Don Arturo Jauretche esgrimía una frase
dedicada a la izquierda: “Las disputas
de la izquierda argentina son como los perros de los mataderos: se pelean por
las achuras, mientras el abastecedor se lleva la vaca”. Hoy esta frase
estaría, acertadamente, dedicada a la
dirigencia del peronismo contemporáneo. Siempre hablamos de peronismo, el
kirchnerismo fue un acto espasmódico de la carencia, que aún subsiste, y la que
ahora voy a describir.
No hay
mayor desilusión es darse cuenta que se ha peleado por el 100% de nada, lo que
agudiza el desconcierto de la “jauría” y sobreexpone la falta de conducción como
resultante de su propia incapacidad y potenciada por las ambiciones particularísimas.
Pronto reaparecerán
“nuevos” pretendientes del peronismo.
Son los actores de reparto que ahora quieren ser protagonistas. Fueron cómplices
ahora quieren ser autores directos de esta masacre de principios que no es casual.
Esto es peor que tirar una pared, esto significa socavar los cimientos. Nos sonreirán
como ángeles, pero luego actuaran como demonios camuflados para la ocasión. Ya no
representan las ideas fundacionales que forjaron la ascendencia social;
igualitaria y solidaria. El crecimiento y el desarrollo. Nada de esto va a
ocurrir, mientras se mantenga el statu quo.
Los dirigentes contemporáneos opacan con
sus conciliábulos los verdaderos
principios, la razón de ser por la
cual el peronismo nació a la vida política. Los principios estructurales siguen
vigentes ¿sabe por qué?, simple; las carencias
sociales y políticas siguen siendo las mismas. Al peronismo llegó la degradación moral de la mano de los
responsables de plasmar en el tiempo los fundamentos por los cuales la historia
le hizo un lugar al peronismo por más de setenta años.
La historia no regala; nos compromete con el presente y
con la construcción del futuro. Ningún dirigente lee esto; siguen peleándose
por las achuras, mientras que sus lacayos hacen blandir sus vanidades revoloteando la “superestructura”. En
este desmembramiento de ideas hay mucho
politólogo recorriendo medios denostando
al peronismo para salvar al
peronismo (¿?), raro. Raro porque los adulan – y les produce una gran
algarabía- justamente los que no son peronistas, digo, ¿no se habrán pasado al enemigo? Punto.
Terminaron
las elecciones, tenemos un nuevo Presidente y todavía –los que no son
peronistas- reconocen un peronismo omnipresente;
algunos para destruirlo y otros para
remozar el “quiosco”. El peronismo
sigue ocupando un espacio que supera la ambiciones de los amanuenses; sofistas
que deliberan como sostener este gran conglomerado de connivencias y conveniencias y además llamarlo peronismo, no, eso
es otra cosa. Hoy estos dirigentes son “deidades
paganas” que no responden a la esperanza y la fe de quienes alguna vez
depositaron en ellos su confianza. Mientras tanto sus lacayos pergeñan acuerdos
espurios para sostener los altares de los “santos
inalcanzables”.
Hoy el
peronismo padece una gran fragmentación
y un desvarío cuasi irremediable, claro, todos –algunos con capacidades
diferentes- se creen los “herederos”.
¿Herederos de qué? Han perdido el
contacto con el próximo, nos miran displicentemente y hasta se comportan como perros enjaulados y a los mordiscones por
una salchicha.
El poder no
es una herramienta de manipulación perversa
sino es el medio para lograr el bien
común, definición conceptual de la política.
El
peronismo se debe una gran restructuración. Ir al hueso. Es la única forma de
salir de la vieja opción pendular de
inquilinato. Es como que se prestan el
poder entre los que salen y los que entran. No hay mejor manera de sustanciar
las cosas que el peronismo ha hecho bien que aceptar las cosas que se han hecho
mal.
Será muy
difícil, rayano con el ilusionismo. Asoman tiempos
difíciles y el peronismo necesitará una organización política moderna en su
metodología sin olvidar sus cimientos. Quienes tengan la responsabilidad de
invertir el sentido negativo que se le han impreso en estos últimos años al
partido creado por Juan Perón tendrán que tener un sentido amplio del servir y no ser servidos, de lo
contrario el futuro de Argentina es incierto y doloroso; hay momentos de la
historia que no se lavan con agua. No
podemos ser cómplices de un desmadre que nos lleve a situaciones no deseadas,
pero inevitables.
Los
dirigentes que hoy se muestran no están a la altura de los próximos desafíos.
Perón tenía razón: “… Son como un sofá; no sirven para sentarse ni para
acostarse…”.