La pelea por el lejano segundo sitio en las preferencias
electorales para poder competir contra el puntero ha sido fuerte y costado
mucho de al menos dos recursos: 1) el menos importante: dinero; y 2) el más
importante: tiempo. Y es que no ha sido fácil tomar una decisión, ya que Meade
al ser el candidato del partido en el poder debería estar mejor posicionado en
las encuestas, pero su campaña no ha levantado, y no porque sea mala o porque
el candidato sea malo, sino porque simplemente lleva en sus hombros el pesado
nombre del PRI, partido del cual la ciudadanía medianamente informada
simplemente no quiere saber nada. El problema es que Anaya está menos peor
posicionado y por tanto, no quiere dar su brazo a torcer ante la posibilidad de
ser el elegido por la cúpula, retrasando de esta manera el acuerdo y
favoreciendo las preferencias hacia López Obrador ante tal división.
Todo lo
anterior era notorio hasta el día lunes, ya que al parecer el grupo que conforma
la oligarquía tomó una decisión en torno a favorecer a un candidato. Y explico
por qué:
Relanzamiento de la
campaña de Meade
El pasado lunes se “relanzó” la campaña de José Antonio
Meade, o así lo han denominado algunos medios. El programa “Tercer Grado”
reinició sus transmisiones, y al ser el turno de entrevistar a Meade, era la
perfecta oportunidad para lucir la preparación académica de la que tanto se
habla que tiene el candidato, para que en la mañana siguiente la prensa y los
diferentes medios resaltaran su participación y fuera el tema a tratar entre la
población. Todo iba “bien” en dicho programa, hasta que uno de los
entrevistadores le preguntó respecto a publicar una narrativa de su proyecto de
nación: -“¿Por qué no tenemos un libro de José Antonio Meade?”, preguntó el
entrevistador; -“Ah, sale la semana que entra”, contestó Meade; -“¿Pero cómo se
va a llamar?”, le volvieron a preguntar; -“¿eh?, no me acuerdo cómo se llama…
lo único que no escribí yo es el título”, contestó. Más allá de que su
participación en el programa haya sido buena o mala, su relanzamiento de
campaña fue marcada por no saber el título del libro que ha escrito y que dice
él se lanzará la siguiente semana. Las redes respondieron inmediatamente y
lanzaron el hashtag #TítulosParaElLibroDeMeade que se volvió en la primer
tendencia y desató la creatividad por la que los mexicanos somos distinguidos.
A la mañana siguiente, la prensa y diferentes medios afines buscaban exaltar la
candidatura de Meade y su relanzamiento, pero fueron opacados con comentarios y
chistes acerca de lo ocurrido la noche anterior, ya que se consideró como algo peor
el no saber el título del libro que uno mismo ha escrito que el no saber el
título de tres libros que hayas leído. Un fracaso.
Retraimiento repentino de Anaya
Al día siguiente del relanzamiento de la campaña de Meade,
había otra noticia circulando en los medios: “investigan a Anaya por red de
lavado de dinero en Europa”. Una y otra vez y en diferentes medios aparecía esa
nota, y al parecer continuará. Inmediatamente hubo un freno en las
publicaciones de Anaya, incluso su propaganda ya no estaba apareciendo en las
páginas electrónicas como había ocurrido. Esa noche, fue invitado al noticiero
de Javier Alatorre y vimos a un Anaya gris, desganado, que hablaba mucho de
AMLO, y hablaba y hablaba, pero que al
terminar la entrevista no se recordaba lo que había dicho, excepto cuando fue
incapaz de dar nombres que integrarían su gabinete; no tuvo esa chispa que tuvo
en el primer debate. Su participación pasó desapercibida sin que al día
siguiente se comentara acerca de ello.
¿La
razón?
Tal parece que el régimen ha tomado la decisión de apoyar a
Meade, el candidato que “no es priísta” y dejar por un lado a Ricardo Anaya. Faltan
11 días para el 2do debate y hay que tomar partido; el régimen ya no puede
seguir dividido y deben dejar la cancha libre para que uno pueda competir
contra el puntero en las encuestas: Andrés Manuel López Obrador, quien les
aventaja con 20 puntos porcentuales en las preferencias.
¿La estrategia?
1) Impulsar mediáticamente a Meade y poniéndole un “estate
quieto” a Ricardo Anaya que lo frene tomándolo de la cola con el asunto de la
red de lavado de dinero en Europa. 2) Descontextualizar y exaltar todo
comentario de AMLO y su equipo de campaña como un asunto mortal y digno del
apocalipsis nacional. 3) Es bien sabido el papel que juegan los gobernadores
corruptos cuando el candidato que va en contra de sus intereses personales o
partidistas está arriba en las encuestas, corrompiendo las autoridades
electorales y modificando los resultados a su favor, (esa ha sido la historia
de la “democracia” en México por más de 100 años). Por tanto, se espera que una
ola de gobernadores tanto del PRI como del PAN, PRD y partidos satélites, se
alineen en los próximos días abiertamente en favor del candidato de la consigna
de la cúpula para favorecerlo mediáticamente y también para operar electoralmente
en su favor, claro, desde la ilegalidad. ¿Y los “independientes”? Con ellos no
hay sorpresa, siempre han trabajado para favorecer a Meade.
Anexo:
Dado que Meade metió la pata muy feo en su relanzamiento de
campaña, es probable que de acuerdo a su desempeño hasta el día del debate (20
de mayo), hasta ese entonces se verá si cargan todos los dados en favor de él o
si retiran a Anaya las publicaciones que lo involucran en delitos de lavado de
dinero, hacen declinar a Meade con todo y sus achichincles en favor de Anaya, y
trabajan en la construcción mediática de su campaña que involucre una coalición
PRI-PAN-PRD, así como con Carmelo Vargas.
Mientras tanto, veremos si le dan la razón a AMLO cuando dice
que PRI y PAN son lo mismo.
¡Hasta el 20!
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