Con semejante contundencia contesto a aquellos que me cuentan que sus hijos, en su infinita ignorancia, quieren ser de mayor… periodistas. No me malinterpreten. Estudié esta carrera porque lo deseaba, y sigo ejerciendo, con mayor o menor suerte, porque no puedo dejarla. Y por eso, porque estoy dentro, procuro rescatar a los más jóvenes de su candidez.
Sí. Ser periodista engancha. Gusta. Atrae. Y desespera. Primero, porque nada es como te lo imaginas. Segundo, porque nadie en la carrera (tienes suerte si alguien de la profesión te da clase en cinco años) te explica bien en qué consiste, qué hay que hacer… y qué te espera en una redacción. Y tercero, porque una vez que estás dentro, es muy complicado librarse de ella.
Nada es como te lo imaginas porque se llega a ella con una idea muy vaga de lo que es el periodismo. “Contar lo que ocurre, ¿no?” Responderán muchos de ustedes. Sí. Pero esa es sólo una parte. Hay que interpretar, escribir, manejar al jefe, tener presente la ideología de la empresa, hacer malabares con el tiempo… mucho más que el “formar, informar y entretener” que cae siempre en algún examen. Por no hablar del periodismo disfrazado, el “escribe algo bonito de tal administración, haz un reportaje de tal empresa o sal ahí y di algo gracioso”.
No sabes qué te espera en la redacción. Por lo general, al menos esa es mi experiencia, el ambiente en una redacción es, a los ojos del tierno becario recién llegado, una balsa de aceite. Todos se llevan bien. No hay dolor. Pero con el tiempo descubres rencillas, odios personales, revanchas, corrillos, cotilleos, miradas asesinas, zancadillas… gente que no trabaja y se lleva las palmaditas en la espalda (cuando no son premios) y gente que se deja la luz del día en el ordenador y de los que rara vez se acuerda nadie. Por cierto, de los primeros hay muchos, pero de los segundos, los verdaderos periodistas, aún hay más.
Por estas, y por muchas otras razones, nunca aconsejaré a nadie ser periodista. Porque una vez que se entra en este mundo, no se puede salir. Porque una vez que eres periodista, te da igual el resto.
Comentarios
De todos modos,creo, que muchas de las circunstancias que mencionás, suceden en todo ámbito laboral-competencias,sinsabores,personas que trabajan y que no - sin embargo es verdad que el periodista, es periodista las 24 horas del día.
Pero en Argentina, es lamentablemente, más complejo que lo que veo, por tu descripción de España. Aquí hay que sumarle una división ideológica, política,corporativa y partidaria fatal , de los medios, que hace que los periodistas, sean menos periodistas o se conviertan en mártires laborales del sistema binario (amigos o enemigos del gobierno o de Clarín)
sería muy largo describir en un comentario lo que es y lo que significa ser periodista argentino, pero quizá lo más serio, es que muchos de nosotros, ni siquiera podemos aspirar a estar contratados por una mediocre y conflictiva redacción de un medio, ya que el trabajo aquí -para las mayoria de los periodistas- es precario, no estable y mal pago.
Quizá revisar una de las tantas columnas que escribí sobre el periodismo, te de una visión más amplia de nuestra realidad http://www.reeditor.com/columna/806/14/nacional/politica/juridico/el/riesgo/hacer/periodismo/argentina
Un beso y muy buena columna,me estimula a seguir