De la responsabilidad de una nación
Política Nacional | 05/09/2012

En esta ocasión no pienso demeritar –como acostumbro- el trabajo de nadie, si Calderón dijo que “hubo fallas durante su sexenio pero que se va tranquilo”, ya es cosa suya y de su conciencia, si Enrique dijo que “su gobierno estará a la altura del país”, ya tendremos seis años para hacerle notar que hay poco de su pasado y de su venidero “trabajo” que podría estar a la altura de una raza tan fregona como lo es la mexicana, si nos pusieron como senadora a una ex atleta olímpica que posteriormente se vio involucrada en asuntos de turbulencia fiscal, ya podremos señalarlo en su debido momento –no tardaremos mucho en definitiva-, si los máximos representantes el Tribunal Electoral decidieron poner por los suelos su valía y nombre con la ratificación del “triunfo” priista, vaya, eso es algo que todas y todos esperábamos, ¿a poco no?

 

Lo que debemos hacer ahora nosotros, los mexicanos comunes y reglamentarios, es, inicialmente brindarle el privilegio de la duda a quien será el próximo presidente de nuestra nación, o sea, ¿quién quita que en uno de sus acostumbrados deslices intelectuales le da al clavo, y nos saca del atolladero en que sus compinches, sus parientes, sus subalternos, sus antepasados y él mismo nos metieron?, porque hay que considerar algo muy importante, el país que heredará dentro de pocos meses –música de suspense cabaretero por favor-, llega a sus manos deshilachado, empobrecido, saqueado, hambreado, ensangrentado, dividido como pocas veces se ha visto –media nación está deseosa por juzgarlo e insultarlo sin tregua durante seis años-, más despierto y politizado –efecto de aplausos y fanfarrias por favor-, harto de la clase política, subversivo, contestatario y dispuesto a defenderse a capa y espada –cual mexicas de a deveras- de cualquier extraño enemigo que osare pasarse de rosca con la nacionalada –al menos eso es lo que me gustaría creer-

 

Enrique puede o no –cada quien su criterio- ser todo lo malo que se ha dicho de su persona, de él dependerá corroborarlo, engrandecerlo o desmentirlo, pero esa ya será chamba suya, la nuestra, como pueblo –que no pueblo suyo ni de su partido, ni de sus patrocinadores, sino pueblo libre y de respeto- debe ser la de redoblar los esfuerzos por convertirnos –con la ayuda del futuro presidente o sin ella- en ese México que muchos deseamos y soñamos, la cosa no es tan complicada, los verdaderos mexicanos –los que alimentamos a nuestros saqueadores- debemos unirnos y convertirnos en lo que durante tantos años, ellos han temido… en una NACIÓN.

 

Antonio Andrade

www.antonioandrade.com.mx

@antonio_andrade

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