Un
fantasma recorre Europa, el fantasma de la impotencia. Sí, es un fantasma bien distinto de aquel de 1848,
es justo el fantasma opuesto, radicalmente contrario, pero su hijo legítimo
tras las muchas derrotas de las luchas por el reconocimiento de los que siempre
han estado abajo. En Europa, especialmente en esta tierra, el fracaso
es debido a la política tacticista y de pactos que se ha llevado a cabo. La
inoperancia se ha instalado en nuestras conciencias y ya sabemos que nada que
hagamos puede cambiar los parámetros en los que se desenvuelve la actual lucha
de las élites por imponer su propia salida a su crisis. Nada podemos
hacer y nada puede cambiar el rumbo que se ha fijado para llevar al capitalismo
a su última parada: la barbarie absoluta, el capitalismo sanguinario que se
impuso en África, Asia y América Latina. Ahora toca a Europa vivirlo, porque
esas élites no tienen patria ni bandera, su única patria es su riqueza y su
bandera el lujo y el lucro.
Los años de la Política,
así con mayúsculas, pasaron a mejor vida. La revolución conservadora de los
ochenta, con Reagan y Thatcher a la cabeza, puso las cosas en el sitio que el
neoliberalismo quería: la ruptura de los espacios para la acción política. Tres
espacios fueron "despolitizados": la educación, la cultura y la
economía. Habían sido los tres espacios donde las alternativas se había hecho
fuertes y donde tuvieron su canto del cisne en mayo del 68. La educación se
había convertido en una perfecta máquina de producir ciudadanos libres y
críticos, pensantes y razonantes, capaces de cambiar cualquier estructura que
se considerara no racional o humana. La cultura produjo, en medio siglo, más
arte del que jamás podrá producir el capitalismo neoliberal. La cultura llegó
al pueblo y desde allí impregnó las conciencias y los discursos, de modo que no
era posible manipular ni adoctrinar. La economía, guiada por el keynesianismo,
consiguió embridar a la bestia y durante 30 años, los gloriosos,
asistimos al mayor aumento de la riqueza nunca visto, con el mejor reparto de
la misma jamás realizado. Pero en el pecado vino la penitencia. Al consentir un
capitalismo de baja intensidad, de rostro humano le llamaban los
socialdemócratas, permitieron que en los intersticios se fuese criando una
bestia pero, más sedienta y salvaje. Esta última bestia se apoderó del discurso
económico, alejando las decisiones de lo político, independizando a los bancos
centrales y cediendo ante el absurdo de que la economía es una ciencia exacta,
cual las matemáticas. Un ejército de hombres blancos y jóvenes,
cargados de testosterona y locos por engordar sus cuentas bancarias, se apoderó
de los parqués de las bolsas, de las cátedras de las facultades, de las
moquetas de los ministerios del ramo y de los discursos en los medios. El
fin de esto fue la mayor aberración jamás cometida contra la lógica de las
cosas: la desregulación neoliberal de los ochenta y noventa auspiciada por los
mecánicos del sistema: FMI, BM y OMC.
Así llegamos a la
pospolítica, que no es otra cosa que el vaciamiento de la Política y su
sustitución por un armazón pseudocientífico y tecnocrático que toma las
decisiones con supuestos criterios objetivos. La pospolítica no es sino
la liberación de la economía con el fin de que esta sea autónoma para responder
a las consideraciones de los que detenta el poder económico. Una
variente de esta pospolítica se ha introducido en los demás ámbitos de la vida
social con criterios semejantes. lo Político (y el político) es malo, lo
técnico es bueno. De esta manera se gestiona la educación con supuestos
criterios técnicos, lo mismo que la sanidad y la cultura. Esos criterios
técnicos han salido de las mismas facultades desde las que se implementó la
economía de casino que nos ha puesta en esta situación. Se trata de una gestión
de lo público sin intromisiones de los ciudadanos. Los economistas, algunos
claro, son los que saben de economía; los pedagogos, algunos claro, son los que
saben de educación. De esta manera llegamos al vaciamiento de lo Político y al
desdén por la Política.
Un giro de tuerca se ha
producido en los últimos años, los que coinciden con la crisis actual. Ahora no
es que la Política sea sinónimo de perversidad y oscuridad en la organización
de las cosas públicas, es que los políticos, en general y sin hacer
distinciones, son viles sujetos incapaces de hacer otra cosa que gestionar lo
de los demás con oscuros fines privados. Ellos son los responsables de la
situación, se extiende por los medios de comunicación, por tanto acabemos con
ellos y dejemos que los expertos gestionen la Política. Es el sueño
neoliberal hecho realidad: una política sin Política, es decir, la pospolitica.
Un mundo gestionado por intereses privados pero con aspecto de búsqueda del
beneficio colectivo. Es la mano invisible del mercado que mece la cuna de lo
público. Desde esas posiciones se dice que los políticos sobran y que no
deben cobrar por su labor, se insiste en que lo público se gestiona mal cuando
se hace con criterios políticos, pero si se hace con criterios técnicos todo
funciona perfectamente. El problema no es que sea falso el discurso, cualquier
memo lo puede ver por sí mismo. El problema es que hemos aceptado el discurso y
eso nos hace pasar por todos los aros restantes: la democracia supone la
elección en las urnas, la educación se gestiona mejor desde lo privado, la
sanidad es más racional si es privada, etc.
El
colmo de este discurso, el paroxismo de la pospolítica es el discurso de la
"mayoría silenciosa".
Según este discurso, los que protestan no son sino una minoría ideologizada que
teme perder sus privilegios de los que han vivido a la sopa boba mucho tiempo,
pero la mayoría de la población no protesta y eso significa que acepta y apoya
las medidas pospolíticas que se adoptan. Es más, esa mayoría acaba apoyando las
medidas refrendándolas en las urnas y eso otorga toda la legitimidad a las
mimas.
La única manera de salir
del atolladero es negar la mayor: esto no es democracia y las urnas no tienen
legitimidad, el sistema electoral está viciado de origen y los que votan lo
hacen bajo un velo de ignorancia que les impide saber qué están votando. Esto
nos lleva a negar la legitimidad al orden actual y buscar un cambio radical de
las coordenadas políticas, de modo que arrasemos la pospolítica y reinstauremos
un régimen realmente democrático y con uno criterios Políticos de verdad.
Lo mismo da que lo político se refiera a una tradición o a otra de pensamiento
de los últimos 2500 años, siempre que sea Político será mejor que la
pospolítica que nos asfixia.