¿Más
o menos Democracia?
Superación
del binominal por la vía de los hechos
El
17 de noviembre de 2013 puede pasar a la historia nacional como la fecha en que
pudimos hacer saltar los candados que mantenían maniatada a la democracia,… “protegida”
como se decía en los tiempos de la dictadura de Pinochet ¿protegida de quién o
de qué?, protegida de sus verdaderos dueños, protegida de los cantos de sirena
de la justicia, la igualdad y esas patrañas… o también puede ser una fecha más
en un calendario político cada año más desprovisto de pasión, cada vez más
fofo, más sonso, más fome, es decir, más distante.
El
17 de noviembre se realizará la elección presidencial, la primera vuelta de la
elección presidencial. Sabemos que se barajan diversas ideas y distintos
escenarios para delinear la primera vuelta. Sabemos que un sector de la política
quiere y puja para que se realicen primarias presidenciales pero no
parlamentarias, sabemos también que otro sector de la política quiere primarias
parlamentarias pero no presidenciales.
¿Qué
hacer?
La
única pregunta válida que se puede hacer es: ¿Queremos más o menos democracia?
No
es una pregunta retórica por cuanto la respuesta obliga a observar y analizar
las propuestas desde el lugar que ya definí; es decir, si quiero más democracia
ese debe ser el cedazo con el cual “mido” y evalúo las propuestas; del mismo
modo si mi respuesta es que no están las condiciones; es que debemos ir más
lento, etc, etc, entonces debo leer un “quiero menos democracia” y entender las
propuestas desde allí.
Primarias
presidenciales y la trampa del binominal
La
constitución del 82 dio forma a un modelo de organización político-partidista
imbuido de una idea central: Se hacía necesario conformar solo dos grandes
bloques y tender a forzar el empate, ello aseguraría los “equilibrios”; la
dominación podría también decirse; con todo, se nos apareció la noción del “sistema
binominal”, modelo de organización del poder con el cual hemos convivido por
más de 20 años. El empate eterno y así, el sostenimiento del “statu quo”. Mucho
se ha hablado respecto de las virtudes y los defectos de este sistema, el hecho
cierto, allí está, vivito y coleando y cuando agregamos los quórums calificados
y la imposibilidad de plebiscitar, tenemos un sistema en el cual los accionistas no pueden escoger al
directorio de la empresa por votación universal y algunos accionistas,
vivarachos (nunca faltan), se las arreglan para seguir teniendo el poder, incluso a pesar de no
poder nombrar al gerente.
Puestas
así las cosas, nuestra democracia se encuentra atada, cautiva, amarrada,
protegida y se hace necesario liberarla.
Segunda
pregunta: ¿Qué es lo que le falta y qué le sobra a esta democracia?
Le
falta discusión, le faltan propuestas, le falta juventud, le falta futuro, le falta alegría, le
falta proyecto; le falta diversidad, le falta escucha, le falta organización social,
le falta sindicatos de verdad, le falta
creerse el cuento, le falta gente, en
definitiva le falta VIDA.
Le
sobran sonrisas, le sobra farándula, le sobran mentiras, le sobran verdades a
medias, le sobran simplismos, le sobran juicios de valor, le sobran intereses
creados, le sobran ricos muy ricos y políticos aspiracionales, le sobran viejos
y jóvenes actuando como viejos, le sobra cinismo, le sobra cálculo.
Este
año, se juegan los proyectos para el Chile de los próximos 20 años. Un modelo agotado
que exprime y fagocita a su propio huésped no tiene destino posible sino la
muerte y -supongo- nadie quiere que eso ocurra. Este año, se debe definir cuál será el norte y como queremos caminar
hacia allá. Esta disyuntiva solo se resuelve de cara al país en una campaña
política intensa y extensa, no comprimida, no express. Las primarias presidenciales obligan a
anticipar esta campaña a las opciones que compiten al interior de los dos “grandes”
(grandes en el contexto del 40% de los votantes) pero evita, escabulle la confrontación
general. Las primarias lo que harán será constreñir la conversación lo que
indudablemente derivará en la apatía generalizada y el descrédito –una vez más-
de la Política como instrumento de desarrollo de la sociedad y con esto,
estamos definitivamente hipotecando cualquier opción de construcción colectiva
de una sociedad ajustada a los requerimientos de la mayoría.
La
Polìtica y los políticos tienen el deber de devolverle a los accionistas, la
capacidad de decidir el destino de la empresa. La Polar es un ejemplo no
deseable.
Evitar
la discusión de ideas y propuestas no es bueno para el país.
En
totalmente necesario y sano sincerar la situación política nacional. Qué duda
cabe que no somos demócratas y republicanos, pipiolos y pelucones, nuestras
miradas son muchísimo más diversas que solo dos lentes y esa variedad de
miradas debe poder expresarse en el fragor de una campaña presidencial que es
el escenario ideal para que esto ocurra.
Llegar
a noviembre con un abanico de muchos candidatos y muchas visiones, solo puede
favorecer al país, nunca perjudicarlo.
La
primera vuelta debe ser la primaria.
No
hay que seguirle escondiendo la pelota a la gente.
La
única manera de torcerle la nariz a un sistema político que desprecia la participación y la democracia es justamente,
buscar más democracia.
Si
algunos privilegian su negocio pequeño por sobre el interés del país, comiencen
a preocuparse, la gente está aburrida, indignada, inquieta y poco disponible a
seguir prestando el voto.