La bipolaridad de la polar
Al “sistema” le falta una
superintendencia financiera-siquiátrica.
Ninguno de los entes fiscalizadores y/o reguladores tiene en su planilla
profesional, psiquiatras especializados en descubrir la bipolaridad de las empresas
y menos –una vez diagnosticada la
enfermedad- en proveer de un adecuado
tratamiento. Por los altos niveles de acumulación de utilidades, la banca y el
retail no necesitan que esta prestación sea incorporada al AUGE, puede estar
tranquilo el ministro Larraín y el Banco Mundial.
Nos encontramos frente a un comportamiento
bipolar cuando las empresas , que deben cumplir la ley, publicitan un estilo de
relación con privilegio en el cliente, cuando se nos dice que el cliente es lo
más importante y con la otra mano se le entierra el cuchillo de los costos, el
cuchillo de la estafa, el cuchilllo de la desconfianza y quienes deben
arbitrar, no ven el foul.
Las empresas de este sector de la
economía han mostrado un clasismo muy
arcaico, muy aberrante que les impide mirar su negocio con otra perspectiva que
no sea el lucro a cualquier precio, pasando por encima de la ética, sorteando
las regulaciones y las leyes, engañando, y cargando en la mochila del
ciudadano-cliente todos los costos
posibles. Clasismo que hace que la calificación
de sus clientes sea hecha sobre criterios de dudoso valor, los más
pobres siempre han sido buenos pagadores y ello hace que las utilidades del
sistema financiero crezcan más que la de todos quienes producen de verdad. El
dinero en Chile es un bien de un altísimo costo para el sector medio y bajo y
cuando los mismo de siempre estafan, no pagan.
Lo increíble es que cuando usted
mete en la juguera Hidroaysén y los temas ambientales, los problemas
educacionales, la toma de la ANFP y la salida de Bielsa, el post natal, el
salario mínimo-mínimo, los Políticos perdidos en el espacio, y ahora La Polar
bipolar, hay quienes se sorprenden de la respuesta ciudadana ante el engendro
que sale de esa mezcla.
Así no se vale.