La política se ha
llenado de metáforas a la par que se vaciaba de contenido real. No podía ser de
otra manera. Si no hay contenido habrá que aumentar el continente
buscando el efecto "bulto": si es más grande parecerá que
contiene más. Sin embargo ha sido justo lo opuesto, ni tan si quiera las
metáforas eran acertadas, peor aún, son utilizadas con muy poca propiedad,
dejando ver una realidad que se oculta tras la parafernalia del artificio lingüístico
enmarañado que se usa para envolver la oquedad del propio discurso y del
aparato intelectual que, difícilmente, lo soporta. De esta manera, lo que
debería ser un instrumento del lenguaje para expresar lo que resulta difícil y,
a veces, imposible, se torna un embozo con el que el perpetrador de
proferencias lingüísticas se embosca para establecer la celada y coger
desprevenido al incauto escuchante, envuelto ya en la tela que ha tejido la
araña política de Mallarmé.
Una de estas metáforas,
que antes habría que llamar kata-fora, por su sentido etimológico
más apropiado, que más uso ha tenido y tiene entre los políticos actuales,
especialmente entre los que se encuadran a la izquierda del Parlamento, es el
de las líneas rojas. Exactamente se usa en la expresión: "se
han pasado todas las líneas rojas", o bien, "la sanidad (la educación
o x) es una línea roja". Cuando estos tales gobernaban nos decían que al
enfrentar los recortes, estos no afectarán a la sanidad o la educación, son
"líneas rojas". También se decía que la política social, en general,
es una "línea roja". Hoy nos dicen esos mismo políticos que
gobernaban hasta anteayer, que la sanidad, la educación y las políticas
sociales son "líneas rojas" que el gobierno de puede pasar. Pero,
¿qué quieren decir cuando dicen esto y qué significa realmente? Vayamos por
partes.
En primer lugar: el
discurso de la izquierda dejó de tener sentido en el momento en el que empezó a
utilizar metáforas para referirse a la realidad. El maestro en análisis de
la realidad es Marx y el tenía muy claro que la ideología funciona como un
espejo que deforma la realidad, impidiendo así su transformación. Si la gente
no ve lo que hay nunca podrá cambiarlo. Ese discurso falaz, que deforma la
realidad para mantenerla atrapada, es el que la derecha siempre hace bien.
Estas metáforas son, siempre lo han sido, de la derecha. Basta con leer a los
grandes gurús del capitalismo como Hayek o Friedman, por no decir a sus
políticos de referencia: Reagan, Thatcher y sus epígonos peninsulares, para ver
cómo el uso y abuso de las metáforas y símiles tienen la función de
distorsionar la realidad en las mentes de los seguidores, pero sobre todo en
las mentes de los perjudicados por el sistema, los propios trabajadores,
incapaces ya de salir de la basura intelectual que escupen los medios de
comunicación, correas de transmisión de las grandes metáforas, vale decir
mentiras.
Pero, más importante:
cuando se entra en el discurso de las metáforas, hay que saber elegirlas. Para
muchos incultos o incautos, "línea roja", puede sonar a
revolucionario, rebelde o combate. Algo así como ejército rojo avanzando contra
las hordas capitalistas. Nada de eso hay en la expresión. Cuando los
políticos de la llamada izquierda dicen "línea roja", lo que en verdad
enuncian es la imagen más absoluta de su derrota. Esa imaginaria línea roja
que no dejaran pasar a los capitalistas o a la derecha estuvo, con González, en
la propiedad de las empresas públicas y de los servicios, dejando la gestión al
enemigo. Después retrocedió la línea hasta la titularidad de aquellas empresas
y servicios. Con Zapatero, la línea se sitúo en un lugar difícil de precisar:
en el buen uso de lo público. Si ese uso lo hacía el sector privado bien, pues
adelante. Fue la época en la que bajar impuestos era de izquierdas, en la que
consumir era de izquierdas, en la que tener patrimonio era de izquierdas, en la
que... en fin, en la que la izquierda no tenía sentido ninguno porque era otra
derecha, pero sin lo bueno de la derecha.
Hoy, las
supuestas líneas rojas están en una defensa numantina de... nada, porque no
hay nada ya que pueda ser defendido. De ahí que ni las huelgas ni las
movilizaciones, mucho menos las tonterías infantiloides de huelgas de hambre,
rodeos a los centros, sentadas, pitadas y demás fantochadas, tengan utilidad
alguna. Se ha perdido lo esencial: considerar la vida humana y todos los
elementos que la constituyen: trabajo, habitación, sanidad, educación, alimento
y cultura como patrimonio común, espacio público, estructura social que no
puede dejarse ni a la propiedad ni a la gestión de la rapiña, el lucro y el
"legítimo beneficio" del sector privado. Lo privado, siempre, es una
concesión del espacio público; lo privado, per se, no existe. Aquí
es donde la izquierda perdió la batalla y ahora solo puede gestionar su
desaparición.
La única opción que nos queda para construir un mundo habitable, no la parodia consumista-elitista en la que nos estamos embarcando, es volver al sentido real de las metáforas. Por ejemplo esta de la "línea roja". Como nos cuenta el cuadro de Gibb, La delgada línea roja, esta fue una argucia defensiva del ejército británico para repeler el ataque de la caballería rusa en la guerra de Crimea. El comandante británico no tenía tropas suficientes para formar una línea gruesa de cuatro en fondo para frenar la carga de la caballería. Era algo convencional que menos hombres no frenarían la carga. Pero Sir Collin Campbell, formó al 93º regimiento deHighlanders en una línea de dos en fondo. Debido al color de sus casacas fue conocida comola delgada línea roja. La caballería rusa arremetió contra el regimiento británico, que pudo hacer tres descargas de fusilería, descargas insuficientes, pero el valor y arrojo del comandante, al grito de "cada uno que muera en su sitio" frenó inopinadamente el avance. El general ruso, al ver la defensa británica receló una emboscada y ordenó retirar la caballería, antes de verse preso en una celada. Aquella victoria del ejército británico hizo famosa la perspicacia, el ingenio y el valor de esos hombres y nos da hoy un ejemplo de cómo podemos utilizar bien las metáforas. En el fondo, Sir Collin Campbell hizo con su delgada línea roja una metáfora defensiva y que se tornó ofensiva.