Actualmente vemos como en tanto ven la
luz métricas y diagnósticos de diversa índole, se genera debate, en gran parte
enriquecedor, respecto al significado de los datos que aportan las mediciones.
De partida, este debate es enriquecedor, en tanto posibilita afinar tanto
formas de medir fenómenos que socialmente interesan, como también formas de intervención
sobre los mismos, vía conocimiento colectivo y experiencia social.
Ello es lo que se hace presente luego
de los últimos resultados CASEN sobre superación de la pobreza y quizás es
precisamente esta discusión la que revela que en Chile se ha avanzado en el
tema. Se demanda hoy actualizar instrumentos de medición y formas de
intervención que permitan avanzar más efectivamente en la lucha contra la
pobreza que persiste y frente a ello, a lo menos tres desafíos parecen surgir.
En primer lugar, la necesidad de construir
instrumentos más complejos que antaño. No se trata sólo de actualizar una línea
de pobreza que hoy parece desactualizada, sino también se trata de incorporar
elementos complejos en la medición, relacionados a distinciones relativas, como
la distribución de ingreso y percepciones sociales; implica no hablar de
pobreza de manera absoluta, sino de realizar distinciones específicas, que
permitan definir instrumental de mayor pertinencia.
En segundo lugar, la necesidad de
establecer impresiones territoriales respecto éstas métricas. Efectivamente los
costos y calidad de vida que se constata en Chile no son homogéneos territorialmente
y por tanto, contar con instrumental acorde a cada territorio, capaces de
recoger la diversidad, es esencial para luego establecer intervenciones
funcionales y efectivas.
Y en tercer lugar, la necesidad de
identificar y medir problemáticas que actúan compleja y recursivamente con la
pobreza; en efecto, sabemos que asociada a ella se encuentran un conjunto de
problemáticas y condicionantes sociales y culturales que, de no atenderse,
superar la pobreza se hará un desafío difícil de abordar y por tanto, resulta
clave la observación correlacionada.
Con todo, tanto más importante que lo
expuesto, es cómo se aborda el cambio de métricas e intervenciones. Aquí se
necesita reconocer lo que implica vivir en un sistema colectivo, donde
naturalmente existen distintas visiones y por tanto, una construcción de nuevas
métricas e intervenciones que recojan el conocimiento colectivo es esencial.
Después de todo, la pobreza es un desafío ético y moral de todos, ligado al
hecho de vivir y compartir en sociedad y por tanto, todos en su medida deben de
participar en ello.