A pesar del ruido
mediático, las cosas son como son y no pueden dejar de serlo sin ejercer
violencia sobre la verdad de las cosas, tal y como suelen hacer los medios de
comunicación cuya intención manifiesta es hacer recaer las causas y
culpabilidades de la crisis en aquellos que poco o nada tuvieron que ver en
ellas, mientras los verdaderos culpables, el verdadero culpable, sale indemne y
además se lleva el premio gordo de acabar con el Estado Social de los últimos
50 años. Por eso mismo, no vamos a cejar en el intento de que todo el
mundo comprenda cabalmente las causas y sus consecuencias, para así poder
tomar decisiones informadas y formadas que respondan a lo que a cada uno, por
ser un humano como el resto le toca, sin dejarse arrastrar por la mendacidad
mediática, la publicidad engañosa, pleonasmo donde los haya, y las consignas de
los partidos políticos que defienden el modelo actual de hundimiento
generalizado de la sociedad. Si asentimos que no sea por desconocimiento, es
preferible reconocer la propia cobardía que vivir en la mentira constante.
No hay como tomar un
ejemplo concreto y sencillo para hacer comprender a alguien como funciona algo
mu y complejo. Jesús de Nazaret solía hacer eso con su auditoria. Mediante las
parábolas introducía al oyente en la narración, empatizando con los
protagonistas y debiendo implicarse en la resolución, como en la archiconocida
parábola del buen samaritano: ¿quién se hizo prójimo del caído?,
pregunta Jesús, a lo que no cabe más respuesta que una y la consecuencia es
ineludible: vez y haz tú lo mismo. Pues bien, yo también voy a
poner un ejemplo muy sencillo que todo el mundo puede entender, a menos que
ande ya con las entendederas trastocadas por el martilleo mediático.
Hay una cigalas
maravillosas, frescas, enormes, que se viven en las costas de Escocia. Allí
tienen su habitat natural hasta que suben a un barco, toman un avión y viajan
hasta Thailandia para ser maquilladas y empaquetadas. Otro avión las devuelve a
Escocia, donde tras su procesado son repartidas por todo el mundo. La
mayoría de ellas acaban en las mesas españolas tras haber realizado más de
25.000 km. El valor nutricional no supera las 900 kcal. el Kgr. de peso,
pero para poner ese kilo de cigalas en tu mesa ha sido necesario quemar 200
kilos de petróleo y emitir 0,15 toneladas de CO2 a la atmósfera. Por eso, la
pregunta que planteo es ¿merece la pena este consumo? De como responda cada uno
dependerá el futuro del planeta.
Amén de lo dicho,
también hay que tener presente que Findus lleva las cigalas escocesas a
Thailandia a pelar y congelar porque allí dispone de mano de obra
extremadamente barata y muy dócil. Los turnos de trabajo superan las 12 horas y
los sueldos permiten que la elaboración sea manual, aumentando la calidad del
producto y disminuyendo los costosos gastos en maquinaria. Por si no es
suficiente, el Thailandia no hay que preocuparse por el cuidado del medio
ambiente, ni por lo subsidios de desempleo, ni por las huelgas, ni por la
factura médica, ni por las pensiones... Nada de eso hay allí. Es un verdadero
paraíso para las empresas occidentales. Cuando nosotros comemos estos
manjares del mar, estamos también participando de la cadena de destrucción del
medio natural, de explotación laboral y de saqueo social que lleva aparejada.
Las externalidades del producto son tan grandes, que si pusiéramos en el precio
de la cigala los costes laborales no pagados, los costes sociales hurtados, los
costes ambientales sustraídos, su precio se multiplicaría por 1000.
He aquí las causas de
esta crisis que vivimos. Se trata del modelo de producción y consumo entero, no
de una parte de él. Ha sido y es el ánimo de lucro, la avaricia, la codicia y
la sinrazón del sistema socioeconómico el que nos ha traído aquí y nada de lo
que se está haciendo o diciendo nos saca de él. Al contrario, todas las medidas
que se están tomando en España están encaminadas a, ¡oh, ilusos!, regresar al
modelo que nos trajo aquí; regresar a la barbarie de los últimos 20 años. Solo
cuando cada uno de nosotros responda negativamente a la pregunta anterior y se
haga muchas más preguntas como esa, y no acepte lo que los medios dicen, y
pierda el miedo a negarse a aceptar lo impuesto, solo entonces habrá alguna luz
al final del túnel diferente de la del tren del abismo ecológico que viene de
frente.