Desde hace un buen tiempo a esta parte
se ha comentado respecto del rezago económico productivo de la Región del Bío
Bío, respecto de lo que se evidencia a nivel país. En efecto, en la región, se
evidencian algunos datos que ponen en el tapete desafíos y nudos complejos. Es
que efectivamente la actividad económica regional, medida a través del PIB, ha
crecido en general por debajo de los promedios nacionales durante ya
prácticamente dos décadas; ello ha redundado en una pérdida relativa del peso
regional en el contexto de la economía nacional.
Por otro lado, aunque vinculable a lo
anterior, en la región se ostentan records que complejizan el panorama
económico social. El desempleo en la región aparece desde hace ya muchos
periodos por encima del promedio nacional y varias comunas de la región son
señaladas ya entre las comunas con mayor desempleo a escala nacional.
Lo anterior, no deja de ser paradojal
cuando la Región del Bío Bío constituye a su vez un territorio fuertemente
vinculado al comercio exterior y en efecto, se trata de una de las regiones más
exportadoras del país, conteniendo en ella una industria exportadora puntera a
escala mundial, tal como lo es el sector forestal maderero. En la práctica,
parece ser que la actividad exportadora, con toda su fortaleza y competitividad
internacional, no estaría mostrando un correlato e influencia suficiente en la
región como para generar la cantidad de empleo suficiente, que permita derramar
mayor cantidad de beneficios en el territorio.
En este sentido, algunos análisis y
vinculaciones que pueden hacerse entre los datos de exportación y empleo
mostrados en la región desde enero de 2010 en adelante, que pone a disposición
el INE Bío Bío, dan cuenta de que la cantidad total de ocupados en la región se
ha visto incrementada en alrededor de un 4,6%, en un escenario donde la
incorporación de nueva fuerza de trabajo lo ha hecho en alrededor de un 18,2% en
el mismo periodo. Ello contrasta con el incremento de las exportaciones en US$
FOB para el mismo periodo, del orden de un 35% y en toneladas, en el orden de
un 30%. En efecto, las exportaciones post 27-F se han recuperado bastante más
rápido que la generación de ocupados y que la incorporación de nueva fuerza de
trabajo. Sin embargo, la región continúa ostentando los problemas de desempleo
que le aquejan desde hace ya demasiado tiempo.
Respecto a la paradoja anterior, es
posible intentar un par de explicaciones tentativas. Por un lado, la industria
exportadora regional, en su generalidad, se encuentra señalada por la
producción de commodities, donde la escala y eficiencia productiva es factor
crítico de competitividad y en lo cual elemento cardinal viene a ser la
automatización de procesos, cada vez menos demandantes de mano de obra. Por
otro lado, puede plantearse que la región es depositaria de una industria
exportadora esencialmente madura, presentando un crecimiento y potencial de
derrame más lento que las actividades emergentes. En la práctica, dado que el
problema es esencialmente complejo, es probable que las dos explicaciones
anteriores se alimenten recursivamente entre sí.
Sin embargo, aparece otra explicación
tentativa, que dice relación con el bajo grado de articulación productiva que
se evidencia en la región, desaprovechándose oportunidades de desarrollo
productivo y generación de empleo a través de pequeñas y medianas unidades
productivas que, eslabonadas a la demanda de bienes y servicios vinculable a la
gran empresa exportadora, incrementen la producción regional, junto con generar
beneficios relacionados al aprovechamiento de todo el conocimiento de mercados
desarrollados alrededor de la industria exportadora.
Ambos conjuntos de explicaciones
requieren de intervenciones que abren distintas posibilidades de salida a la
problemática del empleo y el desarrollo productivo regional. Si se trata de
explicarse el problema a través las características de la industria regional de
exportación, crecientemente automatizada y ya madura, la intervención ha de
enfatizar en la diversificación productiva, vía que en la región se ha visto
rezagada, con limitaciones a la innovación y el surgimiento de nuevas
producciones. En definitiva, se trata de una vía de intervención de muy largo
aliento y que lentamente habrá de generar beneficios, aunque no por ello se ha
de dejar de abordar.
Por otra parte, de explorarse la segunda explicación, la vía de intervención viene a ser la exploración de actividades y demandas susceptibles de articular desde la gran empresa hacia conjuntos de pymes regionales. Constituye esta una vía donde la región poco ha avanzado pero que abriría ventanas de oportunidad para el surgimiento de nuevas actividades económicas en el territorio, vinculables a la gran industria exportadora y a su vez, permitiría aprovechar el potencial de conocimiento de mercados internacionales generado ésta última, lo que aun parece ser un espacio poco aprovechado por el sistema económico productivo regional.
Ambas son opciones que se abren en la economía regional, en miras a intervenciones sistémicas que aprovechen las potencialidades del territorio y a su vez, incrementen el derrame de beneficios en el mismo, necesario para un desarrollo productivo más acelerado de la región.