La connivencia de
este variopinto de intereses que representa la “Corpo-Política” donde
por razones “omertarias” abrevan las diferentes, por lo menos en
sus enunciados, expresiones partidarias nos ofrece una de las
pocas certezas establecidas: los filibusteros se han
dado una organización y ya, sentados en primera fila, somos meros espectadores
del para qué.
Ninguno
de los que componen esta “Corpo” entiende la política como
la herramienta para lograr el bien común, definición aristotélica,
hasta ahora no refutada por ningún fariseo que pulule por
aquella “feria de Pitágoras”; ‘donde algunos van de paseo,
otros a hacer negocios y los mejores a observar desinteresadamente lo que allí
sucede’. Hoy estamos frente al ejercicio más “gallináceo” de
la política desde que alguien le dio esa denominación.
La “Corpo” se desenvuelve socarronamente;
son personajes oscuros de algún espectáculo improvisado, donde
se esmeran más por lo ampuloso de la obra que por lo nutritivo
del producto final; no les preocupa si para conformar al público, ciudadanos que
han pagado para verlos, deben abordar lo más soez del lenguaje o en lo
pernicioso de la mentira: todo da igual.
En
la “feria” erigen sus escenarios, maltrechos por
su falsa moral y ofrecen un buen pasar a escaso valor; nos
sonríen como ángeles pero actúan como demonios. Lo
bueno tiene un valor; por cierto... valores y códigos no son
iguales. Los ilusionistas de la política, como siempre lo han
hecho, buscan camuflarse para permanecer en el usufructo
del poder. Lo triste será que terminemos creyendo que hemos comprado una
baratija a buen precio cuando en verdad nosotros terminamos
siendo la baratija.
La “Corpo-Política”, donde
todos conviven en el “vertiginoso intercambio”, no hace más que
confirmar que sus actitudes representan la carencia de normas sociales y
su degradación. En ese ámbito cohabitan y
convalidan el “relato fantástico” que trata de imponer, desde
el discurso único, el oficialismo. Son, sin más, colaboracionistas de
lo que dicen rechazar: son los garantes de la anomia política.
No
duerme fuera de este infortunio político el sistema financiero
al cual el gobierno hoy, no solo le financia la compra de dólares a
tasa cero, sino que es el único de los sectores económicos del país
que no ha pagado ni un centavo por los efectos de la crisis;
todos lo hicimos, ellos no. Sin embargo tienen el usufructo del crédito
de coyuntura, el del “consumo efímero”, pero se hacen los
distraídos a la hora de aliviar esa pandemia que significa la crisis
de la vivienda.
Allí
afuera hay una crisis hubiésemos dicho antes de la globalización
asimétrica, hoy la crisis está a la vuelta de la esquina. Para enfrentar lo
que vendrá harán falta cuanto menos ciudadanos en pleno uso de
sus facultades reales, solo en ese ejerció se encontrará el camino por fuera de
la “Corpo-Politica” y estaremos a salvo del mensaje
interno de ‘apertura al mundo’ como el de la depredación
directa que pretenderán las potencias en ejercicio.
Siempre
he sostenido que la lucha que viene (¿?) será por el conocimiento, la
energía y los alimentos; allí arriba, de donde nos
miran como a un bife apetecible; el conocimiento ya lo tienen
y lo desarrollan, la energía se la llevan de Basora y
de Libia, por citar lugares emblemáticos. Seremos nosotros su próximo
bocado?
No
cualquiera es ciudadano; ciudadano será el que impida el atropello
tan solo no siendo cómplice de lo que sabe que es una falacia pero
que lo acepta porque le es conveniente. Ciudadano será
el que se dedique a cambiar el “status quo” y restituya a la
política su verdadero valor. Los demás serán metecos.
Sin
dudas el “cuadro de alternancias” en el ejercicio de la deshilachada política
argentina no es muy esperanzador. Como en el Ubú Rey de Jarry todos tienen su parte; siempre abiertos al
aprovechamiento de lo más rentable y no de lo ciudadanamente favorable hacen
honor a esta frase: “… me enriqueceré rápidamente,
mataré a todos y me iré… ”.