Omar de Felippe será el
nuevo entrenador de Independiente. Las partes llegaron a un acuerdo y el ex
ayudante de Julio Falcioni aterrizará en Avellaneda. Su último desempeño fue en
Quilmes, lugar donde ascendió y logró permanecer en la máxima división. Está a
las puertas del mayor desafío de su carrera: en el infierno mismo, en las
profundidades, encontrará a un plantel a la deriva que no logra hacer pie en el
arranque de
Independiente navega por la intrascendencia, la del viudo que mantiene su luto, desalmado y penando en cada encuentro. El golpe de timón se debió hacer antes y no sólo incluía a Brindisi. La Comisión Directiva y Cantero, amén del affaire sillas, no toma en cuenta la gravedad, en estado de parálisis que sufre Independiente. Pero siempre se corta por el eslabón más débil. De Felippe, además de trabajar profundamente para elevar la vara futbolística dentro de un plantel limitado, muy escaso en recursos, también tendrá que tocar el orgullo y la rebeldía de los futbolistas, en darle noción a que el prestigio del club no debe desperdiciarse. A la basura años y años de gloria, no. No se debe permitir. Esto, sin pretemporada, sin haber elegido los jugadores, con la presión popular que exigirá resultados desde el minuto cero. En el apremio futbolístico, económico e institucional que embarga a Independiente, la palabra proyecto representa una humorada.
De Felippe será la última apuesta que tendrá Cantero. Las fichas se le acabaron. Juega el pleno que le quedó en la mano y se persignará, si es religioso, que la decisión sea la acertada. En situaciones límites, como éstas, el riesgo se multiplica por naturaleza, los ánimos tensos persiguen la enjundia de cambiar radicalmente la realidad. ¿Será esta vez?