inversamente proporcional a los
fondos de pensiones que crecen en eufemísticamente llamadas cuentas personales.
Estamos poniendo en el congreso una mitad de candidatos que obtienen 17 o menos
por ciento del universo de votos en cada elección. Estamos poniendo en la
cárcel al que protesta por el fraude, pero enviando a ridículas clases de
"ética" al que nos estafa. Estamos pagando altos intereses y
desproporcionadas multas por servicios que proporcionan privados, pero donde el
estado financia las obras infraestructurales con fondos públicos. Estamos
gobernados por una constitución ambigua que institucionaliza la INTERPRETACION.
Sin ley laboral y una mafia de sub
contratos. Sin protección de las riquezas naturales ni equilibrio
ecológico. No, esta interrupción del bien diseñado sosiego,
tiene poco o nada que ver con lo que hicieron los de la UP. O los animales que
con rieles al cuello lanzaron al mar "enemigos" chilenos.
Esta es una nación cansada del abuso, en la cual
los cuarenta años de espera por información, han impedido que la discusión se
enfoque en el pillaje de HOY.