En
esta ocasión no pienso demeritar –como acostumbro- el trabajo de nadie, si
Calderón dijo que “hubo fallas durante su sexenio pero que se va tranquilo”, ya
es cosa suya y de su conciencia, si Enrique dijo que “su gobierno estará a la
altura del país”, ya tendremos seis años para hacerle notar que hay poco de su
pasado y de su venidero “trabajo” que podría estar a la altura de una raza tan
fregona como lo es la mexicana, si nos pusieron como senadora a una ex atleta
olímpica que posteriormente se vio involucrada en asuntos de turbulencia
fiscal, ya podremos señalarlo en su debido momento –no tardaremos mucho en
definitiva-, si los máximos representantes el Tribunal Electoral decidieron
poner por los suelos su valía y nombre con la ratificación del “triunfo”
priista, vaya, eso es algo que todas y todos esperábamos, ¿a poco no?
Lo que debemos hacer ahora nosotros, los
mexicanos comunes y reglamentarios, es, inicialmente brindarle el privilegio de
la duda a quien será el próximo presidente de nuestra nación, o sea, ¿quién
quita que en uno de sus acostumbrados deslices intelectuales le da al clavo, y
nos saca del atolladero en que sus compinches, sus parientes, sus subalternos,
sus antepasados y él mismo nos metieron?, porque hay que considerar algo muy
importante, el país que heredará dentro de pocos meses –música de suspense
cabaretero por favor-, llega a sus manos deshilachado, empobrecido, saqueado,
hambreado, ensangrentado, dividido como pocas veces se ha visto –media nación
está deseosa por juzgarlo e insultarlo sin tregua durante seis años-, más
despierto y politizado –efecto de aplausos y fanfarrias por favor-, harto de la
clase política, subversivo, contestatario y dispuesto a defenderse a capa y
espada –cual mexicas de a deveras- de cualquier extraño enemigo que osare
pasarse de rosca con la nacionalada –al menos eso es lo que me gustaría creer-
Enrique puede o no –cada quien su
criterio- ser todo lo malo que se ha dicho de su persona, de él dependerá
corroborarlo, engrandecerlo o desmentirlo, pero esa ya será chamba suya, la
nuestra, como pueblo –que no pueblo suyo ni de su partido, ni de sus
patrocinadores, sino pueblo libre y de respeto- debe ser la de redoblar los
esfuerzos por convertirnos –con la ayuda del futuro presidente o sin ella- en
ese México que muchos deseamos y soñamos, la cosa no es tan complicada, los
verdaderos mexicanos –los que alimentamos a nuestros saqueadores- debemos
unirnos y convertirnos en lo que durante tantos años, ellos han temido… en una NACIÓN.
Antonio
Andrade
www.antonioandrade.com.mx
@antonio_andrade