“AMLO es un pendejo, un berrinchudo, un animal, un iletrado, mira que hacerle esto a México y a esos pobres desgraciados desarrapados que votaron tan fervorosamente por él”
Esta es la conclusión a la que cualquiera de nosotros –pópulus iletradus vulgaris
mexicanus- podría llegar de conformarnos con leer el sinnúmero de quejas y
vituperios que se han venido gestando a lo largo de los últimos días en contra
del presidente –Democráticamente Electo, bay de güey- Andrés Manuel López
Obrador y, por fuerza de ser veraces y observadas las circunstancias
estrictamente desde el particular punto de vista del o de los afectados, pues
sí, claro que el señor es un pasado de lanza que no sólo sumergió al país en
una de las peores crisis de la historia de este nuestro bello e inocente y
desmemoriado cuerno de la abundancia sino que también, refrenó el pobrísimo
crecimiento económico que hasta el momento y gracias a sus antecesores, bien
podríamos presumir, pero…
visto
desde un punto de vista más realista, es decir, desde otros zapatos, desde un
punto de vista más analítico que pasional o, mejor dicho desde la silla de un
mexicano cualquiera, la cosa cambia y te voy a explicar por qué.
México llevaba alrededor de 90 años siendo saqueado de un modo tan descarado y
vulgar, que incluso llegamos a creer que todo era parte de nuestra
cotidianidad, el partido político aquél, el devenido de una pseudo revolución
más prostituta que legítima (pri), sólo atinó a diseñar, imponer, ejecutar,
modificar y parchar todo aquello que por Institucionalismo, Democracia,
Bienestar social, Justicia, Política y un sinfín de palabrejas más podíamos
entender –en realidad no nos quedaba de otra, no conocíamos nada más, fuimos convenientemente
adoctrinados bajo estos “preceptos”-, pero de pronto, un personaje más
dicharachero que prometedor, más reaccionario que dorador de píldoras y más
ordinario que elegante, decidió decir basta, se arremangó la camisa y puso un
“hasta aquí” a tanto despiporre, cerró ductos, cortó cabezas y comenzó a trazar
un rediseño a la distribución de combustibles a lo largo y ancho del territorio
mexica y, ¿qué fue lo que pasó?
Que
se armó el caos, salieron a la luz el sinnúmero de estaciones de recarga que
incumplían los parámetros de la legalidad en cuanto a la adquisición y al
servicio de distribución de gasolinas, mismas que, ante la imposibilidad de
resurtir producto bajo el acostumbrado, comodino y piratezco esquema
parasitario que venían manejando desde hace muchos años terminaron, los más,
por caer en un evidente e inesperado desabasto y, los menos, por tratar de
presionar de manera baratera e infructífera al nuevo gobierno por medio de la
retención y el ocultamiento de los hidrocarburos.
En
efecto, México, de la noche a la mañana, se encontró sumergido en un estanco
surrealista, incómodo, conflictivo y ruin, casi casi post apocalíptico.
Y
entonces la culpa ¿de quién es?, pues de todos, empezando por nosotros, esa
millonada de mexicanas voces y nacionalistas opiniones que nunca hicimos nada
por solucionar la problemática, de quienes nunca denunciamos el saqueo –mismo
que nos había sido comentado a lo largo de los años en un sinnúmero de columnas
y publicaciones y que, por desidia, por flojera, por ignorancia o por valemadrismo,
decidimos nunca atender- adecuadamente y decidimos conformarnos con lo que
había, de esa mexicanada agachona y temerosa que nunca se atrevió a prestar
atención a las propuestas de protesta activa que incitaban a la ciudadanía a
presionar adecuadamente a quienes nos estaban ensartando por medio del castigo
en el consumo –estoy hablando de un egoísmo tan profundo que bien podría
asemejarse a los artilugios de las ciencias ficciones o de los cuentos
fantásticos pero, que desafortunadamente es más real y palpable de lo que
podemos comprender-
La culpa es de los mexicanos –te guste o no- porque a sabiendas del ladrón y de
sus cabronadas, decidimos quedarnos callados por muchísimos años, decidimos no
salir de nuestra zona de confort y entonces, ahora que alguien nos descobijó
sin previo aviso, sí encontramos la voz y los tamaños para decir y juzgar, para cuestionar y señalar, para pendejear
a diestra y siniestra y para exigir ese derecho que creemos tener pero que en
realidad nunca hemos merecido, justamente ahora nos creemos con la tremenda
razón de quejarnos pero, desafortunadamente, México está dando sus primeros
pasos hacia un cambio que no contempla pusilánimes, que no piensa en pequeño,
que no se va a detener a preguntarte si eres huachicolero –o ¿se escribe
huachiculero?, no me acuerdo-, si eres chairo, fifí, si votaste por el Peje o
por aquél o por el que ya no dice nada, México cuenta actualmente con un
presidente que quiere trabajar –habrá a quienes les guste y habrá a quienes no-
y que está poniendo manos a la obra y que no piensa detenerse por la minoría
que representas, por la minoría que bien podría representar yo mismo.
México
no necesita más voces aisladas, merece una sola, la del cambio, la de la unión,
la del trabajo en equipo, no es posible que tengamos la capacidad de unirnos
desinteresadamente tras un terremoto pero que no encontremos una sola neurona
que atine a permitirnos hacernos a un lado y permitir que este nuevo gobierno
haga el intento de modificar el rumbo, no es posible que sigamos discutiendo
tarugada y media por algo que nos afecta a todos en la misma dirección, por eso
es que no avanzamos, por esa actitud arribista, egoísta, juiciosa y
desinteresada es que merecimos por tantísimos años los gobiernos que tuvimos.
Huachicolero du merd, Chairo aguerrido y ponquetón, Fifí temeroso pero
pudiente, este es el momento mejor para unirnos y acabar con el peor desabasto
que ha afectado a nuestra tierra durante muchísimos años, el desabasto
intelectual, el desabasto popular, el desabasto nacionalista y sobre todo, el
desabasto del verdadero amor a México.
Pemex llevaba muchísimos años siendo ordeñada de un modo arrabalero y Pemex
hace no demasiados años era en realidad, una empresa de y para los mexicanos,
hagamos realidad este sueño, ya sea cerrando las voces y aguardando un tiempo,
o participando activamente en un proyecto de nación que, te guste o no, lo
quieras o no, te contempla desde hace más de 18 años.
Antonio Andrade
Poeta, Escritor y Periodista mexicano