Considerando tanto los nuevos desafíos que han de
afrontar las empresas en el escenario contemporáneo, así como también los
requerimientos y posibilidades que se abren con un nuevo paradigma de gestión, aparecen
dos temas de particular importancia y en los cuales se suelen afrontar nudos
difíciles de desatar para la gestión empresarial.
En primer lugar, surgen nuevas formas
de abordar la temática de la sustentabilidad, sostenibilidad y medioambiente.
En este sentido, las señales del entorno en general y muy particularmente de
los distintos mercados señalan la importancia y el surgimiento de nuevas formas
de regulación ambiental, que imponen nuevas exigencias a las empresas y que
acotan su actuación. Se distinguen normativas y certificaciones ambientales de
carácter internacional, que van emergiendo con inusitado vigor y que
necesariamente han de incentivar a las empresas a situar su accionar
medioambiental en un plano de mayor interlocución con el entorno, respecto de
lo que lo que se estilaba bajo los antiguos paradigmas de control de la
contaminación y explotación de recursos naturales.
Al respecto, cobra importancia la definición de una
gestión empresarial que incorpore la participación ciudadana en sus procesos de
control y mitigación medioambiental, toda vez que las nuevas normas emergentes
incluyen aspectos de “buena vecindad” en la que la percepción ciudadana de las
acciones empresariales cobra un nuevo sentido estratégico.
Dado ello, se precisa de una gestión empresarial más
abierta y participativa con la ciudadanía, que no sólo implique cumplimiento de
normas sino que también signifique un complejo espacio de aprendizaje conjunto,
específico en el plano del medioambiente, tal que permita definir cursos de
acción con consideración del entorno y las percepciones sociales.
Constituye esta una forma emergente de abordar la
problemática medioambiental, por cierto más compleja que antaño pero que a su
vez, internaliza en la estrategia empresarial las preocupaciones ciudadanas y
la pone en un espacio de interlocución acorde a los requerimientos de
normativas y certificaciones internacionales influyentes para su
competitividad.
En segundo lugar, aparece la necesidad de nuevos
estilos de gestión para abordar el tema de la Responsabilidad Social
Empresarial, muy en boga en la actualidad. En este plano, es preciso para las
empresas abordar un ámbito de interrelación social con el entorno, que implique
establecer un nuevo espacio de gestión para el ejercicio de la responsabilidad
social empresarial, distinguiéndose como un eslabón estratégico emergente en la
competitividad actual y futura.
En este plano el desafío es no menor, pues parece
imprescindible transformar la concepción de la responsabilidad social
empresarial desde un nivel de altruismo, tal como se ha concebido en la
generalidad de los casos, hacia un espacio de interlocución social donde la
ciudadanía del entorno se articula a la producción empresarial y comienza a
formar parte de las operaciones industriales en distintos niveles.
En este contexto, es de particular importancia
prospectar opciones de intervención empresarial en la educación por ejemplo, de
manera de influenciar positivamente el estado educacional y de capacitación con
que se cuenta en el entorno y que permitan a la ciudadanía articularse a las
operaciones empresariales de una manera productiva y rentable. Algo similar
puede plantearse en el plano de las relaciones laborales, en lo cual es preciso
establecer espacios de coordinación con colectivos de trabajadores de manera de
propiciar planes de capacitación consistentes con los requerimientos
competitivos y su consecuente incremento de la productividad.
Creo que este es aun un espacio relativamente
inexplorado en la gestión empresarial, aunque es resaltable algunas
experiencias y avances emergentes. Con todo, es un nivel de estrategia que
corresponde a un espacio de orientación hacia el desarrollo social, en el cual
el objetivo es incrementar la cohesión social y la validación de las
operaciones empresariales en su entorno más cercano, no desde una perspectiva
de aportes fiduciarios sin contrapartida hacia la ciudadanía, que como se
indica anteriormente, radican en un plano de altruismo que no se relacionan con
la competitividad empresarial, sino que más bien se trata del diseño de
espacios de interlocución social que, incrementando el potencial productivo del
entorno, insertan a la empresa en un nuevo rol de construcción competitiva, que
fomenta su productividad e incrementa su potencial difusor de resultados hacia el
entorno, validándola y estableciendo un buen trato recíproco entre empresa y
sociedad.
Como se observa, estos dos ámbitos presionan a la
empresa hacia un cambio de paradigma, más proclive a recoger la complejidad de
la gestión actual, respecto de los cuales, ya en el plano operativo, presiento
que resulta crucial abordar.