Director que arranca, sirve para
otra empresa
El “caso Kodama” copó las
primeras planas durante casi tres semanas y a
partir de la renuncia de la señora Matte el discurso mostro un giro
hacia este escaso bien, hacia este espacio algo raro y amorfo, denominado “la
responsabilidad política”.
Hay que reconocer que es un bien
escaso en el Chile de los últimos 50 años.
A propósito de esto queremos
hacernos la pregunta que cae de cajón. En el caso de La Polar ¿es posible
aplicar este ángulo de análisis?
¿Es posible pedir a los
Directores de La Polar responsabilidad política?
Hemos escuchado en estos últimos
días que la empresa se querellará contra los ex ejecutivos; contra la empresa
auditora; contra el ex Gerente General, pero no se ha escuchado nada que ponga
el cascabel a un gato que está muy callado, el directorio. Resulta que el directorio de una empresa es un
cuerpo colegiado que actúa en representación de los accionistas (dueños) y se
convierte en la máxima autoridad en esa organización. Los directores tienen
roles de enorme relevancia para una empresa y por ello reciben importantes
ingresos, en otras palabras, a las empresas les cuesta y muy caro, sostener sus
equipos de directores. Una rápida revisión de quienes son las personas que
acceden a estos cargos nos muestra a reconocidos profesionales de diversas
áreas, consultores de grandes empresas, académicos de renombre y gran
prestigio, ex parlamentarios, es ministros, ex jueces de la suprema, generales
en retiro, es decir, la crema de nuestro sistema económico y político. Algunos directorios permiten a estos “elegidos”
percibir ingresos nada despreciables por su participación en ellos. Se trata de
una labor muy seria y cuando se hace bien, se nota; el problema aparece cuando
el directorio no hace su trabajo o simplemente lo hace mal.
Especial celo deben tener quienes
son designados para ejercer estos cargos en representación de un tipo muy
particular de accionistas, las AFP. Estas empresas tienen la delicada misión de
administrar los fondos de pensiones de los trabajadores, es decir, sus
decisiones afectan de un modo brutalmente directo, la vida de millones de
personas, los dueños de los fondos, entonces cuando las AFP no hacen bien su
trabajo quien se ve afectado no es el dueño de la AFP, quien paga es el conjunto de trabajadores.
Hasta ahora, no se ha escuchado a las AFP alguna declaración respecto de su
“responsabilidad política”, tampoco al directorio de la empresa La Polar, a lo
más, algunos directores han aparecido sorprendidos por la maldad de los
ejecutivos que organizaron el fraude, directores que fueron sistemáticamente
engañados durante años, por profesionales de menor rango, directores que veían
como las acciones de sus representados subían en la bolsa y “no se dieron
cuenta del fraude”. Más allá de si alguien les cree o no este discurso,
aparecen algunos “flecos” en este modelo que parece haber llegado la hora de
reparar. Primero, las AFP en tanto empresas, no pueden estar obteniendo
utilidades y los aportantes de fondos (los trabajadores) estar perdiendo, eso
es inaceptable; segundo, los directores nombrados por las AFP para trabajar en
resguardo de sus inversiones deben ser solidariamente responsables de sus
actos, es decir, si se gana que ganen, si se pierde, que pierdan y en tercer
lugar, los dueños de los fondos deben tener algo que decir respecto de sus
platas y entonces en las AFP deben tener voz y voto los dueños de los fondos.
Este mecanismo inteligente pero inescrupuloso para baypasear al dueño de los
fondos, debe terminarse.