Si
existe un plano en el cual los seres humanos hemos ido aprendiendo a impulso de
errores es en nuestra relación armónica con el medio natural. Es en éste ámbito
donde paulatinamente nos hemos ido viendo obligados a asumir los límites
naturales que el medio impone a nuestro desenvolvimiento y particularmente, al
crecimiento insostenible de la producción. Es así como en el sector pesquero
chileno se llega a una discusión de suma relevancia para un nuevo marco
regulatorio sectorial, que logre equilibrar tanto la protección de los recursos
naturales como la entrega de productos de calidad al mercado.
El
nuevo marco regulatorio no sólo enfrenta el desafío de ordenar una actividad
productiva hacia el futuro, también deberá hacerse cargo de cómo recuperar
pesquerías ya prácticamente colapsadas en la actualidad. Es decir, al intento
de garantizar en el largo plazo la sustentabilidad de los recursos, suma la
necesidad de recuperar aquellos que histórica y lamentablemente los hemos
sobrexplotado.
De
partida, existe consenso en la necesidad de establecer límites a la extracción
de recursos. En este sentido, un aspecto fundamental es asignar un rol
preponderante a los aspectos científicos en la definición de esos límites. El
problema, sin embargo, se asocia a cómo asignar socialmente los recursos en el
marco de esos límites, ámbito donde existen variados intereses en juego y es
aquí donde el nuevo marco regulatorio debe actuar complejamente, bajo la forma
de una institucionalidad que promueva espacios permanentes de aprendizaje
compartido y negociación transparente, abierta y equitativa, capaz de convocar
y reconocer actores cada cual con sus requerimientos e intereses.
No
obstante, la importancia capital de ordenar la extracción de recursos, lo
fundamental es cómo se aborda el desafío urgente de agregar valor a los escasos
recursos con que se cuenta. En efecto, tanto más importante que contar con
recursos, es propender a un uso más productivo de los mismos y es aquí donde se
observa un eslabón relativamente ausente en la discusión.
El
necesario establecimiento de límites de extracción, funcionales a lo que la naturaleza
permite, requiere de un complemento socioproductivo, con políticas de fomento
que impliquen articular apoyos técnicos promotores de una mayor generación de
valor y mejora consecuencial en los resultados económicos del sector, y esto,
aun en condiciones de menor disponibilidad de recursos. Ello parece esencial,
especialmente, por la componente social de la pesca artesanal, donde una gran
cantidad de familias, con historias y tradiciones vinculadas a la actividad,
requieren de apoyos para perdurar en el tiempo y lograr una adecuación
paulatina, pero a estas alturas, urgente, frente al nuevo escenario que se
enfrenta.