Los costos de una mala decisión o como perder los pasajes
a Brasil
Hace unos pocos meses (verano 2012), en una feria del
libro en Antofagasta, el periodista Francisco Sagredo, hombre que dice saber de
fútbol, comentaba que le parecía muy difícil que Chile no clasificara al
mundial de Brasil 2014 y sus argumentos eran bastante sólidos: En esta vuelta
clasificatoria, decía, hay cuatro cupos y medio, casi cinco y no juega Brasil;
tenemos una extraordinaria generación de futbolistas que además, ya llegaron
segundos en la carrera anterior (mundial de Sudáfrica), tenemos un equipo
armado y con una nítida identidad y en tercer lugar, dijo Sagredo, hay
selecciones que no han mostrado juego, entonces, Argentina, Uruguay y Chile debería clasificar
seguros y los otros dos cupos pelearlos entre Colombia, Paraguay y Ecuador o
Venezuela.
Terminada la primera rueda resulta claro que por mucho
que sepas de fútbol este “deporte” guarda secretos y encierra sorpresas. Tal
como viene la mano la selección chilena no irá a Brasil. La culpa no es del
chancho, es de don Pancho (que es quién da el afrecho), entonces cabe
preguntarse ¿Quién es don Pancho? y ¿Cuáles serán los intereses de don Pancho?
Don Pancho es el
dueño de la pelota. Jadue es su vocero, un vocero bastante callado en todo
caso. Segovia, Nasur, Ruiz Tagle y los dueños de la U y la UC son el cerebro y
el guaripola de este circo es el actual administrador de La Moneda, ex
accionista mayoritario de CC. Baste recordar la grosera intervención en la
elección de la ANFP hace casi dos años, cuando le ganaron a la –por entonces-
exitosa dupla Mayne Nichols - Bielsa; es decir, estos muchachos no son poca
cosa, ya se operaron de dos personajes importantes en el fútbol como eran la
dupla de oro y se quedaron con el premio, la ANFP.
El objetivo de esta operación era por cierto, tomar el
control de esta subsidiaria local de la FIFA, la santa iglesia del balonpié
mundial para “mejorar el negocio”, es decir “su negocio”. Claro que el gran negocio, además de las
platas del canal de TV cable, los auspicios, las entradas (cada vez más caras),
es la selección nacional. Un bien público en manos privadas (desde hace muchos años).
La selección es el producto estrella y el mundial, el escenario ideal por sobre
todas las cosas, pero en este dominio, la importancia ya no es solo económica,
ya no es solo un “negocio”, aquí se agregan otros ingredientes a este plato y
se amplía a cuestiones de orden social, político, incluso muchas veces de carácter
estratégico nacional.
Baste solo una pasada a vuelo medio para estimar el
volumen gigante de platas que se moverían si Chile juega en Brasil (seguramente
en Rio para dar cabida a los 50 o 60 mil fanáticos que podrían viajar);
pasajes, estadías; compra de vehículos, alimentación, bebidas, ropa, poleras de
Chile en nueva edición, chapitas y de un cuanto hay. Los empresarios de Brasil
(y la FIFA, no olvidar a Joao) deben estar ya nerviosos; Borghi, Jadue y
Compañìa no están haciendo sus tareas y peligra el cupo de Chile. Rousseff y
los herederos de Joao, debieran ya estar planificando un golpe de estado a la
ANFP, hay demasiado en juego.
La paradoja es que los campeones de los negocios no
lograrán ganar el premio mayor y dejarán
al país sumido en una profunda depresión muy parecida a la indignación que se
percibe en los dominios de lo político. Esperemos que no se mezclen ya que
puede ser muy peligroso y en ese escenario, el peligro rebasará con mucho el
problema del fútbol.
La selección nacional de fútbol es un bien público, es la
representación del país total, y lo que está ocurriendo en el fútbol ahora es
muy similar a lo que pasó con la Federación de gimnasia cuando ninguneaba a
Tomás Gonzalez y lo trataba de marginar de los torneos internacionales con
modos realmente patéticos, un pequeño negocio de pocos impedía el desarrollo de
muchos.
En el Chile de
hoy, la selección nacional de fútbol ha sido secuestrada por un grupo de
terroristas y se hace necesario rescatarla, hasta Fujimori entiende esto.