Santiago sigue siendo Chile: una comparación de la descentralización política y fiscal en Sudamérica
Política Nacional | 11/07/2012

No hay dudas de que Chile es un país centralizado. Los recientes movimientos ciudadanos de Aysén, Calama o Magallanes no son otra cosa que una manifestación de ello: han acusado la absoluta supremacía que tiene Santiago para decidir sobre sus presupuestos y recursos naturales, entre otros aspectos, versus la casi nula posibilidad que tienen sus comunas y regiones para poder tomar decisiones importantes sobre asuntos que afectan directamente en la calidad de vida de sus habitantes.

Pero, ¿qué tan centralizado estamos? Para medirlo usualmente tendemos a compararnos con países europeos, del norte de América, con casos altamente descentralizados en América Latina (Argentina, Brasil y México) y, últimamente, con la OCDE. Todos ellos son aportes valiosos (de paso, Chile siempre utiliza las posiciones más centralizadas). Sin embargo, ¿qué tan comparable es nuestro país con otros que pertenecen a otros continentes, con trayectorias políticas, culturales y sociales absolutamente distintas, o que tienen modelos federales?

Una comparación algo más acorde con la historia política y características socio-culturales de Chile puede ser con países como Colombia, Bolivia, Ecuador y Perú. Pese a que son altamente diversos, todos ellos son estados constitucionalmente unitarios con administraciones públicas descentralizadas (al igual que Chile), y pertenecen a una misma subregión continental con procesos políticos recientes que se han desarrollado en relativa simultaneidad: todos vivieron dictaduras hasta los años 80 (excepto Colombia), recuperaron sus democracias y comenzaron rápidamente un proceso descentralización con la redemocratización de sus gobiernos locales (al igual que Chile).

Al hacer esta observación, nuevamente Chile queda como el país más centralizado. A nivel político es el único de los cinco países cuyas autoridades regionales aún no son electas mediante votación directa por sus ciudadanos. También, es el único caso donde el gobierno central puede remover a la máxima autoridad regional sin justificación alguna. A diferencia de nuestro país, en Perú, Colombia y Bolivia existen procesos de revocación popular hacia las autoridades subnacionales electas democráticamente. Además, como parte del reconocimiento de la diversidad étnica en Bolivia, Colombia y Ecuador, se pueden constituir unidades de administración especiales para sus pueblos originarios con relativos grados de autonomía.

En el ámbito fiscal, Chile es después de Ecuador el que tiene los presupuestos subnacionales más reducidos como proporción del presupuesto del gobierno general. Los GORE (Gobiernos Regionales) dependen casi en su totalidad de transferencias del gobierno central ya que (01) no recaudan impuestos ni patentes (como sí sucede en Colombia, y en menor medida Perú y Ecuador), y (02) salvo mínimas excepciones, no les corresponden por ley impuestos relativos a la extracción de recursos naturales e industrias en sus zonas, como sí ocurre notoriamente en Bolivia y Perú. La escasez de ingresos propios y la alta dependencia de transferencias desde la capital limitan tremendamente la autonomía presupuestaria de los GORE.

El modelo centralizado en Chile quedó obsoleto. Ese es un diagnóstico altamente compartido, tanto en esferas políticas, como académicas y ciudadanas. En determinado momento tuvo sus justificaciones para constituirse como tal, también sus réditos. Sin embargo, hoy no parece razonable (ni saludable) mantenerlo. Necesita reestructurarse y parte de ello pasa por profundizar un proceso de descentralización que de un tiempo a esta parte ha quedado, simplemente, dormido.

Ahora bien, ¿por qué descentralizar? Porque la cesión de responsabilidad, recursos y autoridad desde el gobierno central a las municipalidades y GORE acercaría las decisiones políticas a las heterogéneas necesidades de la población. Ello además incentivaría procesos de accountability y participación ciudadana, entre otros. Sin embargo, la instauración de un modelo más descentralizado que el actual no garantiza por sí mismo que esto se alcance. El qué y cómo se descentraliza importa, y mucho. Por lo mismo, vuelve a ser relevante observar otras experiencias, en especial la de los países citados. Ellos nos llevan años de ventaja. Sus dificultades, fracasos y éxitos pueden ser más que útiles a la hora de iluminar un camino que tarde o temprano nuestro país recorrerá. Cuando, idealmente, Santiago deje de ser Chile.

 

Esta columna fue publicada originalmente en www.cooperativa.cl

Leer versión extendida de este estudio en:

www.asuntospublicos.cl/2012/06

www.asuntospublicos.cl/2012/07

Comentarios

3 - Eduardo Tapia - 09/09/2012 21:27
Algunas precisiones, los Consejeros Regionales no son elegidos por las autoridades del Gobierno, sino que por las autoridades comunales que han sido electas en sufragio popular.Intendentes y Gobernadores son nombrados por el Gobierno de turno. Actualmente parte de los tributos recaudados en la región quedan en ella. Las Municipalidades del total de recaudacion del país sobre ciertos tributos tales como patentes vehículares reparten en las comunas. Los reclamos de las regiones es que están exigiendo mejores condiciones sobre las que ya tienen y respecto a ello sería conveniente analizarlas caso a caso, por ejemplo sería interesante que todo el mundo supiera los sueldos que reciben los empleados en la región de Aysén en relación al costo de vivir en la zona, o en el caso de Magallanes analizar entre otros respecto al costo de calefaccionar una vivienda o sus consumos en relación a sus ingresos. En Calama conocer el potencial económico de los mineros, todo ello sin desconocer lo sacrificado que significa laborar en esas regiones. El problema de descentralizar y entregar mayores recursos a autoridades que han sido elegidas democráticamente no siempre resultan acertadas, y eso resulta de ver los resultados de algunas Municipalidades que aún con ecasos fondos son capaces de entrar en una vorágines de gastos mal empleados que provocan crisis económicas imposibles de revertir, es asunto de repasar la cantidad de alcaldes desaforados por lo mas suave que es de malversación de fondos públicos. Evidentemente que algunos gobiernos comunales son ordenados y de buena gestión,y merecerían recibir mayores aportes.
Respecto a la regionalización, existen en cada capital regionallos representantes de cada Ministerio denominados Secretarios Ministeriales que son sus representantes y el Intendente que representa la figura del Presidente de la República.
2 - - 13/07/2012 17:31
Hola Pablo, muchas gracias por tu comentario.
Estoy de acuerdo. El centralismo es parte de nuestro ADN republicano, trascendiendo las barreras del mundo propiamente político y transformándose en una característica más bien cultural. Por lo mismo, el centralismo tampoco se puede cambiar por decreto, sino que será un proceso largo y lleno de obstáculos.
Sin embargo, a modo personal, creo que una vez que los Consejeros Regionales sean escogidos democráticamente, se desencadenará un proceso de profundización de la descentralización a nivel regional. Asumo que tal como pasó con las municipalidades (que al poco tiempo de volver a la democracia, se unieron en la Asociación Chilena de Municipales y juntas presionaron con relativo éxito al poder central), las regiones podrán trabajar más unidas, generar más lazos, capacidades y seguramente alcanzar mayores grados de descentralización. Creo que si bien esa reforma no es para nada suficiente, sí implicará un punto de partida desde donde se desarrollaría de manera más exponencial este proceso.
Por si es de tu interés te dejo un artículo que habla sobre las barreras que hoy existen en el mundo político contra la descentralización en Chile: http://www.sociedadyutopia.es/images/revistas/39/E2.pdf

Un abrazo
1 - Pablo Cisternas M. - 12/07/2012 20:44
Tiene gran valor el estudio que expones.
Y es que erróneamente nos estamos centrando en apagar el fuego (dar respuesta a la contingencia generada por los movimientos ciudadanos) y no extinguir el origen de las llamas (la organización de poderes y administración de regiones).
Pero no veo culpables directos, ni políticos ni “santiaguinos”, es simplemente que –y como bien mencionas- es lo que hemos heredado de la historia, y mientras no viéramos con claridad que existen alternativas nos conformábamos con nuestra realidad.
La coyuntura es perfecta para introducir un cambio a nuestra administración regional: existe el beneplácito de la sociedad y contamos con válidas referencias para cuajar un nuevo modelo.
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