Se
llemaba Alpha Pam y era de Senegal. Su único crimen fue no tener papeles en un
país que por ley ha denegado la asistencia sanitaria a personas que no lo
puedan pagar. Si Alpha hubiera sido un jeque saudí no habría tenido ningún
problema en ser atendido, habría bastada sacar la tarjeta de crédito y su
problema se habría resuelto en una semana. Una tuberculosis, la enfermedad de
la que murió Pam, tiene cura, gracias a Dios, en cualquier sitio del llamado
primer mundo, sin embargo, una legislación asesina ha establecido una neta
separación dentro mismo del mundo desarrollado. Hasta hace un año podías morir
de tuberculosis si vivías en países con poco o escaso desarrollo, o bien si
tenías la mala suerte de habitar un país de los muchos que ahora están en guerra. Hoy,
gracias a una ley criminal, puedes morir de tuberculosis aunque vivas en
España. Se trata de una consecuencia querida y buscada por el legislador.
Es imposible que el legislador se escude en que el inmigrante puede volver a su
país o puede pagar la atención. En la mayoría de los casos, ambas opciones son
inviables y el legislador lo sabe. Por tanto, la única opción que queda es
pensar que el legislador buscaba el efecto de expulsión que provocaría entre
los inmigrantes que empezaran a ver cómo algunos de ellos morían por falta de
asistencia sanitaria. Siempre es mejor morir entre los tuyos que lejos de casa.
No
es el ahorro en gasto sanitario lo que se persigue; bien saben que esa medida
no supone ningún ahorro, antes bien genera muchos más costes al sistema
sanitario. Haber atendido correctamente a Pam hubiera supuesto un gasto no
superior a 6000 euros, contando con una hospitalización de dos semanas. Pero no
atenderlo ha supuesto que el sistema público, si no quiere encontrarse con la
eventualidad de una epidemia, aplique el protocolo de análisis en todos
aquellos que tuvieron contacto con Pam en las semanas previas a que se
manifestara la enfermedad. A esto hay que sumar, porque es un coste que asume
la sociedad, los 7000 euros que cuesta trasladar el cuerpo a su país. Aunque
ese dinero saldrá de la solidaridad de la gente, es dinero que España gasta en
Pam. Si se hubiera atendido a este inmigrante si papeles estaría más
protegida la salud pública y no deberíamos cargar con la inmoralidad de un crimen
legal en el que todos hemos consentido: unos por aprobar la ley criminal,
otros por no oponernos lo suficiente para que se anule. Todos somos culpables
de este crimen y todos acabaremos pagando por él.
Los
diputados que con sus votos han permitido este crimen legal y continuo que es
denegar asistencia sanitaria a los seres humanos, deberían empezar a mirar a su
alrededor para comprobar que esa misma ley no tiene efectos sobre su entorno.
Es muy posible que poco a poco, la degradación de la convivencia
empiece a generar una violencia que nos impedirá seguir viviendo como hasta
ahora. En breve es muy probable que tengamos que aprobar nuevas leyes que
endurezcan la situación de los inmigrantes y acaben por permitir su expulsión
por la simple procedencia, como en la Alemania nazi antes de la guerra.
Empezaremos a temer las reacciones violentas de aquellos que han sido tratados
como no personas y nuestro miedo minará nuestra condición humana hasta la
degeneración moral y la caída en la barbarie civilizada.
Un
día, las víctimas de la historia se alzarán y emitirán un juicio, un juicio
para el que nos hemos estado preparando y del que no podremos salir indemnes.
Antes o después, nuestras acciones tienen consecuencias. Si con tu voto has
sido cómplice de este crimen, aun estás a tiempo de arrepentirte, si con tu
indiferencia dejaste morir a Alpha Pam, aun estás a tiempo de
comprometerte.